Apuntes de Llanes

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Capítulo I, Libro III

Convento de monjas Agustinas

La joven doña María Pelaez Escobar, hija lejítima de D. Juan Pelaez de Posada y de doña María de Escobar, naturales de la villa de Llanes, y emparentados con las más ilustres familias de villa, vecinos de Villalon en la provincia de Valladolid, profesa en el Monasterio de Agustinas Recoletas de dicha ciudad, el día primero de Enero del año de mil seiscientos sesenta y uno, adoptando el nombre de Sor María de Santo Thomé.

Su virtud acrisolada y sus cualidades relevantes, le proporcionaron muy pronto el aprecio y consideración de sus superiores, y de las más distinguidas personas.

Tanto le hablaron sus padres y otros llaniscos, que continuamente la visitaban, de la belleza de este rincon de Asturias, que concibió el proyecto de fundar aquí un convento; previa las necesarias licencias de los superiores de la órden, no solamente por el favor que entre los mismos tenía, sino por el apoyo de las personas más ilustres.

El 13 de Julio de 1662, abandonó el claustro Vallisoletano, acompañada de tres hermanas profesas que se llamaban Sor María de la Encarnación, Sor María Agustina de Jesús y Sor Magdalena de Jesucristo, con más dos legas, Sor María de San Gabriel y Sor Ines de la Encarnación, entrando en Llanes el día cuatro de Octubre siguiente, y siendo recibidas con las mayores muestras de alegría y satisfacción, hospedándose en la casa palacio conocida por el Cercado, fundada por el docto y versado en letras humanas don Pedro Junco de Posada, Presidente de la Chancillería de Valladolid y Obispo de Salamanca, y habitada entonces por el señor don Pedro de Posada Argüelles y doña María de la Espriella Brabo de Hoyos su lejítima esposa.

Pronto se dió comienzo a la construcción del convento, para cuyo emplazamiento, el de su hermosa y espaciosa capilla, y el de las huertas que le circundaban, cedió sus rentas la cofradía de San Roque; el Obispo de Oviedo, el uno y medio quintos que de los diezmos de la parroquia de Llanes le pertenecían; los ilustres señores don Gregorio de Inguanzo, don Pedro Gomez de La Madrid, don Juan de Rivero y Posada, don Pedro de Posada Argüelles, don Juan de Valdés Junco y otros muchos, terrenos, fincas y donativos en metálico; los demás vecinos también contribuyeron con su óbolo, con materiales, y con su trabajo personal.

Muy luego se dió por terminado el edificio y capilla en el sitio de las Pedrayas, extramuros de esta villa; y el día de la instalación lo fué de gozo para los religiosos moradores de ella.

El Clero del distrito, presidido por su arcipreste, decano del cabildo de Beneficiados de Llanes, se dirigió procesionalmente, acompañado de inmenso gentío, desde la Iglesía parroquial al reciente construido monasterio, en cuyas puertas fué recibido por Sor María de Santo Tomé, las tres hermanas profesas y dos legas, con otras varias jóvenes que profesaron en manos del anciano Arcipreste, a la conclusión de los divinos oficios celebrados con la mayor solemnidad y pompa.

Apenas instalado este monasterio, se extendió por toda la provincia su fama, y la Municipalidad de Gijón, accediendo a reiteradas instancias de sus administrados, solicitó de Sor María de Santo Thomé, por medio de una comisión, que pasase a aquella villa a convento, para lo cual habían allegado suficientes recursos, y contaban además con la caridad del vecindario nunca desmentida.

Al propio tiempo el Obispo de la Diócesis señor Riquelme, con las licencias necesarias, que consiguió a fuerza de intrigas y de influencias poderosas, se presentó en el convento, para que la nueva comodidad se instalase en la capital de la provincia. Opusiéronse a ello tenazmente los hijos de Llanes; y la venerable Superiora, viendo que eran inútiles las razones expuestas al Prelado en contra de su pretensión, en un arranque de inspiración divina le suplicó que antes de llevar a efecto su órden, celebrase el sacrificio de la Misa en la capilla del Monasterio. Hízole así el Prelado, asistiéndo a él todas las religiosas, cuyos fervientes ruegos consiguieron del cielo, que el Diocesano desistiera de hacerlas abandonar su santo retiro.

Sor María de Santo Thomé, con tres de sus hermanas, marchó luego a Gijón y fundó el monasterio, cuya instalación autorizó con su presencia en Octubre de 1669, el Obispo señor García Pedrejón.

Mas de dos siglos habitaron el convento de Llanes las monjas agustinas, sostenidas con los recursos que cada una aportaba por vía de dote, con las limosnas del vecindario, y con los donativos de otras personas piadosas, mereciendo especial mención el de treinta mil reales que hizo el señor don Juan Gonzalez Ahedo, natural de la Borbolla, por su testamento otorgado en Sevilla ante el notario don Pedro Leal, el 6 de Mayo de 1754, con la sola carga de que por la comunidad se rezase una salve diaria perpetuamente en favor de su alma. A fines del año de 1809 se vieron obligadas a abandonar su tranquilo convento de Llanes por haberle convertido los franceses en cuartel, al posesionarse de la misma villa, retirándose a Caldueño donde ocuparon por espacio de dos años la casa del Doctor don Domingo Enrique de Puertas, Abogado de los Reales Consejos, Arcediano de Benavente, Canonista eminente, Maestrescuela, Provisor y Vicario general de Oviedo y su obispado y Rector de su Universidad literaria, cuya casa puso generosamente a disposición de las monjas.

Las leyes desamortizadoras del presente siglo, han arrancado sus bienes y propiedades a esta comunidad de Religiosas consagradas exclusivamente a la oración: bienes y propiedades que habían llevado de las casas de sus padres, y no bastando aun este despojo, se las expulsó de su santo retiro el 13 de Noviembre de 1868, haciéndolas marchar solas y abandonadas a sus fuerzas, para unirse a sus hermanas de Gijón, excepto una, que anciana y enferma, fue recojida por una piadosa señora en su propia casa, y en la que a pesar de los cuidados y auxilios que se la prodigaron, rindió su alma al esposo amado.

El convento sirve en el día de Colegio para primera y segunda enseñanza de niños; y una parte de sus huertas, para paseo y jardines, en donde se levantó la estatua del Excmo. Señor don José de Posada Herrera, que fué inaugurada y descubierta el 16 de Septiembre de 1893.

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