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Ibérica
Tortosa, 6 de junio de 1925

La Necrópolis Dolménica de la Sierra Plana en Vidiago

Primera Estación Neolítica descubierta en Asturias

Portada de la revista Ibérica, 6 de Junio de 1925

Este artículo es continuación de otro que publiqué en esta misma Revista el 12 de enero de 1924 (vol. XXI, n.º 510, pág. 25) y al cual remito para más pormenores al lector que se interese por estos estudios.

El lugar donde se efectúan estos trabajos de Arqueología prehistórica es la vasta planicie de la llamada Sierra Plana, que, en este concejo de Llanes, se extiende desde el río Puron hasta Santiuste, y en cuya ladera norte se asienta este pueblo de Vidiago lo mismo que el inmediato de Pendueles.

Esta Sierra Plana sirve de pedestal al famoso monumento prehistórico de Peña Tú, tan conocido por sus pinturas rupestres, de las cuales hemos hecho detenido y particular estudio en el anterior artículo (véase el grabado de la portada).

Treinta y seis túmulo-dólmenes, que hasta ahora pasaron inadvertidos, hemos podido contar a lo largo de la planicie de esta sierra Esos dólmenes, íntimamente emparentados con las pinturas de Peña Tú, son la única comprobación de la autenticidad de las mismas, y por ello hemos de incluir este monumento entre los del período neolítico (edad de la piedra pulimentada) y no entre los del eneolítico (edad del cobre) como hasta ahora se vino sosteniendo, sin más razón que la de interpretar, arbitrariamente, como un puñal, una de las figuras allí esculpidas y que no es tal.

Hemos de hacer constar que en un tratado de Prehistoria española, publicado recientemente, su autor acoge y copia la interpretación que nosotros dábamos en el anterior artículo que publicamos en esta Revista, haciendo suyas nuestras opiniones y palabras, sin mentarnos ni mencionar tampoco a IBÉRICA. A esto no pongo comentario alguno: el lector lo pondrá.

Demostraremos hoy, con hechos y no con opiniones ni teorías, que esta necrópolis dolménica, que estamos estudiando, es marcadamente neolítica, y por lo tanto la primera estación de la edad de la piedra pulimentada que se descubre en Asturias, y que ha de servir, está ya sirviendo, de punto de partida para nuevas orientaciones que desvanecen por completo la especie gratuita, sostenida hasta hoy, de que en Asturias no había yacimientos neolíticos.

Figura 1. Túmulo-dolmen de la Sierra Plana antes de efectuar la excavaciónFigura 2. Otro íd. al iniciarse la excavación (Fotos Bustamante)

La torre de Babel de la Prehistoria.— Quien haya tanteado un poco nada más el terreno de la Prehistoria y buceado en los escritos relacionados con tal materia, convendrá conmigo que todo ese aparato de nombres, de divisiones e hipótesis con que se pretende levantar el edificio prehistórico, guarda gran semejanza con la torre de Babel: la inmensa mayoría de los que hablan y escriben sobre estos temas de Prehistoria, si no con desdén, al menos con indiferencia leen cuanto se contiene en la narración del Génesis, y divagan por estos oscuros y enrevesados caminos de la remota antigüedad, huyendo, casi siempre, de la luz de la revelación; y requiriendo la débil luminaria de las ciencias auxiliares, Geología, Paleontología, Antropología, Etnografía, etc., afánanse en ir levantando, por su cuenta y con sus exclusivas fuerzas, ese vetusto y colosal edificio que pretende sepultar bajo sus cimientos toda doctrina revelada: ¡Vano intento!

Ante nuevos e inesperados hallazgos, que son siempre felices coincidencias con la doctrina fundamental de la revelación; surge entre los cultivadores de la Prehistoria lo que acaeció a los que construían la torre de Babel, confusión de opiniones, de Ideas, de criterios, que pretenden disimular con el ropaje de nuevas palabras y novísimas teorías.

Si los trabajos y estudios que se hacen en el campo de la Prehistoria son la más directa comprobación de lo que se dice en el Génesis y sostuvo siempre la tradición de los pueblos en lo referente, por ejemplo, a la unidad del género humano, descendiendo de Adán y Eva; ¿por qué no rendir nuestra evidencia ante la doctrina del monogenismo, si no puede explicarse el progreso de la civilización y cultura humanas sin asignarles un centro único y común de donde procede la humanidad y de donde irradian los destellos primeros de toda civilización?

Fig.3ª Cámara dolménica descubierta por el autor. En el óvalo el señor Obispo de Oviedo en su visita a las excavaciones (Fotos de Bustamante, Llera y Moriyon) ¿Por qué hemos de bajar el nivel de la humanidad y someterla, como algunos pretenden, a un repugnante determinismo en la evolución de su cultura, si la fuerza misma de los hechos nos obliga continuamente a afirmar lo contrario? La más elemental Filosofía y observación nos enseña que el hombre salvaje, abandonado a si mismo, no sale de su abyección intelectual y moral sin el concurso de fuerzas extrañas, sin el magisterio de otros hombres más cultos y civilizados. Para convencerse de esto basta adentrarse por algunos sitios de Marruecos y observar el estado de abyecta incultura y barbarie en que las hordas del Riff.

¿Por qué algunos prehistoriadores apelan a este determinismo, si las teorías por ellos sustentadas no pueden confirmarse sin un centro común del cual partió la cultura a las distintas partes de la tierra, de donde salieron los maestros, que aleccionados por superior revelación educaron a la humanidad, depositando en ella los gérmenes de cultura que de Dios recibieran como en sagrado depósito?

Caracteres generales del periodo neolítico o edad de la piedra pulimentada.— Un clima templado y húmedo, que favorece la formación de las turberas, sucede al frío intenso y glacial de los últimos tiempos del paleolítico. Han desaparecido en absoluto los animales de la época cuaternaria.

El hombre deja de habitar en las cuevas; termínase por lo tanto la vida troglodítica y la vida azarosa del cazador y pescador, que es reemplazada por la más quieta y sosegada del pastoreo y de la agricultura.

Llega a España, a nuestra Península, una corriente de civilización que procede del Oriente y que se revela tanto en las construcciones dolménicas como en las prácticas religiosas del culto, al ídolo neolítico y de los ritos funerarios.

Las modificaciones industriales y sociales que se observan en esta época, sólo se explican, dice Mortillet{1} , por la invasión en nuestro suelo de un pueblo extranjero venido del Oriente, cuna de todas las religiones. «La presencia del material funerario indica bien a las claras la creencia en una segunda vida, en esta edad. Desde que se practica el culto a los muertos, los sepulcros son más gran des, más bellos, más sólidos que las habitaciones de los vivos: los objetos más preciosos y más útiles son depositados junto al muerto, para que los tenga a mano en lo que le sea necesario en la otra vida. El modo de enterrar, durante este período neolítico, es el de inhumación en cuevas al principio, y después en dólmenes.»

La característica principal de este período, a más de las construcciones dolménicas, son los utensilios de su arte e industria, sobre todo las hachas de piedra pulimentada, que es lo que da nombre a esta edad.

División del neolítico.— En este punto son muy diversas las opiniones; unos autores admiten dos fases del neolítico, mientras que otros lo dividen en seis. Nosotros vamos a seguir, si no como más probable, al menos como más racional, la división sostenida por M. Montelit director del Museo de Estocolmo, que señala cuatro etapas en el período neolítico y que las diferencia así: 1 sepulturas de simples fosas, parecidas a las actuales, con hachas talladas y pulimenta das de forma triangular; 2 dólmenes simples, construídos de piedras toscas de planta rectángula con hachas pulimentadas de forma también rectangular; 3 dólmenes con corredor o pequeña galería; 4 tas, o sea especie de cajas cuadrangulares, formadas con losas de piedra soterradas.

Figura 4. Hacha de piedra pulimentada.Dólmenes.— Son, como dejamos dicho, cámaras sepulcrales, construidas con grandes bloques de piedra, y por lo regular cubiertas de tierra o de piedras menudas, adoptando la forma de un montículo de mayor o menor altura en el centro con relación a su diámetro. Estos dólmenes así recubiertos conócense con el nombre de túmulo-dolmen, y según Adrien de Mortillet{2} son las primitivas tumbas.

En los dólmenes europeos y evolución de los mismos reconócese, en sus detalles y en su estructura, su procedencia asiática y guardan marcada analogía con las antiguas construcciones funerarias del Oriente, con las colosales pirámides que guardan las cámaras sepulcrales de los faraones. Es un verdadero reflejo del arte egipcio, que ya se manifiesta claramente en el arte magdaleniense de la época del reno.

Además, si tenemos en cuenta que esas construcciones dolménicas penetran en Europa por el Mediterráneo y se extienden a lo largo de las costas, hemos de creer que nos hallamos en presencia de una incursión que procede del Oriente y que señala, ya en aquellos tiempos, una ruta comercial y marítima que unía y estrechaba las relaciones entre el Oriente y el Occidente por medio del Mediterráneo, y que llegaba a las costas británicas y escandinavas: que es la misma ruta que más tarde han de recorrer los fenicios en los tiempos protohistóricos.

Esta navegación costera es la que va extendiendo y propagando, por las distintas regiones de Europa, los descubrimientos industria- les, las creencias y hasta el régimen social que caracteriza el período neolítico en los pueblos europeos. Se calcula que este período, llamado neolítico, comprende y se extiende desde los años 4000 a 2000 antes de Cristo. Y terminamos este párrafo copiando las siguientes palabras de Obermaier: «Nos sumamos, francamente a la opinión de que la idea de los dólmenes sencillos ha surgido en Oriente, y lentamente, siguiendo el camino marítimo, ha emigrado al Occidente»{3} .

Mis exploraciones y hallazgos.— Hemos de empezar diciendo que la planicie de esta sierra está formada por espesa capa de turba que descansa sobre un banco de arenisca. De los treinta y seis túmulo-dólmenes que hemos contado, y que se destacan de la superficie del suelo a todo lo largo de la planicie, no hay uno que no presente señales de haber sido excavado, o al menos removido, hace ya mucho tiempo por los afanosos de hallar imaginarios tesoros. Nosotros hemos escogido cuatro, que nos parecían más intactos, y procedimos a excavar y explorar el que va señalado en la figura 1. Es un montículo artificial de trece metros de diámetro y de dos de altura en el centro. Se abrió una zanja transversal de un metro de ancho, en dirección W a E hasta avanzar más allá del centro; no hemos hallado ni rastros de la construcción dolménica: alguna que otra piedra de pequeño tamaño revueltas con la tierra que se iba excavando y cribando. Pero en el centro del dolmen, y a una profundidad de 1'25 m. pudimos recoger una bonita hacha de piedra pulimentada (fig. 4ª). Es de pizarra cuarcitosa y tiene señales de haber sido usada, como lo demuestran las muescas del filo y las impresiones que presenta en su parte superior de haber estado enmangada. En el dibujo (que al igual que los de las figuras 5ª y 6ª ha sido cuidadosamente ejecutado por el señor M. Soria) damos las medidas y la sección. Desconfiando de hallar más objetos, suspendimos la excavación, después de haber abierto una zanja de diez metros. Este túmulo o coteruco, como dicen los naturales de aquí, podemos localizarlo, diciendo que está hacia la parte S de la sierra y muy cerca de donde se inicia la bajada del camino que conduce al pueblo de la Borbolla.

Otro de los dólmenes va señalado en la fig. 2ª. Lo podemos localizar, también en la parte S de la sierra (y al referirme a la sierra ha de entenderse de su planicie) e inmediato al mojón divisorio de Vidiago y Riego. El montículo artificial formado de tierra y alguna piedra mide 11 metros de diámetro por dos de altura en el centro. En éste, en vez de abrir una zanja transversal, determiné cavar y ahondar en su centro y en un círculo de seis metros A los 50 centímetros de la superficie de la parte más alta del montículo, nos encontramos con gruesas piedras colocadas de canto: se las fué aligerando de tierra y nos encontramos con la cámara dolménica que se reproduce en la figura 3ª. Está orientada en la dirección W a E. La piedra de una de las cabeceras, más endeble que las otras, se había quebrado, cediendo al empuje de las tierras, y quedó tan sólo su base. En el sitio donde apoya su azada uno de los operarios que se ve en el grabado inferior pude recoger otra hacha de fino pulimento, tal vez le mejor el nombre de hachuela. Es de cortante filo y no se advierte haya sido usada. La fig. 6ª. da clara idea de este bonito ejemplar. En el mismo sitio, y a la misma profundidad, hemos recogido una punta de flecha de pedernal (64 mm.), tallada y pulimentada, que se reproduce fielmente en la fig. 5ª.

Desconfiando de hallar ninguna cosa más que pudiera interesarnos, suspendimos esta excavación.

En lugar intermedio a los dos dólmenes ya reseñados, hemos explorado otro túmulo: el montículo artificial es de las mismas dimensiones que el anteriormente descrito. Está en la misma planicie de la sierra, también hacia el S de ella y al lado del camino que baja al caserío denominado las Cobariellas. Se hizo la excavación en el centro, ahondando hasta la profundidad de 1'50 m. con un diámetro de tres. Se han hallado las piedras que formaran el dolmen, pero ya removidas. Dos de las piedras laterales medían 1'44 y 1'24 metros de largo, respectivamente, por 0'64 y 0'47 de espesor. Es curiosa una de estas piedras, porque sirvió evidentemente de polisoiar, para dar pulimento a las hachas. Otra de las piedras presenta los clásicos agujeros o cazoletas y vestigios de algo que muy bien pudiera ser un ídolo.

También aquí recogimos restos de un recipiente excavado en un canto de arenisca que en su interior tiene unas manchas negruzcas que parecen residuos de grasas y cenizas. Este objeto, que hemos recogido para examinarlo cuidadosamente, lo consideramos como el más importante de los hallazgos; trátase de un ídolo, de la clásica divinidad neolítica, del dios protector de sepulcros y de los muertos (fig. 7ª). Estaba enterrado a un metro de profundidad, entre las piedras que formaran la cámara dolménica. Las facciones, los rasgos característicos del ídolo están rudimentariamente esculpidos en la concavidad del canto de arenisca, y para hacerlos resaltar los han pintado con una sustancia negra inalterable. Este ídolo, tosca y torpemente esculpido, guarda tan estrecha relación con el de Peña Tú, que bien podemos suponerlo tosco remedo de éste. Tales son los hallazgos de mis últimos trabajos. Antes de sentar conclusiones, que parecen desprenderse de cuanto llevo escrito y explorado, siento necesidad de exponer algunas consideraciones que me sugiere la presencia del ídolo neolítico, en relación con la evolución de las creencias religiosas en el hombre a través de las edades prehistóricas.

Distintas fases del sentimiento religioso en la Prehistoria.— Al final del cuaternario, en plenos tiempos del paleolítico (edad de la piedra tallada), el hombre, valiéndose de la pintura y de la escultura, adorna las cuevas, pintando - y esculpiendo en ellas animales diversos, como el reno, el bisonte, etc., a los cuales rinde culto considerándolos, tal vez, como seres tutelares; aquellas tribus, cazadoras y nómadas, tenían en las grutas y en los abrigos de las peñas sus santuarios y sus dioses tutelares, ante los cuales celebraban sus actos rituales o mágicos. Rendían culto a los animales esculpidos o pintados en las paredes de las cavernas. Estamos, pues, verdaderamente en plenos tiempos de religión zoolátrica.

Figura 5.Medidas del hacha encontrada por el cura de Vidiago y dibujadas por M.Soria Figura 6. Sección del hacha, dibujadas por M.Soria

En plenos tiempos neolíticos (edad de la piedra pulimentada), el hombre ha dado un avance en sus creencias, siente la inmortalidad de su alma y la existencia de otra vida: empiezan los ritos funerarios, hace su aparición el dios tutelar de los sepulcros, la diosa neolítica, personificada en cuatro rasgos que indican las facciones de un rostro humano. El sentimiento religioso ha dado un gran paso: del culto a los animales, ha evolucionado al culto del ser humano; es decir, de la zoolatría a la idolatría.

Avanzaremos un poco más, y en pleno período eneolítico (edad del cobre) veremos elevarse de nuevo el sentimiento religioso del hombre, buscando fuera de la tierra, en las alturas de los cielos, al sol y a la luna, como dioses superiores a quienes rendir el tributo del culto.

Del Oriente van recibiendo los pueblos europeos estas distintas fases de la evolución religiosa: dijérase que la voz de los profetas y de los antiguos patriarcas llega al Occidente como un vago rumor, que poco a poco va sublimando los sentimientos religiosos de la humanidad, y acercándola insensible y gradualmente, desde lo más abyecto de la tierra hasta lo más hermoso de los cielos físicos, que es el sol, y desde el sol lo elevará hasta la región altísima, eterna, donde mora el Dios de Abraham, el Dios de Moisés, el Dios del pueblo de los judíos y el Dios- Hombre de los cristianos.

Peña Tú y sus pinturas rupestres.— Estos nuevos hallazgos corroboran, una vez más, cuanto dejamos expuesto en el anterior artículo, acerca de la nueva interpretación que dábamos al significado de estas pinturas. El ídolo allí esculpido y pintado, no es ningún dios guerrero, es el clásico ídolo neolítico: nunca aquí se le conoció con el nombre de Cabeza del Gentil; con ese nombre lo bautizaron los primeros que lo estudiaron recientemente.

El nombre de Tú que lleva la peña, nada dice ni significa: son dos palabras que provienen de la des composición de una sola que es ésta: Peñatú.

Si algún día hubo necesidad de recurrir a palabras sonoras y más o menos significativas para explicar aquellas pinturas y dar valor a la interpretación que de ellas se daba, hoy huelgan las palabras donde está la clarividencia de los hechos registrados en la necrópolis que está amparada por el ídolo neolítico de Peña Tú (véase la portada y también el artículo anterior). La pintura antropomorfa que se ha interpretado como un puñal, no puede reputarse por tal, por no haber ninguna razón que abone tal interpretación; porque, descontado que el ídolo de Peña Tú, ni es dios guerrero, ni jefe de tribu, ni se conoció nunca entre los naturales de este pueblo con el supuesto nombre de Cabeza del Gentil, cae por su base la suposición del puñal y, siendo como es una divinidad funeraria, más le cuadra ser expresión de una se pultura antropomorfa, o si se quiere de un hacha de piedra (porque si tal era lo que servía de amuleto en las sepulturas dolménicas y lo prueban las hachas por mí descubiertas, bien podemos suponerla tal); y si se arguyese que la dicha figura presenta en su parte superior la forma de pomo característica de las espadas o puñales de la época del cobre, yo pudiera decir que las hachas pulimentadas para su mejor manejo y utilización se enmangaban convenientemente para que se adaptasen a la mano que había de empuñarlas, y al fin, al ser sustituidas las hachas de piedra o puñales por las de cobre, sólo harían modelar, labrar en este metal la misma empuñadura que en los tiempos anteriores elaboraban ya en asta de animales o en madera.

Dada la íntima y directa relación que hay entre Peña Tú y sus pinturas, con los dólmenes hallados en la Sierra Plana, concluimos sosteniendo que este monumento de Peña Tú y sus pinturas han sido mal clasificados al suponerlos eneolíticos (o de la época del cobre) y, por lo tanto, según todo lo expuesto, hemos de retrotraerlos a una época anterior, al período neolítico, lo cual supone asignarles mucho mayor antigüedad.

Fig.7ª Resto de un ídolo neolítico hallado en uno de los dólmenes (Foto Pepe)Conclusiones.— Si el neolítico está caracterizado por las construcciones megalíticas de cámaras sepulcrales, de dólmenes sencillos recubiertos por un montículo artificial de tierra o de piedras, que es lo que se conoce con el nombre de túmulo-dolmen, tales son los que hemos explorado en la Sierra Plana.

Si señal evidente del neolítico es la industria pulimentada de piedra en forma de hachas, y la talla y pulimento en forma de punta de flecha, tales son y tan característicos los objetos por mí hallados en las excavaciones que acabamos de reseñar.

Si la carencia de utensilios metálicos es prueba de mayor excepción, a favor de la pureza del neolítico, cábenos hacer constar que ni un solo objeto de metal, ni de cobre, ni de bronce, ni de hierro, hemos hallado en nuestras indagaciones; por lo tanto no hay lugar de clasificar esta necrópolis dolménica ni entre las del período eneolítico (época del cobre), ni entre ninguna de las demás edades de los metales.

Si el neolítico es contemporáneo a la formación de las turberas, de turba es en efecto toda la planicie de esta sierra.

Por último, si la clásica divinidad neolítica llega a Europa con el arte de las construcciones dolménicas, y vigila y ampara el lugar funerario y sirve de manes protector de los muertos, aquí tenemos el célebre monumento de Peña Tú con sus conocidas pinturas rupestres entre las cuales se destaca la divinidad funeraria; y tenemos también este tosco remedo de la misma divinidad en la estela funeraria por mí hallada en uno de los dólmenes (fig. 7ª).

Por lo tanto, de ser ciertas las premisas condicionadas, síguese en buena lógica que no menos ciertos han de ser los hechos que de ellas se desprenden; y por ello podemos afirmar, en tanto otras realidades no nos muestren lo contrario, que la necrópolis dolménica de la Sierra Plana en esta zona de Vidiago es una estación clásica del período neolítico, y es la primera hasta hoy descubierta en Asturias.

Y esto nos pone en condiciones de afirmar que, a medida que se vayan efectuando excavaciones ordenadas en toda la zona cantábrica, se irán encontrando nuevos datos que corroborarán nuestra afirmación y pondrán de manifiesto que la cultura neolítica floreció en Asturias, en forma análoga a otras zonas de España y de Portugal.

José F. MENÉNDEZ, Pbro.,
Cura de Vidiago,
Correspondiente de la Ac. de la Historia.
Vidiago (Llanes, Oviedo).

Notas

{1} ADRIEN DE MORTILLET. Origine du culte des morts.

{2} ADRIEN DE MORTILLET, Les tumulus.

{3} OBERMAIER, El dolmen de Matarrubilla.

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