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Revista de Asturias nº19
15 de julio de 1879

Amor y Economía

Este artículo, aunque es cuasi-científico, va cuasi-dedicado a las mujeres.

Por lo cual necesito explicar las palabras técnicas, porque hoy por hoy es todavía muy escaso el número de las doctoras (no tanto el de las bachilleras).

El amor y la economía. El amor es.... pero las lectoras deben saber lo que es el amor, a lo menos de oídas; esta palabra no necesita comentarios.

En cuanto a la economía, es una palabrota que nos vino de Grecia y que ha dado ocasión a los sabios y a los necios para decir muchas tonterías. Dicen unos que economía vale tanto como gobierno de la casa; pero esto es sólo en el sentido etimológico de la palabra. Para Vds., señoras mías, la economía debe ser todo lo contrario del amor, porque la economía es el interés; y ya saben Vds. que

el amor y el interés salieron al campo un día.

En amor, la economía es... la dote.

Una buena proporción... un buen partido... son términos técnicos de la economía erótica.

El novio que Vd., hermosísima lectora, se escoge, es un novio en la verdadera acepción de la palabra.

El novio que escoge su papá de Vd. es el novio económico.

Excuso decir que el novio económico suele ser más viejo y más feo que el otro.

Pero Vds., pías lectoras, suelen casarse por la economía.

Un señor alemán muy excéntrico y que tenía un apellido muy raro (¡figúrense Vds. que se llamaba Schopenhauer! pronúncienlo Vds. como quieran, si no quieren abrir mucho la boca) dijo que los mejores matrimonios son esos que no se hacen por amor, sino por arreglo, porque en ellos no se sacrifica el individuo a la especie, como sucede en los consorcios por cariño, en los cuales sin más fin que el de.... Verán Vds.; esto se puede decir de muchas maneras;... yo diré.... arrullarse; pues bien, sin más fin que el de arrullarse (no es precisamente arrullarse) estos esposos olvidan su propio interés y trabajan inconscientemente por la especie, es decir, porque no se acabe el mundo.

A pesar de que Sçhopenhauer era enemigo acérrimo del bello sexo, este en punto a la metafísica del amor se inclina de cada vez más a las teorias del pensador pesimista. Casi todas Vds. prefieren el novio económico al novio inconsciente que se sacrifica a la especie.

Ahora bien (este “ahora bien” es de mucho uso en las disertaciones de los sabios); ahora bien; Vds. no manifiestan tales preferencias por malicia, sino llevadas, en los más de los casos, por la pícara necesidad; se casan Vds. casi siempre con el novio rico, cierto, pero no es para dar la razón al empecatado Schopenhauer, a quien la mayor parte de Vds. no conoce siquiera; no es que Vds. procuren que el mundo se acabe, ni que le tengan mala voluntad a la especie; nada de eso; si Vds. no se casan por amor es porque lo primero de todo es vivir, y no sólo de pan vive la mujer, sino también de moños, alhajas, mucha ropa blanca etc. etc. En fin que necesitan Vds. para alfileres mucho más que lo que puede darles el novio que todo se iba á volver cuidar de la especie y dejar á Vds. en el arroyo.

En cambio, el marido económico, aunque no sea el que les tenía preparado la naturaleza, aunque no haga por la especie cosa que valga dos cuartos, hace posible la vida del individuo (el individuo aquí es Vd. lectora mía, y bien sabe Dios que siento llamarla a Vd. individuo; pero así lo exige la filosofía). ¿A qué está una? suelen Vds. decir con profundísimo sentimiento de la realidad. Tienen Vds. razon: ¿a qué está una? mejor dicho, ¿a qué están todos?

Si las generaciones que nos han precedido en vez de pasarse las horas muertas cantando los desdenes de las ingratas hubieran resuelto el problema del amor y la economía, a estas horas la mujer en vez de ser esclava de sus necesidades, cubiertas estas, viviría en la atmósfera purísima del idealismo.

Pero ya se ve, los poetas y los filósofos, gente pulcra de suyo, incapaces de hacer un cuarto de un ochavo, se enamoran como perdidos que son, y si su novia los desdeña o los deja por un indiano (que llevó á cuestas todos los sacos que desembarcaron en las Américas) ponen el grito en el cielo y reniegan del amor, y de la mujer, y la insultan como Eurípides y Calímaco, pérdis de la antigüedad.

Como la literatura no está en manos de los novios económicos, de los indianetes y Fúcares, que tienen más que hacer que poner en copla sus desengaños, sino en poder de los soñadores, vagos por inspiración, y pobres por consiguiente, resulta que, a ser cierto lo que dicen los papeles de todo el mundo, la mujer es voluble, avarienta, egoísta, codiciosa etc., etc.

Pura calumnia. La mujer vive en plena realidad; tan lejos del grosero materialismo, que es degeneración de lo humano, como del romántico y abstracto idealismo que se alimenta con setas espirituales y con raíces... cuadradas de sentimientos.

La mujer quiere amor; conoce que ha nacido para el amor, su corazón se lo pide, el cuerpo lo reclama, en la naturaleza oye aquellas voces que oía la Justina del “Mágico prodigioso” y está dispuesta, como el más pintado, a perpetuar la especie, en lo que de ella dependa.

Pero, por lo mismo que quiere el amor de veras, con deseo real, no con aspiración fantástica, para satisfacer instintos de su naturaleza humana, no por deleite de pura representación estética (como el Petrarca o Lopez Bago) procura el amor en condiciones de viabilidad. Si se une a un novio no económico, que no tiene donde caerse muerto, ya sabe que su amor será hambre para hoy y hambre para mañana. Por lo mismo que quiere el amor, lo quiere en condiciones de vida. Como la mujer en nuestra civilización no se halla con facultades suficientes, por regla general, para mantener por si las cargas del matrimonio, arrastrada por esta fatalidad, busca el marido que le ofrece no un corazón metafórico, sino jugosa carne y entrañas de animales apetitosos. Qué hace una novia con el corazón de su novio? Ni está en nuestras costumbres la antropofagia, ni es creíble que el novio se dejase comer, si viese que iba de veras, ni con tragarse a su novio tendría la novia para mucho tiempo.

Pues entonces ¿qué se ha de hacer? Una de dos: o hagamos ricos a todos los hombres para que la mujer pueda escoger, no según la economía, sino según el amor, o.... y esta es mi tesis.... o pongamos a la mujer en condiciones de ganarse la vida, de ser económicamente libre, independiente, para que si su corazón se lo pide, pueda cargar con uno de tantos amadores sin oficio ni beneficio.

Yo creo que la mujer, protegida por las leyes y las costumbres, haría prodigios de actividad para conseguir esta emancipación gloriosa a que principalmente debe aspirar.

Hoy la mujer es sierva del terruño, porque tiene el corazón clavado en una libreta de pan. Para la mujer, el amor es lo que para el hombre el oficio, la carrera. Para la mujer como para el estudiante las calabazas son cosa muy seria, y así como hay estudiantes que se suicidan por un suspenso, mujeres sin cuento se tiran desde un balcón por perder el año en la carrera de sus amores.

En la clase media, que hoy es la predominante en el mundo civilizado, la situación de la mujer es más triste en este respecto que en las clases inferiores.

La joven de la clase media por lo general no tiene dote; toda se vuelve ventajas espirituales; suele tener los dones del Espíritu Santo, pero no tiene don.... dinero; todo su porvenir está encerrado en atrapar marido; la lucha por la existencia se determina en este sentido. ¿Y qué ha de hacer el amor, que al fin es juego, por hermoso que sea, donde se trata de vencer en el combate por la vida?

Los estéticos han demostrado que lo sublime del horror sólo es sublime para los que son meros espectadores; así un naufragio es sublime para el que lo ve desde tierra firme, no a los ojos del náufrago, que no está para sublimidades.

Pues lo mismo pasa con el amor; el hombre ve sólo su parte no utilitaria, esto es, la estética (hablo del amor puro) y no se interesa en el cariño; pero la mujer ve en el amor el interés, lo útil, el modus vivendi, y en él se conduce como el hombre en los negocios. ¿Que un negocio sale mal? pues á otro. A esto lo llamamos entre nosotros, actividad, valor, inteligencia etc.; en la mujer infidelidad, falsía, astucia, egoísmo.... ¡qué se yo!

Feliz la humilde hija del pueblo que con sus manos se procura el pan de cada día y que siendo hacendosa y aplicada puede hasta guardar algunos reales para obsequiar al dueño de sus amores!

¡Preguntad, oh señoritas pobres, a los soldados de la guarnición el placer inefable que sus amadas sienten cuando pueden expresarles su pasión con alguna fineza producto de su aguja o lo que sea!

¡Miserias humanas! ¿Por qué no ha de trabajar la mujer que no tiene? ¿Por qué ha de reducirse toda su habilidad industrial a comerciar con su corazón, a ejercitarse en la pesca del marido económico?

Solteras, victimas de la preocupación social, que os niega el derecho al trabajo, revelaos, emancipaos; el premio de vuestros afanes será el más caro para vosotras; podréis escoger marido en vez de esperar como la hembra del serrallo a que el sultán, el gallo del harem, se digne poner en vosotras la mirada.

Sí: servid a la libertad económica, haceos independientes ganándoos la vida con vuestra actividad; corred al trabajo, a las carreras, a los oficios.

Pero cuidado, no hagáis lo que los hombres; que no os dé por la empleomanía porque entonces se acaba el mundo.

Clarín
Revista de Asturias nº 19 - 15 de julio de 1819

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