Índice de la Hemeroteca sobre Llanes

Revista de Asturias nº3
25 de enero 1879

La Instrucción Popular

Escuela de Artes y oficios

La instrucción de las clases obreras es uno de los temas favoritos de la actual civilización. Los gobiernos de casi todos los países le prestan atención especial, y no temen recargar los presupuestos con cuantiosas sumas destinadas a combatir la ignorancia de los pobres. Porque esta ignorancia no es sólo una amenaza al equilibrio social; un distinguido filósofo francés, Paul Janet, señala muy recientemente un peligro de nuestra época; la máquina, a la cual ni se debe ni se puede renunciar, tiende a embrutecer al operario especificando excesivamente su trabajo; este embrutecimiento en grande escala de la clase inferior de la sociedad, propagado y favorecido por la herencia, no sólo cabe que influya en el desarrollo intelectual de aquella, sino que puede hacerse sensible en las clases superiores, que, gracias a la desaparición de las castas y de preocupaciones análogas, se unifican y renuevan al contacto de la primera.

Es, pues, un peligro para la especie humana lo que anuncia el ilustre escritor, es como un vislumbre de la posibilidad de una evolución descendente en el camino de la historia.

Para contenerla es preciso que el hombre civilizado, cualquiera que sea su situación, complete la escala racional de la educación: es preciso que a la educación de los sentidos, que procuran las relaciones sociales aun en las clases más ínfimas, siga la educación del entendimiento, y que ésta obtenida en las escuelas prepare en mayor o menor grado la educación individual de la razón.

Por otra parte, hablando de clases pobres imposible es distraer los medios de producción individuales que cada uno necesita del objeto principal; es decir, que es preciso que la educación del obrero tenga, con el fin genérico que hemos señalado el fin individual del mejoramiento de situación. Felizmente en una educación práctica cabe perfectamente la gradación que la ciencia establece, y si por un lado la mecánica amenaza con el embrutecimiento cuando sustituye a la habilidad el hábito, por otro ofrece el antídoto; pues para elevarse en el conocimiento de la máquina no hay más camino que el estudio de las ciencias naturales, que perfeccionadas por el principio y métodos matemáticos, ponen en actividad las facultades anímicas, casi tan cumplidamente como las más sutiles especulaciones de la dialéctica.

Entre las muchas y conocidas razones que se han dado a favor de la instrucción popular (y ha hecho falta darlas porque no faltan impugnadores) hemos escogido la que precede no sólo por su seriedad, sino porque es la que mejor sirve de argumento en la necesidad de la enseñanza popular en el grado y forma que la proporcionan las Escuelas de Artes y Oficios, análogas a la establecida hace tres meses en Oviedo; pues solamente escuelas de este género, a la vez que producen la educación del entendimiento en un grado relativamente alto y preparan la de la razón, coadyuvan al bienestar material del alumno y tienen en sí este estímulo inmediato y desde luego perceptible.

Por eso la Sociedad Económica de Asturias, penetrada de su importancia, ha hecho todo lo posible para establecer dicha enseñanza, y experimenta la satisfacción de que a sus esfuerzos hayan respondido en primer término los interesados, acudiendo en número de doscientos y tantos a inscribirse en la matrícula de la Escuela, y de que después los socios vengan desempeñando asiduamente cátedras incómodas por la hora y por la dificultad de acomodar lenguaje y asunto a inteligencias que han pasado muchos años sin cultivarse. Ha auxiliado también en la obra, como es sabido, la administración provincial, cubriendo gran parte del modesto presupuesto que se juzgó necesario para instalación y sostenimiento por un año de la Escuela.

Los resultados obtenidos en Oviedo han llamado la atención de Avilés y Gijón; en la pri mera villa, la iniciativa de algunos buenos asturianos ha vencido en parte las dificultades que la pereza opone siempre a esta clase de empresas, y creemos que muy pronto se abrirán las puertas de tan beneficiosa institución. En Gijón, personas de respetabilidad han solicitado formar Sociedad local agregada a la Económica asturiana con el principal objeto de establecer una Escuela agregada a su vez a la de Oviedo; resuelta favorablemente la solicitud, como no podía menos de serlo, muy pronto se planteará el proyecto con toda la latitud posible.

Los efectos alcanzados en la Escuela de Oviedo son bastante satisfactorios, si se atiende sobre todo a que la clase obrera no puede haber aun formado idea completa de los beneficios que ha de obtener; de 194 alumnos que fueron aprobados para los dos cursos, asisten puntualmente más de 100, y entre ellos más de la mitad han hecho adelantos que permiten esperar que en el próximo curso pasen a las cátedras superiores respectivas.

Y, sin embargo, lo hecho hasta ahora ha sido poco. Pocos días ha los alumnos manifestaban cierta intranquilidad respecto a la continuación de la Escuela; y esta vaga aprensión, que no podía nacer de la conducta de los profesores, modelo de asiduidad, de ningún propósito vertido en el seno de la Sociedad económica, denuncia el verdadero defecto de la Escuela por nosotros organizada.

El obrero se pregunte: ¿por qué estos señores se toman la molestia tan pesada de venir día tras día á explicarnos lo que con tanto trabajo comprendemos? ¿No se cansarán, si no hoy, mañana?

Este es el verdadero defecto de la Escuela de Artes y Oficios; necesita vivir de un presupuesto, no de la caridad; necesita una plantilla de profesores, y un material de enseñanza, y un local suyo y apropiado al objeto.

Ahora dos son las cuestiones, una ya resuelta, y es sí el asunto merece los sacrificios que pueda costar; la otra vamos a resolverla afirmativamente: la Escuela de artes y oficios puede tener personal, material y edificio propios; con lo cual afirmada su duración, ganada la confianza del operario, cumplirá satisfactoriamente su objeto. Como para llevar el convencimiento a los ánimos en cuestiones de este género es preciso ofrecer números y prueba de que estos números responden a la realidad de las cosas, alargaríamos excesivamente este primer articulo; terminarémoslo, pues, exponiendo en globo los medios de procurar a la Escuela verdadera y propia vida.

La Sociedad Económica posee un local en punto céntrico de la población; esta situación, lo espacioso del solar y los buenos materiales que constituyen el edificio, danle gran valor en venta, por más que actualmente no pueda servir para Escuela por la distribución, limitándose su aprovechamiento a dos clases mal acondicionadas y a las sesiones mensuales de la Sociedad; añadamos la Academia de Dibujo dependencia de la Diputación provincial. Vendido el edificio, comprando un solar en el perímetro de la población, podría hacerse con el sobrante otro edificio acomodado a las necesidades de la Escuela, sin excluir el aprovechamiento para la de dibujo y para los otros usos de la Sociedad; con un solar, barato y un género de construcción barato también, aun podría obtenerse un residuo suficiente para el material de enseñanza indispensable.

Los gastos de alumbrado se cubrirían probablemente con las matriculas (hemos ofrecido cifras para otro día).

Queda la cuestión de personal. De los gastos deben encargarse la Diputación y el Municipio; la primera corporación, menos interesada, ha hecho ya como hemos mencionado, algo en este sentido; no se ha buscado el auxilio de la según da, pero no cabe duda de que en su día responderá como quien es. Y no se crea que con esto los presupuestos provincial y municipal van a echar sobre sí pesada carga; poco dinero basta a asegurar una buena plantilla de profesores en la Escuela de artes y oficios. Para ello deben distinguirse dos épocas; la primera que durará cuatro o cinco años, y la segunda definitiva. En aquella la Diputación no encontraría dificultades, nombrando profesores de la Escuela a los del Instituto provincial, y a sus empleados facultativos, retribuyendo como es debido este ímprobo trabajo; que el personal citado aceptaría la tarea no puede dudarse, pues gratuitamente forma hoy la casi totalidad del profesorado de la Escuela; la retribución debería también aceptarla aunque fuera solo para tranquilizar al público sobre la existencia de la misma. Entiéndase bien, sin embargo, que de ninguna manera proponemos que la Escuela pase a ser una dependencia del Instituto provincial, ni aun de la Diputación; hay muchas razones en contra de esto. Tal vez el personal citado no bastaría, ni aún convendría para ciertos estudios de carácter más bien industrial y práctico que científico y teórico; pero para estas enseñanzas el personal facultativo que la industria asturiana tiende a traer a la provincia cada vez en mayor número, ofrecería recursos suficientes.

La época que llamarnos definitiva, se distinguiría porque el profesorado se ejercería en su mayor parte, y a ser posible en totalidad por maestros salidos de la misma Escuela; éstos que generalmente serían operarios, reuniendo la practica y la teoría, hallarían grandes ventajas en una módica, pero segura, retribución, ganada en pocas horas de trabajo intelectual con el que ya estaban familiarizados.

Este es en globo el proyecto que hace tiempo hemos concebido, que hemos contribuido un tanto á poner en vías de hecho y que, Dios mediante, procuraremos impulsar hasta el fin, si antes no se nos convence con buenas razones de que es impracticable, pues de que es digno de ocupar y aun preocupar a quien se interese por el porvenir, estamos plenamente convencidos.

Genaro Alas, Scrio. de la Sociedad Económica Asturiana.
Revista de Asturias nº 4 - 25 de enero de 1879

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