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Revista de Asturias nº2
30 de enero de 1882

Episodios Nacionales

de Benito Pérez Galdós

Si aquí un libro fuese para alguien un buen regalo, siendo el libro bueno, yo hubiera recomendado en principio de año, como el presente más digno de cualquiera persona de gusto, la nueva edición de los Episodios Nacionales, de Pérez Galdós, el más notable de nuestros modernos novelistas, la gloria más pura acaso de nuestra literatura contemporánea.

Los Episodios Nacionales, son de la madera del Romancero y de las leyendas de Zorrilla; son la obra del genio puesta al servicio de la causa santa de la nacionalidad.

Si yo estuviera lejos de mi patria en el día de Año Nuevo, o en el dia de Noel, como decía un traductor, o el día del Año, como decía otro, y al suspirar por el hogar de mis padres y por mi tierra querida algún amigo quisiera consolarme con un recuerdo de la patria, el mejor regalo que podría hacerme sería un libro que contuviera El Romancero, Los cantos del Trovador, los discursos en que Castelar canta a la patria, que son como un romancero de la tribuna.... y los Episodios Nacionales.

No es hora de juzgar esta colección de novelas, monumento levantado por un gran escritor a las hazañas de la patria; este juicio lo ha sentenciado en última alzada el Tribunal Supremo de la Fama.

Pero es el caso, que obra tan interesante apareció primero, temiendo la indiferencia del público, envuelta en pobres pañales, con modestísimo atavío; pero hoy vuelve a publicarse en forma digna de su gran valor, porque el renombre de los libros de que se trata es ya garantía del buen éxito.

El arte del dibujo y el del grabado han venido a prestar su valioso auxilio a la obra del literato. Los hermanos Mélida, que son poetas como lo es Doré y como lo son otros muchos, poetas que en vez de la pluma manejan el lápiz, han querido adornar la creación de Galdós con un acompañamiento al lápiz. Algo hay en cada arte que es peculiar suyo, intransmisible á los demás; tiene el alma un modo singular de entender y sentir las cosas muy distinto, según el sentido por donde las percibe.

¿Qué no ha dicho Goethe, v. gr., en su poema, de cuanto pueda sentirse en la contemplación de Fausto, de Mefistófeles y de Margarita? Pues, sí; hay algo que no ha dicho: no ha dicho lo que la música ha sabido añadir a esas creaciones. Gounod ha hecho ver algo nuevo en los inmortales personajes que creara el mayor poeta de Alemania.

Doré con el lápiz, al interpretar escenas de Dante, de Milton, de Cervantes, etc. etc., nos ha hecho ver en las obras de estos genios algo nuevo; una poesía plástica que de esas mismas obras dimana, que a ellas debe su esencia, pero cuya expresión era imposible por la palabra, para cuya contemplación y emoción consiguiente era necesario el dibujo. Por este modo artístico de alto vuelo, han ilustrado, como ahora se dice en mal castellano, los hermanos Mélida, los Episodios Nacionales. De la hermosura de sus dibujos, siempre inspirados, correctos, originales, responden los dos primeros episodios, Trafalgar y La Corte de Carlos IV, publicados en un tomo elegante, lujoso, digno del contenido literario y de los dibujos mismos.

Es necesario que los amantes del arte y de las glorias patrias acojan con cariño esta empresa; es necesario que todo el que pueda compre este monumento de la literatura y de la historia contemporáneas, para que no se desanimen autores y editores, y no siga la literatura española viviendo pobremente, como si fuera, según algunos piensan todavía, pasatiempo de holgazanes, y no uno de los más nobles oficios en que puede emplearse el ingenio humano.

El buen éxito de obras como la nueva edición ilustrada de los Episodios Nacionales, será un signo de los tiempos, una clara manifestación del progreso de la cultura.

Clarín
Revista de Asturias nº 2 - 30 de enero de 1882

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