Hemeroteca sobre Llanes

Ibérica
Tortosa, 27 de diciembre de 1924

Curiosidades Geológicas del Acantilado de Comillas

Portada de la revista Ibérica, 27 de Diciembre de 1927. Pie de portada: Curiosidades geológicas de Comillas y Celis. Ripple-marks o señales de oleaje en la arenisca cenomanense de la playa de las lumbreras (grabado superior) y en las márgenes albenses de La Florida (celis). (Ver artículo de la página 390.)El estudio de la Geología en la costa.– Joleaud en sus «Éléments de Paléontologie» (1, pág. 22) dice que «el naturalista que durante largos años no haya examinado y disecado los organismos, sobre todo los que viven a orillas del mar que no se haya penetrado de sus condiciones de existencia y de su modo de vida, deberá abstenerse de todo estudio paleontológico, so pena de exponerse a graves errores» . Varias veces hemos tenido ocasión de comprobar por nuestras propias observaciones, hechas en estas costas de Comillas, la verdad de esta sentencia de Joleaud, que no hace sino aplicar a la Paleontologia el principio general, admitido por lodos los geólogos, de la importancia y necesidad de estudiar los fenómenos actuales para el conocimiento del pasado geológico. Ciertamente, el estudio de la serie sedimentaria de terrenos requiere para su exacto y pleno conocimiento el estudio paciente y detallado de las condiciones de sedimentación marina actual, ya que la mayorísima parte de esos terrenos son de origen se dimentario marino.

Sin duda alguna, si se hubiera tenido en cuenta ese principio, no se hubiera cometido lamentables errores en la interpretación de los fenómenos geológicos, hecha a veces por quienes apenas han visitado las costas, si no es tal vez en la época veraniega, con el objeto principal de pasar unos días libres del calor estival del centro. Sobre todo para muchas cuestiones de Paleobiología, es de todo punto indispensable el conocimiento de las condiciones biológicas actuales.

(Fig 1. Marga Apiense con ripple-marks) Ahora bien, para darse entera cuenta de las condiciones biológicas marinas, no basta pasar una temporada en la costa; es necesario vivir, verano e invierno, en contacto con la vida marítima y ver las variaciones que experimentan los vivientes en las distintas épocas del año, en relación con los cambios estacionales de calor y luz, corrientes marinas, etc.

De esto se deduce, por análoga razón, que es muy importante para la enseñanza de la Geología el llevar a los discípulos al acantilado de las costas y enseñarles los terrenos, y hacerles caer en la cuenta del modo de formación de los sedimentos, comparándolos con los fenómenos actuales, que se están verificando al pie de los antiguos estratos. Por experiencia hemos visto que han aprovechado más los discípulos en un paseo los días de vacación por estos acantilados, que en varios días de clase, sobre todo si ha precedido la explicación teórica de la clase al examen práctico del terreno. Verdad es que no ni todas las costas se encuentran, como en estas de Comillas, condiciones tan favorables para el estudio comparativo de los fenómenos actuales con los terrenos geológicos; porque los terrinos cretáceos de estos acantilados son casi todos de formación liberal, y en ellos han quedado petrificados o fosilizados, si se me permite la frase, muchos de los fenómenos físico-biológicos, que tuvieron lugar durante la sedimentación de estos terrenos, y permiten, por consiguiente, un comparación paciente y detenida con los fenómenos geodinámicns que en los tiempos actuales tienen lugar en esta localidad.

Vamos ahora a describir algunas curiosidades geológicas, que hemos ido descubriendo en nuestras numerosas y pacientes excursiones, hechas casi siempre en compañía de algún grupo de discípulos aficionados, por estos acantilados tan interesantes desde el punto de vista geológico.

Señales de oleaje– Ya en otra ocasión dimos cuenta en esta Revista (vol. XVIII, nº 443, pág. 154) del descubrimiento de señales de oleaje en los estratos del cenomanense inferior. Como entonces las fotografías no reunían las condiciones de claridad deseable, presentamos ahora algunas otras, que creemos contribuirán a ilustrar tan interesante descubrimiento. El grabado superior de la portada de este número representa parte del peñón cenomanense con señales de oleaje, ya descrito en el diado artículo de esta Revista.

(Fig. 2. ídem: a alga petrificada.) Ahora añadiremos otras fotografías de otros dos fragmentos de roca con ripple-marks, pertenecientes a capas un poco más antiguas que las anteriores, ya que se encontraron en estratos correspondientes a la poca aptense; pues están entre capas, que encierran multitud de ejemplares de Pseudotoucasia santanderiensis y Trigonia scabricola, mut. Larteti, caracteristicos ambos del aptense en esta región cantábrica.

En el Museo de la Universidad Pontifica de Comillas se conservan varios fragmentos de margas aptenses con esas señales de oleaje(fig. 1ª. y 2ª.). Algunos de ellos, entre otros el señalado en la Figura 2ª., fueron desenterrados in situ debajo de otras capas que los recubrían; con lo cual se desvanece toda sospecha de atribuir esas ondulaciones a formas producidas por la erosión. Y en fin, por si acaso alguno dudara de ello, hemos procurado dejar visible la capa testigo, con objeto de que cualquiera pueda con facilidad examinarla por si mismo, siempre que lo juzgue conveniente{1}.

Este ejemplar de la fig. 2. encierra algunas particularidades curiosas e interesantes, pues presenta numerosos agujeritos, abiertos sin duda por gusanos o pequeños crustaceos, y a veces ordenados en serie, como si fuesen la huella de un pequeño animalito.

Además, contiene incrustadas numerosas pequeñas algas, señaladas a veces con menudas pintas de carbón o de lignito. Entre esas algas descuella una (a) por su magnitud y formas ramosas, algunas de cuyas partes se hallan carbonizadas; con lo cual desaparece toda duda sobre su origen vegetal.

Aunque no pertenece propiamente al acantilado de Comillas haremos también mención de unos curiosidades de oleaje, que descubrimos en una excursión del mes de septiembre de este año. Se encuentran en la mina de La Florida, de la Real Compañia Asturiana, término territorial de Celis. Se hallan a unos 580 metros sobre el nivel del mar, en unas margas azuladas, cerca de la entrada principal de la mina, en el sitio llamado Plaza del monte, al pie de los lavaderos de calamina y de los hornos de calcinación.

Aunque hicimos dos excursiones, no tuvimos tiempo para hacer observaciones detalladas que sirviesen para determinar suposición estratigráfica exacta; sólo pudimos sacar unas fotografías que son las que presentamos a nuestros lectores (véanse los dos grabados inferiores de la portada de este número).

Según Mengaud, las margas antes mencionadas, donde descubrimos las señales de oleaje pertenecen con mucha probabilidad a la base del albense{2} .

(Fig. 3ª. Fondo submarino en las margas aptenses: rizoides y talos de algas.)Fondos submarinos– En las mismas capas aptenses de El Cabrero, en la costa frente a la - Universidad, se encuentra una pequeña faja de terreno, que presenta señales evidentes de haber sido un antiguo suelo submarino, si bien de poca profundidad. Se puede asegurar que es un antiquísimo bosque submarino de algas; pues, además de muchas ramas o troncos tumbados, se encuentran otros perpendiculares al plano de estratificación; y son las raíces o rizoides de las algas que se introducían en el suelo margoso. En la fig. 3ª aparece un fragmento de ese suelo submarino, donde se pueden ver como unos botoncitos, que son el asomo de los citados rizoides. Algunos de los talos o troncos ramosos de las algas se encuentran parcialmente carbonizados, lo cual indica claramente el origen vegetal de los mismos {3}.

Varias de esas líneas oscuras que se ven en la figura, son pequeñas hendiduras o grietas de retracción, que fueron producidas, al secarse la roca, después de emerger el terreno del fondo de las aguas. En cambio, otras hendiduras algo más anchas y menos profundas, son moldes negativos o huellas dejadas por trozos de algas desaparecidos, como se comprueba por el hecho de que esos huecos algunas veces se continúan armónicamente con troncos o talos en relieve.

Fondos submarinos cretáceos análogos hemos encontrado en otros estratos de estos acantilados.

Citemos por vía de muestra el que representan unas capas albenses, situadas en la misma localidad de El Cabrero, pero un poco más al occidente que las aptenses antes mencionadas. Los numerosos troncos entrecruzados, y los rizoides, que atraviesan perpendicularmente las capas, son muy característicos.

Si ahora comparamos los bajofondos, que se descubren en las mareas bajas, con esos suelos marinos fósiles, que quedaron incrustados en los terrenos, bien pronto nos llamará la atención su gran semejanza, que indica claramente semejante modo de formación: pues bastaba que quedasen enterrados esos montones de algas, entrecruzadas unas, y arraigadas otras todavía en el suelo, para dar origen a terrenos en todo iguales a los que se conservan en estos acantilados.

Quien no esté familiarizado con este continuo ver y examinar los fenómenos geodinámicos actuales, que tienen lugar en la costa, fácilmente encontrará inverosímiles ciertas deducciones geológicas; no de otro modo que suele suceder a los principiantes en la ciencia geológica, que al principio se admiran, y aun dudan de sus conclusiones, a su parecer atrevidas, hasta que, poco a poco, se van familiarizando con los fundamentos cientificos de observación, en que se apoyan tales conclusiones.

Estos trabajos de observación minuciosa y detallada tienen hoy, como dice J.Lapparent, grande importancia, dada la expansión que va adquiriendo el estudio de las rocas sedimentarias, sobre todo en lo que se refiere al papel importante, que han representado los organismos, en su origen y formación. La importancia de las acciones biológicas en la formación de las rocas sedimentarias va apareciendo cada día mayor, a medida que se multiplican los trabajos descriptivos, que descienden a pormenores y particularidades, a primera vista excesivamente minuciosos. Hoy se sabe que muchas rocas, y aun minerales, que antes se creían formados por agentes físico-químicos, fueron producidos por los organismos, como lo comprueban los excelentes trabajos de Cayeux, J. Lapparent, Bellier y otros. De la misma manera, muchas formas, que tal vez antes podrían creerse producidas por mera erosión, hoy está averiguado que tienen origen orgánico. Los trabajos concretos y minuciosos son los que han de proporcionar los materiales para el conocimiento exacto y completo del pasado geológico.

Miguel Gutierrez S.J
Prof. De Geología en la universidad Pontificia
Comillas.

Notas

{1}Nos parece oportuno hacer estas indicaciones, porque al juzgar nuestro citado artículo de IBÉRICA (vol. XVIII. Nº 443, p 154), en el Bol. Soc, Hist. Nat., enero de l923, pág. 64, el señor Royo Gómez, sin refutar las razones allí aducidas, atribuye nuestros ripple-marks cenomacenses a la erosión de las aguas.

{2}Mentaud: «Rech., géol. dans la reg. Cantabr.» pág 117.

{3}Insistimos en esta idea, porque el citado señor Royo Gómez, criticando en el Bol. de Hist. Nat. (mayo de 1924, p. 287) la Memoria que presentamos en el Congreso de Salamanca, titulada, «Observaciones, hechas en el acantilado de Comillas, sobre el origen de la coloración negra de las rocas sedimentarias.» (junio de 1923), donde hacíamos mención de estos troncos o rizoides, sin oponer argumento alguno a las razones, allí aducidas, dice que atribuíamos origen vegetal a las formas producidas por la erosión.

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