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Revista de Asturias nº 18
30 de septiembre de 1881

La emigración en Asturias

Como documento de oportunidad y por varios conceptos digno de ser conocido, podemos hoy ofrecer a nuestros lectores el informe que la Sociedad Económica acaba de dar sobre el palpitante problema de la emigración. Subscríbele la comisión de su seno nombrada al efecto, con cuyo criterio estamos perfectamente acordes.

Dice así.

Los que suscriben, honrados en sesión de 9 del corriente con el encargo de ocuparse en el dictamen que a esta corno a otras corporaciones ha tenido a bien pedir el Gobierno, sobre un punto verdaderamente interesante para el país, han procurado reunir y unificar los escasos elementos de que podían disponer, con toda la brevedad que el caso requería; y como resultado de ello, ofrecen a la superior y respetable consideración de la Sociedad, el siguiente proyecto de contestación al interrogatorio oficial:

La Sociedad Económica asturiana de Amigos del País. comprendiendo la trascendental importancia de la Real orden de 16 de Agosto de 1881, encaminada a procurar datos e informes que ilustren a la Comisión nombrada para estudiar y resolver con acierto el vital problema de la emigración, y deseosa por su parte de contribuir a aquella benemérita obra, se dispone a contestar al interrogatorio trascrito, después de haber considerado, dentro del escaso tiempo que se le ha concedido, con la atención adecuada, el asunto, siquiera lamente no estar en posesión de muchos datos y noticias altamente interesantes y que serían de gran precio para definir el carácter y señalar los efectos de la emigración en nuestra provincia, una de las más favorecidas por este remedio natural, providencial, que diremos, de evitar el pleno de población, o de las más azotadas por esta plaga; que no han de entrar los que suscriben ahora y sin más, en la calificación de aquel fenómeno.

Por de pronto, y como preliminar necesario para darse clara cuenta de lo que son y significan las emigraciones en Asturias, y también para que la contestación a las preguntas que nos dirigen los Centros directivos sea lo más completa posible, bueno será que conste que los habitantes de la provincia emigran voluntaria, individual y temporalmente, con vista, casi siempre, a la madre patria, a quien consagran y conservan afectuoso recuerdo de cariñosos hijos, lo cual se traduce en la prestación de todo tipo de auxilios a cuantos paisanos puedan necesitarlos fuera del país nativo.

1. «¿Los habitantes de esta provincia emigran sistemáticamente fuera del territorio español? En caso afirmativo, ¿a qué países se dirigen? ¿Cuál es el número anual de emigrantes, clasificándolos por sexos y edades, si fuese posible, y enumerándolos desde la fecha en que existen datos fidedignos?»

Los asturianos salen de la provincia y de España, con el fin de buscar fortuna; pero, ni cabe asegurar que lo hagan por sistema, tal como acontece, por ejemplo, en la emigración a Cuba, ni tampoco en gran número: así que solamente de ciertos concejos de la región oriental, y esto contados individuos, se ausentan con dirección a Méjico, Buenos Aires, Río de la Plata, Chile, Perú y demás pueblos de América, desmembrados de la antigua y poderosa colonización española.

En cuanto a la estadística que se reclama, esta Sociedad no puede tener de ella conocimiento aproximado, ni remoto siquiera: otra es su misión pública, y ya se sabe lo deficientes e inconexos que habrían de ser los datos que adujera, de buscarlos privadamente.

2. «¿Qué causas han producido la emigración en esa provincia y cuáles han contribuido a desarrollarla?»

Si bien estimaríamos muy pertinente evacuar la tercera pregunta antes que la que va a ocuparnos, atendiendo a qué emigraciones son las interiores como las exteriores, y unas y otras, al menos en este territorio, suelen obedecer a idénticas causas; preferimos respetar el orden preestablecido y procedemos a hacernos cargo de dicha segunda parte.

Existen, puede decirse, causas generales de emigración, comunes a todos los pueblos, y causas que debemos llamar regionales. Entre las primeras figura a la cabeza el exceso de población, su desarmonía con la producción total del país, que no de la tierra absoluta y primariamente: el deseo, natural en el hombre, de mejorar de condición y buscar en territorios más ricos los medios de lograrlo prontamente y con pocos esfuerzos: el espíritu aventurero y emprendedor, que, sin informar por entero nuestro carácter; al igual que el de la gente anglosajona, primeros emigrantes y primeros colonizadores de la presente edad, no deja de imprimir su huella en el asturiano.

Son causas regionales o locales puramente : el atraso y vida rutinaria de las industrias agrícolas que yacen encerradas en los primitivos y rústicos procedimientos, proveniente, en verdad, de la falta casi absoluta de instrucción técnica que aflige a nuestros aldeanos, no por carencia de aptitud, de capacidad o de deseos de mejorar y de ponerse a la altura de las naciones adelantadas, aunque otra cosa parezca a los que viendo estas cosas por encima, atribuyen el apego a errores y prejuicios tradicionales, a vicio de raza, cuando procede de la ignorancia, si no por el lamentable olvido en que los que pueden, gracias a su posición, a su fortuna, tienen al pobre labrador, lejos de animarle con el ejemplo y los recursos para que salga de la apatía que le consume y cultive la tierra como aconseja la ciencia agronómica moderna; por el visible abandono del Estado y de las Corporaciones provinciales y municipales, que no suplen tamaño vacío, ya que los esfuerzos individuales aislados no han logrado romper el hielo que los esteriliza.

Influye también en el atraso de la agricultura, y por ende determina la emigración, la escasez de capitales que aqueja a la inmensa mayoría de los pequeños agricultores asturianos, lo que les obliga a prescindir de los grandes artefactos mecánicos que así elevan al hombre, arrebatándole a la esclavitud del trabajo rudo material, como perfeccionan y abaratan el producto y favorecen al consumidor sin que pierda el fabricante.

La misma penuria de capital afecta a las industrias extractiva, fabril y comercial, que, aunque en situación más próspera, no lo están tanto como fuera lícito esperar de los poderosos auxilios naturales con que Asturias cuenta;

Lo excesivo de los impuestos en sus múltiples formas, que gravan al contribuyente productor y le compelen a elevar el precio de los géneros con sus consecuencias inmediatas y precisas, imposibilidad de sostener la competencia, dificultad de ventas, y por consiguiente, reducción del trabajo y falta de empleo de brazos, que se ven obligados a abandonar el país y a buscar fuera la ocupación que no encuentran dentro;

La carestía de las mercancías extranjeras, gravadas con tributos mal llamados protectores de la industria nacional, que cercenan considerablemente los rendimientos y hacen casi imposible la vida de las familias dilatadas, como lo son las de esta provincia;

La falta de fáciles comunicaciones con los principales centros de producción y consumo del resto de España y países extranjeros, que encarece, como es lógico, el precio de los artículos importados, dificultando la existencia material y restringiendo la industria provincial, con notable perjuicio del obrero y del capitalista, obligando a emigrar a aquel y a colocar a éste fuera del elemento productivo que posee.

Contribuye indirectamente a fomentar la emigración en Asturias, la excesiva altura del interés que obtienen los capitales colocados en lo que se denomina especulación, papel del Estado, acciones de los bancos, comparado con el escaso que rinde en las empresas industriales; producto indudable del privilegio que tienen los primeros, descargados de todo impuesto, mientras que los segundos se hallan materialmente agobiados por gabelas múltiples, lo cual, unido a la facilidad de la administración de aquellos que se reduce a cobrar en tiempo prevenido de antemano los dividendos, sin más trabajo ni fatiga, da lugar a un marcado desequilibrio en la esfera económica, extrayendo así los capitales del país, y privando a la industria de tan indispensable elemento. Y que esta no es mera declamación, lo saben cuantos conocen algo nuestra provincia y la distribución y aplicación de su riqueza, pues que por todas sus poblaciones pululan multitud de rentistas que, si moran en la provincia, no impulsan con sus fondos la producción del país.

El halagador ejemplo de considerables fortunas adquiridas fuera de la patria, en poco tiempo, que arrastra fácilmente al que vive de ordinario en continuo combate por la existencia, y le hace concebir risueño porvenir que contrasta con un presente de trabajos y privaciones; y por último, los repetidos llamamientos que hacen, y seguras colocaciones que ofrecen los parientes y amigos que emigraron y se establecieron antes, y que son aliciente muy bastante para arrancar de sus hogares a los que en ellos viven casi en la miseria; tales son, apuntadas ligeramente, las principales concausas que, ya general, ya particularmente, de una manera inmediata o de un modo indirecto, determinan la emigración asturiana.

3. «¿Los naturales de esa provincia se dirigen a otra de España en busca de trabajo? En caso afirmativo, señalar las épocas y condiciones de ese movimiento y la preferencia que puedan dar a la emigración al extranjero. En caso negativo, indicar las razones que impidan la salida de trabajadores de esa provincia a otras de España.»

Precisamente la principal corriente de la emigración asturiana se dirige a otras provincias españolas, con preferencia al extranjero. Cuba atrae en especial, a los asturianos, que ya de antiguo forman una gran parte de la población de la isla, en donde se distinguen por su constancia y asiduidad en el trabajo, y por los eficaces auxilios que mutuamente se prestan. Es de advertir, que la facilidad y rapidez de las comunicaciones con las Antillas, imprime un carácter de temporalidad y periodicidad a la emigración; y se observa, que muchos de los que se ausentan vuelven al cabo de algún tiempo, para depositar en la tierra natal el fruto de sus economías y visitar á sus familias, pasan en la provincia una corta época del año, el verano sobre todo, y emprenden en el otoño su viaje de regreso.

Suministra la mayor cantidad de emigrantes a Cuba, la región o zona marítima: los habitantes del interior, o salen para otros puntos de la península o más apegados al terreno, prefieren la escasez a la vista de sus montañas, a la abundancia en país lejano.

Importa mucho, para conocer en detalle la emigración asturiana, hacer breves consideraciones sobre las parciales que se verifican a las demás provincias españolas del continente. Es considerable el número de paisanos nuestros que van a buscar en Madrid colocaciones que no encuentran fácilmente en su patria, y bien puede afirmarse que los concejos de occidente surten de personal a las empresas de coches de alquiler y carruajes particulares, dedicándose muchos a los oficios de cocineros y marmitones, en gran número a los de carboneros, vinateros y criados de servicio, siendo muy de apreciar lo buscados que son y la estimación que merecen en cargos de tanta confianza como cobradores del Banco de España y de casas de comercio. Los pueblos del oriente de Asturias, también mandan a Madrid un buen contingente, que se ocupa principalmente en el trasporte de agua, desde las fuentes públicas á las casas particulares, y se portan con honradez proverbial.

Muchos habitantes del centro, en especial Cangas de Onís, lnfiesto, Caso, Sobrescobio, emigran a las provincias andaluzas, donde sus servicios en los grandes almacenes de vinos, son muy solicitados. Generalmente, trascurridos algunos años, suelen unos y otros volver al país para colocar sus ahorros y pasar una temporada en compañía de sus familias, y casi todos, al cabo de cierto tiempo, concluyen por establecerse en definitiva en el pueblo natal.

Dos palabras hemos de decir de otras emigraciones periódicas que salen de Asturias en épocas dadas del año, en dirección al interior de España, y en particular a las Castillas, Santander y provincias vascas; nos referimos a los segadores y tejeros. Los primeros abandonan el país a principios del verano y se encargan de la faena agrícola que revela su nombre, en los prados, a diferencia de los gallegos que la practican en las mieses: pasan de provincia a provincia, para lo que combinan su expedición de manera que comience en las que por sus condiciones climatológicas y topográficas ofrecen más pronto el fruto, y termine en aquellas en que es más tardío.

Esta emigración, que tiempo atrás era muy importante y productiva para la provincia, va restringiéndose de año en año, sin duda por el inconsiderado afán de roturar terrenos con destino al cultivo de cereales, que se apodera de nuestros agricultores, con grave daño de la producción de la tierra y de la riqueza nacional. Los fabricantes de teja, oriundos en su mayoría de las municipalidades de Ribadesella y Llanes, se marchan en Mayo y vuelven hacia Octubre, encargándose, como hemos dicho, de confeccionar este material de construcción en casi todas las provincias de la meseta central y del Septentrión de España.

4. «¿Qué medios podrán contribuir a contener o a variar la corriente de la emigración?»

Conocidos los orígenes próximos y remotos de la emigración, no será maravilla dar con los remedios que deben oponérsele, dentro siempre del respeto que merecen el derecho y la libertad humanos, que ni los particulares ni los gobiernos podrán nunca hollar sin grave daño de la naturaleza del hombre, que no toleraría mucho tiempo los obstáculos opuestos a su vida y desarrollo, y rompería en revoluciones y alcanzaría por la fuerza lo que por voluntad se le había negado.

Si el desequilibrio entre la población y las subsistencias es causa sobrado abonada de emigración, debe armonizárselas, y no a medio de prescripciones legales e imposiciones que reduzcan la primera, siempre absurdas, irracionales y contraproducentes, como nos lo enseña la historia desde Grecia al imperio napoleónico, máxime cuando la densidad de población en Asturias, aunque mayor que en el resto de España, no pugna todavía con la potencia productiva del país{1}; sino procurando el desenvolvimiento de la riqueza, lo cual se obtendrá, a no dudar, protegiendo la instrucción general de que tan necesitado y tan ávido se muestra nuestro pueblo, en establecimientos más completos de enseñanza primaria, y la técnica en granjas-escuelas, estaciones agronómicas, escuelas de artes y oficios, que aprovechen y fertilicen la vocación y aptitudes naturales de los asturianos para la agricultura y demás artes industriales; en cuya filantrópica tarea deberían ayudar al Estado los particulares y las corporaciones municipales y provinciales, e instituciones de enseñanza y beneficencia más conocedoras de la situación del país y de los medios apropósito para alcanzar su mejoría y vigor.

Tan indispensable como crear obreros útiles es atraer capitales, elementos ambos indispensables a la producción económica, que han de vivir en mutuo pacífico consorcio, ayudándose recíprocamente para que la industria prospere, y cuyos antagonismos, hoy frecuentes por desgracia, perjudican a la par a trabajadores y a capitalistas. El concurso de aquel medio, se alcanzará con la disminución de los impuestos que pesan cobre las clases productoras, con el establecimiento del cambio libre en toda su extensión, que si por una parte mataría la industria artificial que arrastra vida lánguida y miserable a costa del común de la nación, obligaría a los capitales a tomar el rumbo que les marquen las condiciones naturales del territorio: con la apertura de mercados y centros de consumo, mediante las vías de comunicación directas y trasversales: con la imposición de tributos adecuados al comercio de especulación: con la restricción posible del juego de Bolsa, y, en general, con el planteamiento de un sistema político racional y de una buena organización administrativa, que mantenga a la nación en estado de paz y prosperidad, única atmósfera en que pueden vivir las industrias que, florecientes, exigirían de continuo mayor número de brazos, en vez de despacharlos por falta de muchas de las condiciones que indicadas quedan.

5. «¿Existen agencias de emigración en esa provincia? En caso afirmativo, ¿cuáles son la ventajas y garantías que ofrecen a los emigrantes?»

Nada en definitiva puede aducir la Sociedad Económica, porque carece de datos que poseerán indudablemente los centros administrativos; pero se cree que por el momento no existe ninguna regularmente organizada.

Tal es el dictamen que esta Sociedad tiene el honor de elevar a VS., en cumplimiento de la Real Orden fecha 16 de Agosto de 1881, y deplora que la falta de noticias y hasta de tiempo necesario para estudiar cuestión tan interesante, no le hayan permitido hacerlo tan completo como hubiera deseado.

Oviedo 22 de septiembre de 1881.

José G. Alegre y Álvarez - Félix de Aramburu y Zuloaga – Fermín Canella Secades - César Argüelles y Piedra – Adolfo A. Builla y G. Alegre, ponente.

La Sociedad aprobó por unanimidad este proyecto, y acordó dar un voto de gracias a la Comisión; voto que toca en primer término al ilustrado ponente Sr. Builla y Alegre.

Notas

{1} Buena prueba de esto, la tenemos comparando las densidades relativas de población de ciertas naciones más populosas que la nuestra, y en las que no obstante, no hay apenas emigración. Así Bélgica tiene 174 habitantes por kilómetro, los Países bajos 110, y Asturias únicamente 40.

Revista de Asturias nº 18, Oviedo, 30 de septiembre de 1881

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