Apuntes de Llanes

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Capítulo II, Libro I

Rodrigo Álvarez de Asturias y sus descendencias

I. Territorio De Aguilar

A grande orgullo y gloria inmortal debe tener Llanes haber sido la cuna del caballero poderoso y grande entre los más poderosos y grandes del siglo X, D. Rodrigo Álvarez de Asturias, Señor de Noreña, del Castillo de Aguilar entre los ríos Navia y Purcia, y de los territorios llamados tambien de Aguilar, de Llanes, San Jorge y San Antolín, primer Conde de Asturias y su Gobernador supremo desde el año de 980 al 998, que obtuvo esta autoridad despues que dejaron de serio D. Ramiro, D. Alfonso Froilaz y D. Ordoño como personas reales, cuyo cargo cedió el rey D. Ordoño el segundo al trasladar su corte de Oviedo a León.

Tenía entonces D. Rodrigo dos hijos llamados Munio Rodriguez Can, conocido más bien por el Conde Muñazan, que fue fundador del Monasterio de San Antolín de Bedón, y Nuño Álvarez de quien viene la descendencia de los Álvarez de Asturias; y una hija que se llamó Dª. Teresa Núñez, y fue madre del Cid Campeador.

Existen actualmente en esta villa de Llanes, y a espaldas de su iglesia parroquial, las dos torres, la doble arcada de una doble galería, y las paredes del que debió de ser grande y magnífico palacio, propiedad hoy del Señor Conde de la Vega de Sella, quemado a principios del presente siglo. Este palacio aislado, y en completa independencia de los demás edificios de la población, se halla unido a la muralla de la villa, que indica ser construcción de los romanos, o cuando menos de la época de los árabes, y por ella se comunica con el fuerte castillo, del que el mismo señor Conde goza el título de Alcaide. Este palacio, y la porción interior del castillo de Aguilar, empotrado por la espalda en otro palacio del referido señor Conde de la Vega, que actualmente existe en el pueblo de San Jorge de Nueva, debieron ser la morada de los poderosos señores de Aguilar.

II. Nacimiento del Cid

Cuando los castellanos negaron sumisión a D. Ramiro III, Rey de León, obedeciendo por absoluto señor al Conde don García Fernandez, y no le quedaba al Rey más ayuda que los asturianos, procuraron aquellos entrar en Asturias por el costado oriental que es Llanes, pareciéndoles que divertiendo por esta parte a los mismos asturianos, no podrian acudir a León a la defensa de su Rey, pero hallaron gran resistencia, según Custodio, en Rodrigo Álvarez de Asturias, notable y valerosísimo caballero; y perdidas sus esperanzas de entrar por la fuerza de las armas, determinaron aprovecharse de sus mañas, y por esto, dejando la guerra, trataron con Diego Laínez de Burgos, descendiente de Diego Porcello, asturiano, se casase con doña Teresa Núñez, hija de D. Rodrigo, para ganarle la voluntad y desaficionarle del servicio del Rey. No incurrió en lo segundo el insigne varon D. Rodríguez Álvarez de Asturias, antes perseveró siempre en su lealtad, aunque concedió lo primero por estarle bien, y así se casó doña Teresa su hija con Diego Laínez. El Arzobispo don Rodrigo, Morales y Sandoval lo cuentan y afirman, y en el tumbo negro de Santiago de Galicia se halla una memoria antigua con estas palabras «Dia Lainez Priso muller filla de Ruy Alvarez de Asturias» .

De este matrimonio nació don Rodrigo Díaz que se llamó el Cid, en la ciudad de Burgos el año de 1026, segun consta de una inscripción que hay en el solar donde existió su casa; varon notable y prodigioso, nunca bastantemente alabado, que es Llanisco Asturiano por su madre y descendiente de asturiano por su padre.

III. Hazañas, Casamiento y Familia del Cid

Dice la Crónica, que cuando era todavía un rapaz el Cid D. Rodrigo Díaz de Vivar, cuentan que su padre tuvo una disputa con el Conde de Gormaz o Lozano, y que este dio a don Diego Lainez una bofetada, causándole tal pena semejante afrenta al pobre viejo, que no podía comer, beber ni dormir. Acongojado Rodrigo por la aflicción de su padre y sabedor del motivo que la ocasionaba, un día se acercó a él y le dijo:

– En mal hora mi buen padre, anublaron tu rostro, pues el hijo que Dios te ha dado, se halla dispuesto a vengar tu injuria. No cuides de mi niñez, que si son pocos los años, es mucho el corazón, y en los casos de honra, este vale por todo.

El anciano prorrumpió en lágrimas al oír el razonamiento de su hijo, y abrazándole primero y bendiciéndole después, dióle licencia para que al punto tomase venganza, con lo cual partió el jóven en busca de su enemigo tan presuroso como contento, y cuando llegó a presencia del Conde dijole de este modo:

– Gormaz, yo soy el hijo de Diego Lainez, que viene a pedirte cuenta de la injuria que le hiciste; mala fechoría y poco noble es por cierto herir en el rostro a un pobre viejo, que no puede defenderse; tamaña afrenta solo con sangre se puede lavar, y la tuya o la mía, vive Dios, han de correr con abundancia en el campo.

Observando Rodrigo que el Conde le habia dirigido una mirada de desprecio, tal vez al ver sus pocos años, prosiguió:

– Conozco asaz, Conde Lozano, de donde procede la desdeñosa mirada que me echáis y sé que sois mañero lidiador; pero yo confío venceros en singular combate, no solo por que vengar a un padre es justicia, sino porque el corazón me dice, que la fama ha de cantar en lo venidero, que un niño os dio la muerte.

Tantas y tan grandes fueron las provocativas amenazas de Rodrigo, que el Conde no pudo contener su enojo, y aceptó lleno de ira, el reto que el rapaz le proponía.

Salieron en efecto al campo, se batieron, y Rodrigo, o más diestro o más afortunado, mató al Conde, y viéndole en tierra, bajó del caballo, cortóle la cabeza, y con este presente, marchó satisfecho y lleno de orgullo a casa de su padre.

Sentado a la mesa se hallaba a la sazón Diego Lainez, sin querer probar los sazonados manjares que delante le ponían; solo meditaba en su afrenta, y llorando y afligido, a tal punto le rindió el pesar, que cayó en profundo sueño; pero aun así mil visiones agitaban su pecho, cuando de repente la puerta de la estancia se abre, y aparece Rodrigo conduciendo de los cabellos la cabeza de su contrario.

–¡Despertad! ¡padre, gritó, comed! que aquí os traigo la yerba que ha de abriros el apetito... enjugad vuestras lágrimas que ya estáis vengado.

El buen viejo abre los ojos azorado, y al contemplar el trofeo de que era portador Rodrigo, fuera de sí de alegría se lanza a su cuello y diole un fuerte abrazo.

–Siéntate a yantar conmigo buen rapaz, le dijo luego, y ocupa en la mesa el lugar que yo ahora ocupo, que quien tal cabeza trae, cabeza de mi casa debe ser.

Algún tiempo después de la escena que acabamos de referir hallándose en León el Rey D. Fernando, se le presentó Jimena Gómez, hija del Conde Gormaz, y echándose a sus pies, cubierto el rostro de lágrimas, le habló en estos términos:

–¡Justicia! rey Fernando ¡Justicia! Mirad el luto que arrastro por la muerte de mi padre, a quien cortó la cabeza Ruy Díaz de Vivar; doleos de mi llanto; apiadaos de una infeliz huérfana, pues el rey que no hace justicia no debe de reinar, ni comer pan a manteles, ni cabalgar briosos trotones, ni con la Reina tratar.

Levantóla el Rey con mucha galantería, y sin darse por ofendido por lo que acababa de oír, la contestó:

–Hablad hermosa dama, hablad y decid vos misma el castigo que queréis se imponga al matador de vuestro padre.

–Pido, señor, pues vos lo permitís, que ese caballero me dé la mano de esposo, o de lo contrario que sufra al punto la muerte.

– Estraño castigo a fe mía, dijo el rey; mas os elegí por Juez, y vuestra voluntad será cumplida; entrad en ese aposento y esperad que yo os llame.

En seguida mandó D. Fernando buscar a Rodrigo, y en presencia de toda su corte hízole saber la sentencia.

Inútil es decir que el doncel prefirió tomar por esposa a la noble y bella huérfana a perder la vida.

Oída su resolución, el mismo rey abrió la puerta del cuarto en que Jimena se ocultaba, y cogiéndola de la mano la presentó a su futuro esposo diciendo:

–Ya que huérfana la dejasteis, os la entrego para que cuidéis de su persona como de cosa propia, y con tal condición os perdono la hazaña de haber muerto uno de mis más leales vasallos.

Celebráronse las bodas con mucha pompa, despues de concido el luto de Jimena, y al volver Rodrigo con su esposa el día de la ceremonia a casa de su madre, pues Diego Lainez había fallecido, poco tiempo después de quedar vengado, poniendo sus manos entre las de la recién casada, dijo:

–Ya que tal cuita os causé, señora, sin querer, y que por ella tengo la dicha de poseeros, juro por Dios y su Santa Madre no entrar con vos en lecho sin haber ganado antes cinco batallas campales.

Ganólas en efecto y la promesa quedó cumplida, viniendo a ser desde entonces terror y espanto de los infieles, quienes le dieron el nombre del Cid, que quiere decir señor.

Era Jimena Gómez o Díaz, como queda dicho, hija de D. Rodrigo Alfonso, Conde de Gormaz o Lozano y de la Infanta doña Jimena su mujer, hija del Rey D. Alfonso el V., asturianos, y hermana de D. Diego Rodríguez, Conde y Gobernador de Asturias el año de 1067, con título de Capitán general; de D. Rodrigo Díaz, que se llamó el asturiano, para diferenciarle de su cuñado D. Rodrigo Díaz el Cid, que se llamó el castellano; de D. Fernando Díaz y de D. Pedro Díaz, de cuya ilustre prosapia, dice Sandoval, descienden los Velascos, los Quiñones, los Jirones, y los Rodríguez de Cisneros.

De las conquistas de reinos, de los hechos memorables y de las batallas ganadas por el Cid, sin haber sido nunca vencido, hablan detalladamente las historias.

Satisfecho el Rey de sus proezas, de tal modo lo tenía constantemente ocupado en la guerra, que doña Jimena se vio obligada a quejarse a D. Fernando, por que no dejaba a su marido un momento de descanso para acudir a los negocios domésticos, y lo hizo en una sentida carta que no podemos menos de extractar aquí; decía de este modo:

«A vos, Señor, el aventurado y magno conquistador, vuestra sierva Jimena os escribe, y perdonad la guisa en que lo hace, pues si mal talante os manifiesta, es porque dismulallo no puede. ¿Por qué, Señor, a un garzón domeñado y falagüeño, lo enseñáis a ser tigre feroz? Ni de noche ni de día le soltáis una vez para mí; si en alguna ocasión me lo dais, tan teñido en sangre viene, que causa espanto mirallo, duérmese en mis brazos, pero la terrible pesadilla le acosa eri la mitad de su sueño, y forcejea y cuida estar lidiando contra moros. Amanece, vase, y quedo sola y desconsolada hasta Dios sabe cuándo. En cinta finco, Señor, en nueve meses estoy entrada; mándadme a mi Rodrigo, y no permitid que se malogren prendas que proceden del cautivador de cinco reyes.»

El Rey, contestó a la carta de Jimena en los términos siguientes:

«A vos me dirijo, la noble doña Jimena, la del envidiado esposo: me decís que por los mis provechos no cuido de los daños que os aquejan, por lo que estáis de mí hartamente querellosa. Yo vos perdono la sandez en fe de galantería y acatamiento debido a dama tan principal. Si yo vos quitara el marido para mis enamoramientos, mal empleada fuera pardiez la ausencia; pero si le confío mis gentes y le mando pelear contra moros, no creo faceros mucho agravio. No le escribiré que vaya a veros, porque en oyendo el atambor, será preciso que os deje, y aumentárase vuestra cuita; pero aumento en esta carta una promesa para vuestro contentamiento: prometo a lo que pariedes buen aguinaldo; si fijo, caballo, espada y dos mil maravedís; si fija, doila en dote cuarenta marcos de plata, y quedo rogando a la Vírgen vos alumbre en los peligros del parto que vos amenaza.»

Dio a luz doña Jimena una niña sin el consuelo de tener a su esposo al lado; pero es fama que el Rey le hizo singulares donativos.

Después tuvo otra hija, y ambas casaron con D. Diego, y don Fernando González, hermanos, Condes de Carrión, y de ilustre sangre, segun Garivay, pero se rompió el matrimonio a poco de haber sido contraído, por la atroz crueldad y la torpeza infame de azotar a sus mujeres, dejándolas desamparadas en un monte, siendo además condenados a perpetua infamia como malos caballeros.

Casaron después aquellas: Dª Cristina, llamada comunmente doña Elvira, con D. Ramón, del cual hubo al Rey D. García Ramírez de Navarra, cuya sangre vino con el reino a entrarse en la casa y corona de los reyes de Castilla como es notorio; y doña María, que también comunmente se llamaba doña Sol, casó con don Pedro, Conde de Barcelona, hijo del Rey D. Pedro de Aragón.

Dedúcese de lo expuesto y de lo que se expondrá, que de las cepas secas de Llanes y de esta provincia de Asturias, han salido ramas que ilustraron todo el reino.

IV. Muerte del Cid

Con motivo de la célebre jura de Santa Gadea, en que el Cid obligó al Rey D. Alfonso a jurar por Dios y por los Santos del cielo que no tenía parte en la muerte del Rey D. Sancho, fue desterrado el Campeador; pero seguido por sus fieles parciales, emprendió nuevas correrías contra los moros, ganándoles poblaciones importantes, y entre otras Medina, Daroca y Teruel, y obligando al rey moro de Zaragoza a pagar tributo. Todas las conquistas y botin lo puso a los pies de D. Alfonso, quien le llamó al fin a su lado, donde continuó una serie de hazañas que terminaron con la conquista de Valencia.

La pérdida de esta ciudad causó tanta sensación a los infieles, que acudió desde Africa en auxilio de los moros del país el Rey Búcar con un numeroso ejército, y tambien fue derrotado dos veces por el Cid; pero estos fueron sus últimos triunfos. Acometido de una enfermedad grave en el mismo Valencia, sucumbió al impetu de ella el dia de Pentecostés del año 1099; pero todavía después de morir consiguió triunfar de los moros, si hemos de dar crédito a algunos historiadores. He aquí lo que refieren.

Sintiendo se acercaba su fin, precisamente cuando el rey Búcar se disponía a tentar por tercera vez el último esfuerzo contra la Ciudad, conoció el Cid que la resistencia sería inútil, y ordenó a los castellanos que despues de su fallecimiento se retirasen en buen orden a Castilla, custodiando su cuerpo que debía enterrarse en el monasterio de Cardeña, y acompañando a su esposa, y todo lo demás digno de ponerse en salvo.

Cumplióse puntualmente su voluntad, pero advertidos los moros por una traición, cerraron el paso a los cristianos en términos que estos hubieran sucumbido al número, si de improviso no se hubiesen puesto en precipitada fuga los contrarios gritando «el Cid... el Cid ¡Traición!.» Era el Cid en efecto sobre su caballo Babieca con su Tizona, su casco y su armadura; pero el Cid inanimado sin fuerza en el brazo; era un cadáver. Los caballeros que lo escoltaban conociendo el peligro se valieron de este ardid, que les salió maravillosamente, por lo que los infieles creyeron que el Cid no había muerto, y que había sido un engaño para traerlos a la pelea con lo que se alejaron a la desvandada, dejando el paso libre al fúnebre convoy.

Todavía despues de ciento trece años de su muerte, asistió a la milagrosa batalla de las Navas de Tolosa, el Iunes 16 de Julio del año de 1212 de nuestro Redentor, en que se juntaron ochenta mil caballos y cuatrocientos mil infantes moros, contra menos de la décima parte de cristianos, siendo aquéllos vencidos con pérdida de más de doscientos mil muertos, cuando de los cristianos solo faltaron veinte y cinco.

A propósito de esta memorable batalla dice el P. Carballo en sus antigüedades de Asturias, y confirma Caunedo en su album de un viaje, «que en las altas horas de la noche que antecedió a la célebre batalla de las Navas de Tolosa, sonaron repetidos golpes en las puertas de San Salvador de Oviedo, que acudieron los sirvientes de la iglesia demandando quien turbaba el silencio de aquel santo lugar, y que les fue respondido, «que eran el Cid y el Conde Fernán Gonzalez que venían desde el cielo por singular permisión de Dios a dar aviso al Rey Alfonso IX de León, que se hallaba a la sazón en Oviedo, que marchaban en ayuda del Rey Alfonso de Castilla, el cual iba a dar una batalla a los moros.» En la noche siguiente se repitieron los golpes y los dos muertos paladines anunciaron el gran triunfo de los cristianos.

V. Rodrigo Álvarez de Asturias el 2º

De la descendencia masculina de nuestro D. Rodrigo Álvarez de Asturias, Señor de Aguilar y abuelo del Cid, hallamos primero a su hijo D. Munio Rodriguez Can, conocido más bien por el conde Muñazán, fundador como hemos dicho del convento de San Antolín, y que con su padre asistió a las Cortes que en la ciudad de Oviedo convocó D. Bermudo el gotoso para tratar cosas de la guerra contra Almanzor: y los mismos como grandes confirman una donación que este rey hizo a la Santa Iglesia de Oviedo en el año de 992. Siguen despues D. Nuño Álvarez y D. Diego Álvarez, hijo y nieto de D. Rodrigo que como ricos homes del reino firman un privilegio del Rey D. Fernando el Magno el año de 1062. Este D. Diego fue Conde y Gobernador de Asturias desde el año de 1037, al 1066 y de él fue hijo D. Rodrígo Álvarez de Asturias, el segundo de este nombre, y Señor de Noreña.

Según la crónica del Rey D. Alfonso VII el Emperador y otros autores, D. Rodrigo Álvarez de Asturias, el segundo, Conde de Noreña, viznieto del abuelo del Cid, casó con la Infanta Dª. Sancha, hija del Rey D. Luis de Francia el VI. Consta por varias escrituras que tuvo el gobierno de Asturias y se llamó conde de Asturias. Fueron sus hijos D. Rodrigo Álvarez tercero de este nombre, Alvar Pérez de Quiñones, Nuño Pérez de Quiñones y Fernán Fernández.

Alvar Pérez de Quiñones floreció en tiempo de los Reyes Alfonso octavo y Alfonso noveno, fue uno de los Señores mayores de este reino; tuvo la gran dignidad de Alferez, y el gobierno de León y Asturias, que por aquellos tiempos no podian dar los reyes otra cosa de más estima: de él descienden los Omañas y tantas casas nobles que sería nunca acabar si las refiriésemos.

Nuño Pérez de Quiñones, fue Maestre de Calatrava y asistió a la milagrosa batalla de las Navas de Tolosa el 16 de Julio de 1212.

Fernán Ferández, fue mayor del Rey, que es dignidad de las mayores del reino.

VI. Rodrigo Álvarez de Asturias el 3º

Don Rodrigo Álvarez de Asturias tercero de este nombre y Conde de Noreña, asistió a la toma de Sevilla por el Rey San Fernando.

Dice la crónica de D. Alfonso el Sabio: «que tenían los moros un puente de barcos en Triana, amarrados con fuertes cadenas y defendida con otra gruesa cadena que atravesaba el río desde la torre del Oro, hasta el Castillo de Triana, para que no pudiesen llegar otras naves e impedir el paso de gente a la ciudad; que dos capitanes marinos, Ramón Bonifaz de Santander, y Ruiz Pérez de Avilés, sobrino de Nuño Pérez de Avilés y su hermano Rodrigo Álvarez de Asturias, trataron entre sí de ver el modo de romper puente y cadenas; y que al fin, despues de muchas trazas, armaron dos naves, herradas las proas con unas aceradas crestas a manera de sierra para con ellas romper las cadenas y el puente; que los moros habiendo entendido esta traza, desde la ribera, y desde el Castillo del Oro fatigaban con saetas, dardos, hondas y otros tiros a los dos valerosos capitanes, y que al tiempo de ir por el río con sus dos naves, los moros de la ribera acudian a impedir su intento: que entonces salió con su gente de armas por tierra, el valeroso D. Rodrigo Álvarez el 3º de este nombre de Asturias, y los desbarató, matando muchos moros, con cuyo auxilio, y un viento favorable que se presentó, apechugaron las dos naves en que iban los capitanes marinos, con tanta fuerza, que no solo rompieron la cadena que atravesaba el río, sino que también desbarataron el puente de barcos, siendo fuerza para que los moros se rindiesen y entregaran la ciudad.»

Casó este D. Rodrigo Álvarez el tercero con doña Sancha de Estrada, y la memoria de partición que está al fin de la escritura y donación de doña Sancha, la cual se halla en el Monasterio de Carrizo, dice así: «los hermanos que obo Arias Pérez, e los heredamientos que le cupieron de so padre Rodrigo Álvarez, e de Sancha de Estrada so muller; a Pero Álvarez, copolo en Noreña; a Ordoño Álvarez la Tencia de Gijón; Arias Pérez obo a las Omañas; e Juan Díaz a Nava; Alvar Díaz el castillo de Ron, e por ende; a Alfonso Álvarez lo de Carvallo e Civea, e toda tierra de Cangas; a doña Anina fincó lo de Navia; e doña Inés fincó Alzada; e lo de órbigo partieron Quiñones, todos por igual, magüer que so tío Alvar Pérez se los tulló.»

De Alvar Pérez descienden todos los Quiñones, que son verdaderamente del tronco de D. Rodrigo Álvarez de Asturias, pues no era nada menos que hijo de D. Rodrigo Álvarez el segundo de este nombre, y viznieto del abuelo del Cid, y hermano de D. Rodrigo Álvarez el tercero. Tambien podemos congeturar el llamarse Quiñones, por haber quitado a sus sobrinos lo que les había quedado de sus padres en la ribera de órbigo, que quiñones se llaman las partes de la herencia iguales entre los herederos.

Don Pedro Álvarez de Noreña, hijo primero de D. Rodrigo Álvarez, fue Señor de Noreña, que era su solar, y de él descienden los Señores de la casa de Nava en Asturias, cuyo señorío tenía también. Fue notable caballero en tiempo del Rey D. Sancho el Bravo. Estuvo casado con doña Teresa, en la cual tuvo a D. Rodrigo Álvarez de Noreña, gran servidor del Rey D. Alfonso onceno; a Pedro Álvarez de Nava, de quien vienen los señores de la misma casa; a Esteban Pérez, que así se nombra en una escritura del año de 1289; y una hija llamada Dª Teresa, que casó con D. Alfonso Téllez de Meneses, hermanos de Dª Mayor Alfonso, suegra del Rey D. Sancho el Bravo. De doña Teresa de Asturias y su marido D. Alfonso Téllez, fue hijo D. Tello Alfonso de Meneses, que casó con doña María, hija del Infante D. Alfonso de Portugal, del cual matrimonio procedió doña Isabel de Meneses, que casó con D. Juan Alfonso de Alburquerque, ayo y gran privado del rey D. Pedro, como consta del árbol primero que Gudiel pone en las descendencias de los Jirones.

Don Ordoño Álvarez, segundo de los hermanos, Conde de Gijón y aun de Noreña como rezan algunas escrituras, tuvo una hija llamada doña Mayor de Asturias, que casó con D. Diego Gomez de Castañeda, que en tiempo del Santo Rey era de los ricos homes del reino: De este matrimonio proceden todos los Castañedas, y de esta señora asturiana, fue viznieta doña Mayor de Castañeda, que casó con D. Fernan Sanchez de Velasco, como refiere Sandoval en la descendencia de los Velascos.

Don Arias Pérez de Asturias a quien pone la memoria el tercero y da la herencia de las Omañas en las montañas de León, fue padre de María Álvarez de Asturias, que casó con D. Gonzalo García de Omaña, Señor de aquella tierra. Este Gonzalo era hijo de Arias Gonzalo y de doña Sancha Álvarez, hija del Infante D. Sancho Álvarez, hijo del Rey D. Fernando el segundo, y de estos proceden los de la casa de Omaña. De Gonzalo García de Omaña y de doña María Álvarez de Asturias, fue hijo García Pérez de Omaña.

Don Juan Díaz de Nava, cuarto de los hermanos que llevó lo de Nava, debió venderlo o cambiarlo, pues sucedió en Pero Álvarez su sobrino e hijo de Pedro Álvarez su hermano. Dejó dos hijos llamados Diego Fernandez y Fernando Álvarez, y una hija llamada María Díaz; hizo su testamento el año 1384, y deja a los hijos armas, lorígas, capellinos, caballos y mulas, y a la hija las vacas y sortijas y una reliquia de Ligno dómini; manda que se cobre una deuda a Rodrigo Álvarez su sobrino, y deja encargados los hijos al Obispo de Oviedo D. Fernando Álvarez su pariente.

Alvar Díaz de Aguilar, quinto hijo de D. Rodrigo, quedó en el castillo de Ron, y así mismo tenía el castillo de Orbaneza. La razón de ser Alvar Díaz, Señor de Aguilar o de aquel Castillo, fue por habérselo dado en dote con una hija suya, D. Pedro Rodríguez de Aguilar, padre de D. Rodrigo Sánchez de Aguilar, que hizo donación al monasterio de la Vega en 1253 de sus heredades del Mercado, y otra mucha hacienda. Este D. Rodrigo Sánchez fue a vivir despues a Villaviciosa siendo allí muy poderoso. Doña Aldonza de Aguilar y sus descendientes, fueron presenteros de la Iglesia de San Jorge, y llevaban todos los frutos de aquel beneficio.

Alfonso Álvarez de Asturias sexto hijo de D. Rodrigo, casó con doña María: fue su hija doña Teresa Alfonso, que casó con Ruy Gil de Villalobos, el cual dejó por heredero en su testamento, a don Rodrigo su tío, si no tuviere hijos.

Doña Eva Álvarez, que por quedar muy niña la nombra la escritura Evina, fue casada con D. Gonzalo Rodriguez Osorio hijo de don Rodrigo Gonzalez Osorio y de doña Dulce, hija del Rey don Alfonso de León, y de doña Teresa su primera mujer, como en la descendencia de los Osorios afirma Sandoval. Fue D. Gonzalo Rodríguez valeroso caballero en tiempo de D. Alfonso el sábio su primo hermano, y tuvo en su mujer doña Eva Álvarez a Rodrigo Osorio y a doña Urraca Álvarez Osorio, que casó con D. Juan Alonso de Guzmán, de quien vienen los Duques de Medina Sidonia: El D. Rodrigo Osorio fue Conde de Trastamara y tuvo por hijo a Rodrigo Álvarez Osorio, a quien llevó a criar a la villa de Navia, que era la herencia de su madre. De estos notables varones, vienen los Osorios, preciándose tanto del parentesco de los Álvarez de Asturias, que se hallan pocos desde entonces acá, que no tengan este patronímico Álvarez antes del ínclito apellido de los Osorios. De este tronco descienden los Marqueses de Astorga. Los Condes de Altamira, los Señores de Villalobos, los de Cabrera, los Riberas, los de Baldonguillo, y otras muchas casas nobles del apellido Osorio.

Doña Inés fincó alzada, y es que estaba casada y se contentó con la dote recibida de sus padres: casó con D. Juan Sanchez de Velasco, de quien tuvo un hijo llamado Sancho de Velasco. De esto infiere Sandoval–en la descendencia de los Velascos, ínclita familia de los Condestables de Castilla– ha tomado las armas y divisa D. Rodrigo Álvarez de Asturias, que son las mismas que de los Quiñones.

VII.Rodrigo Álvarez de Asturias El Cuarto

Terminaremos este largo capítulo con D. Rodrigo Álvarez de Asturias el cuarto de este nombre, hijo de D. Pedro Álvarez de Asturias y de doña Sancha, porque también ya el ilustre apellido de los Álvarez de Asturias, acabó en este concejo en el primer tercio del presente siglo, con la muerte de D. José de Nava Álvarez de Las Asturias y Llanes, vecino que fue de Vidiago.

Segun afirma Yepes y confirma Rendueles en su historia de Gijón, D. Rodrigo Álvarez el cuarto, era adelantado mayor de León y Asturias, rico hombre de Castilla, Señor de Noreña, Gijón, Aviles, Trastamara y otras villas, y del muy antigüo solar de los Álvarez, descendiente de los Infantes D. Ordoño el ciego y doña Cristina. Como había servido al Rey D. Fernando cuarto, le dió este monarca a Rivadesella y Nava con otras mercedes, siendo también Señor de Colunga por compra a Don Alonso Beltran. Fue así mismo uno de los más notables varones de las más graves y poderosas personas y de más cuenta que había en el reino.

Siguieron éste D. Rodrigo y los asturianos la voz de la Reina doña María, abuela del Rey y del Infante D. Pedro, por ser el que más convenía al reino.

Estando la ciudad de León por la parcialidad del Infante D. Juan, entró en ella con gentes de guerra Don Rodrigo Álvarez de Asturias, y se apoderó de sus torres, dándolas en tenencia a Pedro Menendez de Guzmán, con obligación y pleito homenaje de que no las entregaría a nadie sino al mismo Rey en teniendo edad para recibirlas. Murieron los curadores, y sucedieron el infante D. Felipe y D. Juan Manuel, estando presente al tomarles la jura D. Rodrigo Álvarez, Señor de Noreña. Tuvo necesidad don Felipe de entrar en León a fuerza de armas y para conseguirlo llevó consigo a D. Rodrigo Álvarez, con cuyo favor se apoderó de ella, y a él se la entregó para que la defendiese, y tuviese para el rey, de quien fue despues gran servidor en paz y en guerra. También cuando el rey llevó a su hermana a Burgos, para casarla con rey de Aragón, le acompañó D. Rodrigo Álvarez de Asturias; y por todo se conoce el alto lugar que tenía entre los grandes este valerosísimo asturiano, que venció a Ozmin, Caudillo de los moros, en el cerco de Tecca, en un asalto muy peligroso. Tuvo así mismo del Obispo de Oviedo las encomiendas de Llanera y las Regueras.

Fue casado D. Rodrigo Álvarez de Asturias con doña Isabel de la Cerda, nieta del infante D. Fernando de la Cerda que pretendía el reino, de quien vienen los Duques de Medinaceli.

En una señora llamada doña Sancha, tuvo un hijo llamado Alvar Díaz, que murió en días de su padre, y dejó otro hijo que se llamó Pedro Álvarez de Asturias y fue valeroso y esforzado capitán, que murió en la guerra de Algeciras, herido de una saeta en la cabeza, por encima de una capellina. Sobrevivió nuestro Don Rodrigo Álvarez de Asturias a su hijo y a su nieto. Dejó por heredero de su solar de Noreña, con su mismo apellido y armas y la hacienda de Siero a Fernan Rodríguez de Villalobos, hijo de Rui Vigil de Villalobos y de doña Teresa Alfonso, hija de Alfonso Álvarez y de doña María, tíos del mismo D. Rodrigo: pero despues por testamento de 6 de Agosto de la era 1369, o sea el año de Jesucristo de 1331, instituyó por heredero al Infante D. Enrique, hijo del Rey D. Alfonso el onceno y de doña Leonor de Guzmán, que era Conde de Trastamara y Lemos y Sanabria, adoptándole por su hijo, y así quedó por Conde de Noreña, donde despues se amparó de la persecución del rey Don Pedro su hermano, medio único por donde vino a alcanzar la corona de estos reinos.

Dice Sangrador y Vitores en su historia de la administración de justicia en Asturias, que algunos años despues que D. Enrique ciñó la corona de Castilla, hizo donación de aquella villa a su hijo natural D. Alonso Enríquez; mas como se revelara con su hermano D. Juan primero, éste le confiscó todos sus bienes, y en las cortes que celebró en Segovia el 20 de Septiembre de 1383, dio el Condado de Noreña al Obispo de Oviedo D. Gutierre de Toledo, y desde entonces, todos los prelados de esta Santa Iglesia llevan el título de Condes de Noreña, cuya donación escrita en pergamino se conserva en el archivo Episcopal.

Dejó además este insigne varón D. Rodrigo Álvarez de Asturias, cuantiosas limosnas a todos los monasterios y malaterías que existían desde Valladolid a Oviedo: muchas misas, mandas de castillos y señoríos, y grandes haciendas, muriendo sin sucesión el año de 1370.

Resulta de todo por conclusión, que Llanes fue la cuna de don Rodrigo Álvarez de Asturias primero de este nombre, como lo fue de su hija doña Teresa madre del Cid, y que de estos troncos proceden las más ilustres y poderosas familias que hoy forman la grandeza de la córte, y de la España entera.

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