Apuntes de Llanes

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Capítulo I, Libro II

Fortificaciones, Municipalidades y Hermandades

I. Fortificaciones

Si grande y poderosa fue la Villa de Llanes con sus antiguos Señores los Condes, no lo fue menos, la villa y Concejo, hasta el siglo XVIII, con las franquicias y libertades de su fuero, y con la munificencia de los Reyes que la dispensaban todo género de privilegios, y la exoneraban de muchas cargas que sobre otros pueblos pesaban. Así lo atestiguan la Torre fuerte, con su foso, que a guisa de gigante se levanta desafiando a los siglos, y de la que era Alcaide Juan Pariente de Llanes, y después sus sucesores los Condes de la Vega de Sella; las almenadas murallas y torreones que ostentan; el fuerte o casa del rey; y los baluartes o fortines consagrados a defender el puerto, y que con dificultad se puede hoy formar idea de lo que fueron, por la gran modificación que han sufrido. También lo atestiguan las ruinas de los castillos que se levantaban en las cimas de las montañas de Soberrón y de Ráles, y las atalayas en todos los puntos salientes de la costa del Concejo.

Cuatro puertas tenían las murallas; una al Oriente llamada de San Nicolás, cuyas llaves guardaba el mayordomo del Gremio de Mareantes; otra al Poniente, llamada puerta de villa, por ser la principal; otra al Sur, nombrada de Los Remedios, o más comúnmente del Llegar; y otra al Norte. De estas tres puertas guardaba las llaves el Juez o Alcalde de la municipalidad. La Puerta del Llegar, recibió este nombre por que por allí entraban en la Villa, los que a ella venían de la parte oriental, pues no habiendo entonces puente en la ría, se atravesaba por barcas que salían de lo que hoy es barrio de las barqueras, y arribaban a la misma puerta de los Remedios, sobre la cual existía una capillita con aquella advocación.

El fuerte estuvo artillado hasta los primeros años del presente siglo, con cuatro cañones de a veinte y cuatro; los baluartes y fortines, con cañones de a cuatro y de a ocho. Más adelante hablaremos del buen servicio que hicieron el fuerte y los cañones en defensa de la villa.

II. Municipalidad

El municipio establecido en Llanes desde que se le concediera el fuero, se componía de diez individuos de libre elección; dos con el cargo de Jueces de villa y Concejo, presidiendo el primero; cuatro regidores; un Alférez mayor o procurador general; dos diputados y un síndico personero del común. De estos oficios, servidos todos por nobles, por ser muy reducido el número de plebeyos, los cuatro últimos, con más un Juez y dos regidores, se elegían anualmente por la villa y sus arrabales, y el otro Juez con dos regidores, por el Concejo, dividido al efecto en quintas, que nombraban en su turno los valles de Ardisana, Mijares, Pendueles, Posada y San Jorge. Los oficios públicos de Alferez mayor y de los cuatro regidores, fueron vendidos más tarde, en 1585 por el Rey, en 600 ducados el primero, y 200 cada uno de los otros; pero quince años después los redimió el Ayuntamiento, quedando así suprimidos los cargos Concegiles perpetuos, siendo nuevamente de elección popular.

Los Jueces de casi todos los Concejos de Asturias, escepción de Cangas, Tineo y Llanes, solo tenian jurisdición para conocer en lo civil, en primera instancia, cuya cuantía no escediéra de quince mil maravedis; y los litigantes que se consideraban agraviados por las providencias de estos Jueces podian apelar al Corregidor, quien tambien conocia en primera instancia, a prevención, con los Jueces ordinarios, reservándose a la chancilleria de Valladolid, el conocimiento de los de mayor cuantía, y casos de Corte. Aunque la segunda instancia dentro de los limites marcados correspondia esclusivamente al Corregidor, este, en virtud de las amplias facultades de que se hallaba investido, delegaba su jurisdición en los Alcaldes mayores de apelación, que conocian en segunda instancia, en algunas villas del Principado.

Gozaron siempre este privilegio las Villas de Cangas, Tineo y Llanes, y se nombraba uno de estos funcionarios para las dos primeras, y otro para la tercera, con iguales atribuciones que el Corregidor, y residencia fija en ellas, o en alguno de sus respectivos Concejos.

Las sentencias o providencias de estos Alcaldes mayores, eran apelables al Corregidor del Principado.

El Alcalde en Llanes, tenia facultades para actuar, no solo en lo civil, sino tambien en lo Criminal, viniendo a desempeñar las funciones de un verdadero juez, sin perder por ello su caracter esencialmente administrativo: siendo al mismo tiempo fieles guardadores de todos los derechos, fueros y preeminencias del Concejo, sin permitir que por nadie se vulnerasen ni quebrantasen tan sagrados principios. Como prueba de ello, citaremos el siguiente caso.

La Señora DĒ Bernarda Pérez de Bulnes, viuda de D. Diego de Posada Harnero, como madre tutora y curadora de su hija mayor Doña Rosa Maria de Posada, acudió a S. M. por medio de la chancilleria de Valladolid en 17 de Agosto de 1703, acompañando una relación de ciento diez fincas sitas en el concejo de Onís, y en el Valle de Ardisana de este Concejo de Llanes, pidiendo acción y demanda por caso de Corte, contra D. Antonio del Rivero Posada, D. Pedro de Posada Madrid, D. Pedro de Posada Pariente como marido de Doña Manuela de Junco, D. Diego de Posada Pariente como marido de Doña Manuela de Posada Madrid, D. Pedro de Estrada, D. Felipe Rivero, D. Gonzalo Pérez de Bulnes, Don Juan de Posada Estrada, D. Felipe Soto, D. Felipe Harnero, y otros, ascendientes todos del D. Diego de Posada Harnero, cuyas vinculaciones y papeles habian desaparecido repartiéndose los bienes entre sí los herederos y sucesores. En virtud de tal demanda, se despachó real provisión con fecha 31 del mismo mes de Agosto de 1703, cometida al Escribano de Cámara de la Real chancillería, D. Juan Suárez Lavarejos, para notificar y hacer las diligencias de emplazamiento, en todos y cada uno de por si de los llevadores intrusos. El citado Escribano de la Camara, notificó a los llevadores vecinos de los Concejos de Onís y Rivadesella, pero al intentar hacerlo en este de Llanes, el Alcalde o Juez entonces, interpuso su veto amparado en los fueros; prohibió, al Escribano de Camara la práctica de ninguna diligencia, y nombró para cumplimentar la Real provisión, que acataba y respetaba como de su Rey y Señor natural, a un Escribano de los de número y Ayuntamiento, del concejo, quien efectivamente hizo todas las notificaciones y practicó todas las diligencias.

III. Hermandad de Defensa

Los Concejos de Oviedo, Aviles, Tineo, Lena, Colunga, Puebla de Gijón, Cangas, Puebla de Pravia, Rivadesella y Puebla de Llanes, con los de las Provincias de León y de Galicia, representados en las Cortes de Valladolid, convocadas por el Rey Don Fernando IV el 12 de Julio de 1293, se vieron en la necesidad de formar hermandad, contra el elemento aristrocrático, por la lucha valerosa y continua que con él tenía, para hacer guardar sus fueros, privilegios, buenos usos, costumbres y libertades. La introdución del acuerdo que se tomó y firmó, da una idea bien triste de la situación de los pueblos congregados. Dice así. Veyendo et catando et membrandonos de los muchos desafueros et muchos daños, et muchas forcíes, et muertes, et prisiones, et despechamientos sin ser oidos, et deshonras, et dotras mucíos cosas sien guisa que eran contra Justicia, et contra derecho et contra los fueros de cada uno de los lugares, et gran daño de los reinos sobre dichos, fasta este tiempo que comenzó a regnar este Rey D. Fernando nuestro Señor...– Se obligan, estos Concejos a defenderse mutuamente, y establecen graves penas contra los que se aparten o dejen de cumplir lo convenido.

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