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Revista de Asturias nº23
15 de diciembre de 1882

Transmisión eléctrica

de la fuerza a gran distancia

Desde el día en que se descubrió la reversibilidad de las máquinas Electrodinámicas se pudo ya prever la resolución del problema de la energía transportada a gran distancia por medio de la electricidad.

Sabido es que, si por medio de un artificio mecánico, se pone en movimiento un anillo inducido de una máquina Electrodinámica, por ejemplo de una máquina Gramme provista de Colector, y si se establece el circuito, se produce in mediatamente una corriente eléctrica, cuya intensidad y tensión sólo dependen de la potencia de la máquina y de la velocidad con que se la hace girar.

Ahora bien, si en lugar de hacer girar al anillo de la máquina, se para este y hacemos que por ese anillo o bobina circule una corriente eléctrica producida por una pila, veremos que bajo el influjo de la corriente se pone el anillo en movimiento y girará con tanta más velocidad, cuanto más intensa sea la corriente eléctrica que por la máquina circula; por el solo hecho de mandarle una corriente, habremos transformado esta máquina en un motor eléctrico susceptible de desarrollar cierta energía, tan grande como se quiera, y que solo limita la potencia de la máquina, y la intensidad de la corriente que por ella circula.

Constituye pues la reversibilidad en las máquinas eléctricas de corrientes continúas, la propiedad que estas tienen de servir o como generadores de electricidad o viceversa, de motores eléctricos, cuando se les influye con una corriente.

Si en lugar de una pila para producir la corriente necesaria al motor eléctrico, aprovechamos una segunda máquina eléctrica B, accionada mecánicamente para producir electricidad, y si unimos las dos máquinas por medio de conductores, tendremos realizada una transmisión de fuerza completa y a corta distancia.

En efecto, al poner en movimiento la máquina B, esta producirá una corriente que transmitida por los conductores que las unen, circulará por la máquina eléctrica A, transformada en motor, y su anillo se pondrá a girar bajo el influjo de esta corriente; exactamente como un sistema de poleas y su transmisión : la máquina B es la polea trasmisora y la A, la receptora, y los conductores que unen las máquinas, la correa que transmite los movimientos de la polea; ¡qué diferencia sin embargo en los efectos de unos y de otros!; apenas si las poleas pueden transmitir un esfuerzo a algunos metros de distancia; con los cables telodinámicos se puede llevar ese esfuerzo a algunos kilómetros, muy pocos; con la electricidad, por el contrario, podemos transmitir una fuerza mecánica a cientos de kilómetros.

Hasta ahora hemos considerado las dos máquinas, solo separadas por algunos metros de distancia, con conductores muy cortos y que por consiguiente poca o ninguna resistencia ofrecen al paso de la corriente. No otro tanto sucederá, si se alarga la distancia de las dos máquinas, si se colocan por ejemplo a 4 ó 5 metros una de otra; notar en este caso que la intensidad de la corriente disminuye a medida que alargamos la distancia, y por efecto de esta disminución en la intensidad, también disminuye el rendimiento de la receptora, es decir, que esta producirá proporcionalmente tanta menor fuerza. Tal podíamos alargar la distancia, que la fuerza producida resultaría poco menos que nula. Sin embargo, la máquina transmisora absorbe constantemente el mismo esfuerzo. ¿Dónde se pierde, pues, la corriente? Sencillamente en los conductores; estos oponen al paso de la electricidad, una resistencia que depende de la calidad y del grueso del conductor. Dos medios tenemos para corregir en parte esta pérdida; es el primero, adoptar como conductor el metal que mejor coeficiente de conductibilidad tenga, y darle una sección, un grueso proporcionado a la cantidad de corriente que haya de circular por él.

El segundo medio ha sido inventado por el insigne electricista Marcel Deprez. Su divisa es “Le ren dement est indépendant de la distance.” ¿Cómo se obtiene esto? Dando a la corriente una tensión proporcional al espacio que haya de franquear.

Acudiendo al primer medio, esto es, á conductores de cobre puro y de gran sección, se han hecho hasta la fecha varias instalaciones y experimentos, de los cuales es sin duda uno de los más salientes el verificado en “Sermaizc”. Se aprovecharon las máquinas de esta fábrica, para trasportar parte de su fuerza á cinco kilómetros de distancia, destinándola a mover varios arados mecánicos. El experimento tuvo brillantísimo éxito, quedando el sistema definitivamente instalado. Fundadas en estas bases hay actualmente multitud de instalaciones que todas funcionan con entera satisfacción.

Sin embargo, si bien resuelto el problema, sólo lo era en parte y para pequeñas distancias, limitadas por la cuestión de precios en los conductores.

Marcel Deprez había demostrado teóricamente y con cálculo, la posibilidad de poder efectuar un trasporte de fuerza a sesenta kilómetros de distancia, por un alambre de hierro galvanizado de cuatro milímetros de sección con un rendimiento de cincuenta por ciento, que en ciertos casos y con ciertos elementos se podía elevar hasta un 75 por 100.

El pensamiento, aunque atrevido, era por todos conceptos realizable; no le faltaron, sin embargo, contradictores que, a fuerza de argucias pretendían demostrar la no posibilidad del hecho: mas la teoría de Deprez está tan clara y tan terminante, es tan perfectamente exacta en todas sus conclusiones, que no solo les fue imposible refutarla, sino que más tarde tuvieron que ceder ante la evidencia.

Por fin, últimamente, en la exposición de electricidad de Munich, se ha verificado la prueba experimental del sistema, y el éxito no ha podido ser más favorable, sobre todo, si se tienen en cuenta las malas condiciones en que se realizaba el experimento.

Este tuvo lugar entre Miesbaeh y Munich; separa a ambas poblaciones una distancia de 57 kilómetros.

La máquina transmisora instalada en Miesbach se hallaba accionada por un motor de gas que la hacía girar a razón de 2.200 vueltas por minuto, absorbiendo algo más de un caballo de fuerza. La receptora, instalada en la exposición de Munich, giraba a razón de 1.501) vueltas por minuto, y el trabajo medido al freno osciló entre 38 y 40 kilográmetros. Se aprovecharon como conductores dos de los alambres de la línea telegráfica que une a Miesbach con Munich. Estos oponían al paso de la corriente una resistencia de 95 ohms.

De todos modos, queda hoy fuera de duda que con conductores de cobre de mediana seccion y con tensiones de 6 á 8.000 volts, podemos transportar fuerza a 350 kilómetros de distancia con un rendimiento aproximado de 50 por 100.

Es de incalculables consecuencias esta nueva aplicación de la electricidad; es simplemente el aprovechamiento de los saltos de agua, mareas y demás fuerzas hoy día perdidas. Al mismo tiempo nos da la solución de la distribución de la fuerza a domicilio, pero esto constituye un nuevo problema, del cual me ocuparé más adelante.

Victoriano Alvargonzález
Revista de Asturias nº 23 - 15 de diciembre de 1882

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