Índice de la Hemeroteca sobre Llanes

Asturias invertebrada
Biblioteca asturianista, Pentalfa ediciones, Oviedo,
1991, págs 153-158

Asturias invertebrada

En su España invertebrada Ortega y Gasset sólo dijo una gran verdad, a saber, que «las erróneas ideas que del pasado tenemos..., deforman nuestros juicios sobre el presente», principalmente «la idea de que en el pasado poseíamos una ejemplar cultura» y que «España fue un tiempo la raza más perfecta, pero que luego declinó en pertinaz decadencia». A Asturias le pasa lo mismo, se guimos hablando de los tiempos heroicos de Pelayo, de los ilus trados y de la industrialización como pruebas de nuestra actual decadencia, como contraste con esta época de crisis regional.

Aquí se mezclan siglos, personajes y hechos para afirmar las glorias de la monarquía astur, para complacernos en nuestra propia historia, para reforzar el grandonismo regional. Así, Covadonga sería la piedra angular de la unidad de España, los ilustrados y los institucionistas de la Universidad de Oviedo los que re novaron la cultura española, y el carbón y el hierro los motores de la economía patria: según esta versión, Asturias es España y lo demás es tierra conquistada.

1. Los mitos del pasado

Pero es falsa la idea de que Asturias en el pasado fue mejor porque se basa en hechos milenarios, en hombres de excepción, y en estadísticas de coyuntura. Que hace un siglo fuéramos la primera región española productora de carbón no prueba el dinamismo asturiano sino la realidad de la naturaleza; que hace dos siglos tuviéramos ilustrados como Jovellanos prueba que también aquí alguien leía la Enciclopedia; que hace muchos siglos Pelayo matara a pedradas al moro en Covadonga sólo da testimonio de su dominio de aquella geografía. Ortega y Gasset tenía razón: con ideas deformadas del pasado solo podremos equivocar el provenir.

Y viniendo a nuestro tiempo, también es falsa la idea de que estamos en transición desde un pasado inmediato de expansión económica a un presente de crisis e incertidumbre. Al revés, la certeza y la seguridad que daba la colocación de Asturias en las primeras plazas de la renta nacional en los años 50 no era un indicador de la riqueza del Principado sino de la miseria de España, al poner a una región proveedora de materias primas industriales (carbón mineral y hierro grueso) en las primeras plazas del escalafón económico. Ese artificio solo servía para disimular la evidencia del atraso nacional, es decir, la formalidad ocultaba aquí una «fondalidad» puesta de manifiesto cuando se abrió el mercado a la competencia exterior en los años 60. Entonces a la industria del Principado le quitaron el manto protector y apareció el cuerpo enclenque de la realidad asturiana, que para sobrevivir necesitó la operación quirúrgica de las nacionalizaciones: vivimos de milagro gracias al presupuesto.

Así pues no hay tal pasado de bonanza, no es verdad que el tiempo pasado fue mejor, no es cierto que tuvimos una edad de oro económica y social donde mirarnos, porque ni la industria básica en concreto ni la sociedad en general han tenido mejores momentos en su historia. Que en el pasado hubiera algún ilustrado de renombre, que la Universidad tuviera algún profesor de mérito, que en las minas el empleo fuera mayor o que Asturias ocupara plaza cabecera en la estadística, no son más que excepciones que confirman la regla del atraso del Principado y del país, porque los ilustrados y los profesores se contaban con los dedos de las manos, pero al contrario la abundancia de brazos en las minas retrataba la otra cara del atraso, esto es, que la gente seguía mayormente hasta ayer arrancando con picos (en la mina) y azadas (en el campo) recursos a la naturaleza como cualquier sociedad protoindustrial.

Lo dejó dicho el mismo Ortega hablando de nosotros en 1915 y en 1932, en los años en que éramos una región puntera del país: que en el Principado lo que dominaba era el ruralismo, que A turias tenía un fondo rural y que no era transitiva. Ortega apelaba a nuestra inteligencia, a nuestra «cabeza clara» para que «en vez de vegetar a medias velas» nos abriéramos, nos hiciéramos transitivos, y en torno al carbón que nos daba la riqueza y a los emigrantes que nos traían la modernidad, nos convirtiéramos en «un factor de primer orden en la dinámica pública de España».

De momento el carbón asturiano daba entonces energía a la industria española y nuestros indianos abrían bancos como el Hispano Americano y comercios como El Corte Inglés de Ramón Areces y las Galerías Preciados de Pepín Fernández. El mismo Ortega y Gasset destacó esta aportación de los emigrantes asturianos a la modernidad: «son los que están haciendo de Asturias un pueblo apto para realizar con vigor y plenitud en el ambiente aldeano de España aquél minimum de modernidad que es imprescindible para flotar sobre la corriente de los tiempos».

2. Una teoría de Asturias

Así fue. He apuntado en otra ocasión una teoría de Asturias diciendo que el Principado ha vivido hasta aquí de la exportación de dos materias primas, de dos recursos naturales, a saber, el carbón y el emigrante, el mineral y el personal. El recurso mineral hizo la Asturias industrial, los recursos humanos que emigraron hicieron la Asturias periférica: las dos Asturias son resultado de la naturaleza.

De vender carbón y sacar emigrantes hemos vivido un siglo hasta que el carbón no pudo competir con otros combustibles y los emigrantes no pudieron salir a otros países. Así pues, desde hace algún tiempo este modelo de crecimiento económico «natural» agotó sus posibilidades, provocando la crisis económica de la región, que ha sido entretenida hasta ahora con el dinero público y con el impulso de otro recurso en alza: el paisaje.

En efecto, hemos descubierto estos años para la economía el último recurso natural que nos quedaba por vender: el paraíso natural. Paisajes de mar y de montaña, playas y acantilados, verdes praderas son objeto de almoneda en estas fechas, confirmando un destino regional inexorablemente atado a los recursos naturales de la tierra, al carbón, al emigrante y al paisaje, sin ser capaces de diseñar otro modelo.

Pero en este fin de siglo algo tendremos que inventar para no seguir esperando otro milagro y la valija de Madrid, algo debemos idear para no continuar atados a la naturaleza y al presupuesto. Y a no ser que aparezcan tesoros ocultos en las entrañas para seguir con ese modelo «natural», para repetir la misma historia, aquí hay que tomar una gran decisión, a saber, hay que pasar de explotar lo que produce el medio físico a cultivar sobre todo lo que produce el medio intelectual, hay que gastar nuestros dineros en formar el único recurso inagotable que nos queda: el capital humano.

Ese es el programa seguro de la regeneración de Asturias: invertir grandes recursos en nuestra formación. Hay que dar un paso al frente y multiplicar las becas para los estudiantes, los recursos para la investigación y las aulas para los universitarios. Hay que impulsar las becas al extranjero, los centros de especialización y los intercambios con las empresas. Hay que crear una especie de Institución Libre de Enseñanza regional y varias residencias de postgrados y muchas cátedras de saber universal, como aquellas de la Universidad de Oviedo de entresiglos que sirvieron para que algunos profesores extraordinarios (Clarín y Builla y Altamira) formaran a algunos alumnos excelentes, como Flores de Lemus o Pérez de Ayala, quien pudo escribir en un ensayo este reconocimiento a su Universidad: «una factoría de hombres críticos.., que se desparramaron por toda España a servir con honradez al Estado y a contaminar a sus compatriotas de las tres humanas pasiones, las más altas y nobles, de que ellos antes habían sido contaminados en el claustro ovetense: la pasión por la verdad, la pasión por la justicia, la pasión por la libertad».

Esa es la única manera cierta de hacer de esta región —como quería Ortega— un factor de primer orden en la vida española. Y ese paso al frente en nuestra capacitación nos enseñará a apreciar justamente nuestro pasado para no equivocarnos en el porvenir y, más aún, nos permitirá superar ese modelo natural de crecimiento que nos identifica.

3. Asturias transitiva

Ahora bien, el modelo natural que va de los emigrantes al turismo, que va de las chimeneas al carbón, nos dejó muchas experiencias que son un gran capital para el futuro y sobre todo unos agentes sociales que son de garantía. Es cierto, tenemos un empresariado experto, porque después de hacer durante más de un siglo tratos con el Estado nadie sabe mejor que los asturianos hacer negocios públicos, y tenemos también una clase obrera cualificada, que ha sabido luchar en distintas circunstancias por la continuidad de sus empresas y la realidad de su empleos: el sector público asturiano es el resultado de esa gran experiencia compartida del capital y el trabajo.

Lo anoté en otra parte y lo repito. La alianza empresarial y obrera ha sabido, pese a las diferencias, ponerse de acuerdo en lo fundamental, esto es, sostener el tinglado público de la economía regional. Efectivamente, el empeño de los empresarios para tener negocios y el empeño de los obreros para tener trabajo, hizo que todos juntos acabaran imponiendo la nacionalización del carbón y del hierro, de Hunosa y Ensidesa.

El resultado de este proceso histórico es un endeudamiento de la economía asturiana en el Estado, y, además, que ésta sea la única Comunidad Autónoma del Reino que tiene dos capitales y dos presidentes compartidos. Así es, Oviedo es la primera capital y Pedro de Silva el primer presidente que administra desde el Palacio Regional los asuntos particulares de Asturias, pero Madrid es la segunda capital y el ministro de Industria el segundo presidente que administra desde el INI los principales asuntos eco nómicos del Principado: por eso reclamamos tanto a Madrid los asturianos.

Y sin embargo Madrid nos sigue quedando lejos y no solo en la distancia: hay una barrera psicológica que se expresa incluso en ese giro del lenguaje que indica obligación cuando decimos «tengo que ir a Madrid». Hay además un sentido de insularidad en la tierra asturiana que está en la geografía. Por eso ha sido siempre para nosotros prioritaria la petición de caminos para comunicarnos con el mundo: Asturias necesita autovías y variantes para salir de sí misma, para hacerse transitiva, como señalaba Ortega. Asturias necesita además un impulso empresarial para montar redes de telecomunicaciones, para incorporarse a la revolución tecnológica informacional. El resto lo pondremos los asturianos en este final de siglo. Pondremos nuestra historia en orden, nuestra industria en rendimiento y nuestra inteligencia en valor: haremos Asturias vertebrada.

Germán Ojeda
Asturias invertebrada, Biblioteca asturianista, Pentalfa, Oviedo, 1991, págs 153-158

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