Apuntes de Llanes

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Capítulo IX, Libro III

El Gremio de Mareantes

Historia

Dice un escritor contemporaneo, que todos los pueblos, los hombres y las existencias todas, tienen una ley biológica que preside e influye en su desenvolvimiento, equivalente a los eslabones de una cadena más o menos larga, cuyo extremo inicial es el nacimiento, su medio el apogeo de su existencia, y su extremo final la muerte; y nada mas exacto: en lo efímero de nuestra vida, llegámos a ver realizados los resultados de esa ley eterna e invariable. ¿Quien en su rápida peregrinación por la tierra, no ha tenido por desgrácia ocasión de oir, o conocer a una familia pobre en el nacimiento, que crece rica y en la opulencia, a la que sucede por fin una posterior decadencia, que termina por sumir a aquella, en la mas lamentable estrechez, y en la mas triste y completa miseria? y esto mismo tiene una aplicación directa a los pueblos e instituciones todas, por que todo cuanto se conoce, se halla ineludiblemente sugeto a los efectos de la misma causa genérica aparte de otras específicas.

Tal ha acontecido a la villa de Llanes y su concejo, que de la prosperidad que alcanzó, se encuentra en la actualidad abatida y postergada; pero si nuestros augurios se cumplen, y las creencias no nos engañan, no está lejos el dia en que vuelva a brillar para ella el sol de una acción benéfica y provechosa, que rompiendo los espesos cendales que la entoldan, y levantándose como el áve Fenix de entre sus cenizas, vuelva a figurar en el mundo de la verdadera civilización, a que de justicia está llamada, por su historia y tradición, juntamente con sobrados títulos, a que sus condiciones la hacen acreedora.

Mas esto no implica en manera alguna para que, en la eventualidad de que nuestro pensamiento sea un sueño, y la idea que abrigamos una quimera, se pierda y confunda nuestra mente en un caos de consideraciones, contristando el alma al evocar el ayer de nuestra Marina, próspera y rica, sumida hoy en agonizante y rastrera postración, síntomas precursores de su desaparición no lejana.

Para persuadirse de ello, bastaría abrir las páginas de la Historia del Gremio de Mareantes de Llanes, y conocer sus antiguas ordenanzas aprobadas por los Reyes Católicos, reformadas sucesiva y posteriormente en los años de 1492?1574?1608, y en varios otros de los últimos siglos, pero para mayor satisfacción, veremos de justificar la verdad de estas líneas con incontrastables argumentos.

II. Franquicias y Constituciones

Por virtud del fuero que el Rey don Alfonso IX de Leon otorgó a esta villa en 1168, le fueron dispensados a sus habitantes, como puede verse en el Capítulo IX del libro primero de estos apuntes, muchos e importantes privilegios y exenciones, que no podian menos de labrar su preponderancia y valimiento. Entre aquellos se contaban el de Portazgo, Montazgo, Treintenazgo, Peage, Castillage, Fonsadera, Boda, Nuncio y Mañeria, que les concedía el derecho de pasar libremente sus abundantes y esquisitos pescados a los mercados de Castilla.

Con tales beneficios, al par que ningun punto de la costa cantábrica podia competir con el de Llanes, máxime atendiendo a la superior calidad del artículo que ofrecía, vino por otra parte a servir de fundamento al desarrollo e importancia que alcanzó la pesca. tanto, que sin ambages puede decirse componia por si la única industria del pueblo, motivo ocasionál del comercio que a su sombra fué tomado extraordinarias proporciones.

Merced al trabajo tan asiduo y lucrativo, surgió la riqueza, a cuya influencia se vió aumentar considerablemente el vecindario y la Marina, de tal modo, que en las levas de los años de 1665?1667 y 1674, correspondieron a Llanes sesenta y cinco marineros; ascendiendo el número de estos en el año de 1696 a doscientos veinte y ocho que, aparte de los veinte y dos que estaban al servicio de la Armada, se distribuian en la siguiente forma: 141 avecindados en la villa, 49 en Niembro, 14 en Barro, 6 en Celorio, y 18 en el valle de San Jorge, según así resulta de una lista formada en el mismo año por el Mayordomo de la Cofradía de Marcantes de San Nicolás.

Su poder lo manifestaron al construir la espaciosa casa llamada del Gremio, donde se reunían para celebrar las juntas y tomar sus acuerdos; levantando también en el siglo XV. la capilla que aún existe, unida a la misma casa, bajo la advocación de Santa Ana, venerándose en la misma su patrono San Nicolás.

Segun las constituciones por que se regían, el Mayordomo y los dos Alcaldes de mar, eran elegidos por suerte de entre los marineros, gozando el primero, como privilegio esclusivo, el ser custodio de una de las cuatro llaves correspondientes a igual número de puertas de la muralla de la villa, llamadas Puerta de Villa, del Llegar, de San Nicolás y del Norte.

Además gozaban los individuos de tal cofradía varias gracias, como son: llevar el Viérnes Santo en procesión el lienzo con que se desciende el Cristo de la Cruz; conducir las imágenes de Jesus Nazareno, Jesús en el Calvario, y el Santo Entierro; y ser portadores en todas las procesiones de dos grandes Pendones, verde el uno, y encarnado obscuro el otro.

También los Estatutos les imponían la obligación de asistir personalmente todos los socios a las procesiones generales de parroquia, y sufragar los gastos de procesión, misa solemne, y festividad de Santa Ana y de San Nicolás.

III. Abundancia de Pescado

Llegaron a adquirir tal renombre los pescados de Llanes, que aun en el día corren por algunos mercados y especialmente en el de Madrid con él de La florida de Llanes.

Aquí, entre otras infinitas clases para el consumo ordinario, se cogía langosta, abadejo, mero, congrio, merluza, atun, besugo, bonito y sardina, que se escabechaba en su mayor parte para remitirlo fuera, conservándose aun en el barrio de las Barqueras algunas de las casas donde se confeccionaba, así como también las destinadas a extraer de la Ballena la grasa, cetáceo que igualmente pescaban sus marinos. Bien es verdad que a tal objeto estaban dedicadas de 17 a 20 lanchas de altura, independientemente de varios pataches que hacían el comercio de cabotaje; pero no es menos cierto tampoco, y así lo confirman la profusión de lanchas que de todo el Cantábrico acuden a nuestra costa, que ésta ha sido siempre un venero inagotable de riqueza.

Comprueba el hecho de que las aguas de Llanes fueron en todos tiempos muy abundantes tambien en cetáceos de grandes dimensiones, la relación inserta en la Gaceta oficial de Madrid del 7 de Febrero de 1800, páginas 105 a 107 donde se lee lo siguiente: «Puerto de Llanes en Asturias, 15 de Enero de 1800. En 10 de este mes vararon en el arenal del abra de San Antonio en la parroquia de Nueva de esta jurisdición, más de 400 cetáceos de los que segun el conde de Bufón se conocen por Souffleurs o Marsouins y en esta costa vulgarmente por bufandos, a causa de que bufan reciamente al respirar, arrojando con violencia un gran golpe de agua por un agujero que tienen sobre el hocico.

«Los descubrió un muchacho, que huyó a su vista espantado de los fuertes latigazos que sacudían en la arena con sus largas colas, y de los broncos bramidos que daban, algo semejantes a los del jabalí acosado, o del toro herido, y aumentaban a proporción de sus apuros, al verse fuera del agua y hostigados por los paisanos de la comarca, que al ruido acudieron en tropel con sus palos y hóces a acabarlos de matar antes que la mar volviera a arrebatarlos, como sin embargo lo hizo, al parecer, con más de 300. El estrépito y bramidos fueron tales, que su ruido llegó a percibirse por la noche a manera de un trueno sordo y lejano a distancia de dos y tres leguas. Fueron 138 bufíos los que quedaron en seco y se pudieron aprovechar por el vecindario de dicha parroquia. Eran todos de una especie, pero variaban en su tamaño, pues los había desde seis pies de largo hasta veinte y dos; la piel, de un negro caido muy suave; en el hocico el agujero por donde respiran y arrojan el agua con que contrapesan su enormidad, y aunque su corte en lo demás so asemeja al atun, son mas tendidos desde el lomo a la cola. Se distinguen perfectamente los machos de las hembras, notándose en estas pechos y leche para lactar y criar, como se nota en todas las especies de ballenas. Se ignora la causa que pudo precipitar a tan numerosa tropa a dejar su natural elemento, para embarrancarse en la costa, pero es probable que dimanase de venir perseguida del esperón o pexe?espada, su capital y más temible enemigo. Los prácticos en esta especie de pesquerías, aseguran que de los referidos peces cogídos, podían sacarse de utilidad en grasas y espermaceti, mas de mil doblones; pero se dificulta que por la ignorancia de los que las cogieron, en el modo de beneficiarlos y por la falta de utensilios para ello, saquen las ventajas que pudieran lograr de esta casualidad.« -?Sigue la Gaceta dando reglas acerca del modo de beneficiar esta pesca.

IV. Marinos Ilustres.

Otra de las concausas del desenvolvimiento de la marina, fué sin genero de duda, la afición que entonces despertaba aquella y a la que se hallaban consagrados jóvenes de las principales familias, orgullo del pueblo que arrulló su cuna.

Son dignos de singular mención entre otros muchos señores:

Hernán Sanchez Calderón que sirvió a Carlos V en 1535 con dos navios de guerra en la jornada contra Barbarroja cuando ganó a goleta Tunez.

Don Fernando de Posada, Almirante de la escuadra, que en compañía del Adelantado, Pedro Menendez Aviles, concurrió al escubrimiento de la Florida, y falleció el 13 de Diciembre de 1575.

Don Joaquin de Posada Rivero, Teniente de Navio de la Real Armada.

Don José Gómez de La Madrid, Alferez de mar y guerra, que sirvíó en compañia del Almirante don Juan Cordero de La Madrid, su tio, Caballero que fué del Habito de Santiago desde 1675 a 1677 y falleció en campaña.

El Coronel don José Pariente del Habito de Santiago, que en tiempo de Carlos II fué Capitán de Artillería y General de las Galeras de Nápoles en 1697: y en el de Felipe ll, Gobernador del castillo de Bayá en Nápoles, y trajo a bordo de su galera la capitana, desde Villafranca de Niza a Marsella, a la Reina Luisa María Gabriela de Saboya, para casarse con el mismo Rey Felipe. Fué Gobernador político y Militar de Jeréz de los Caballeros, y de Merida, donde murió.

Don Simón Martinez, natural de Póo, Capitán e Intendente general de las fábricas de bajeles del reino en el Ferrol que falleció en la Coruña en Noviembre de 1700.

Don Ignacio Duque de Estrada y Queípo de Llano, Brigadier Comandante del Navio Santa Isabel, en el bloqueo de Gibraltar en 1781.

Don Garcia Gonzalez de Valdés, muerto sobre el real de Gibraltar y cuyos restos se trageron a Oviedo.

Don José Gómez Inguanzo, Alférez, de mar y tierra.

Don Joaquin de Posada Diaz de Guiana, Teniente de Navío de la Real Armada.

Don Pedro, don Bartolomé y don José de Posada duque de Estrada, hermanos, y Alféreces de Navío y de Fragata.

Don José Fernando de Posada Castillo, Caballero de la Real y militar Orden de San Hermenegildo, Capitán de Navio de la Real Armada y subinspector de marina del departamento de Cadiz.

Don José de Posada Iriarte, subtenlente de la brigada Real de marina.

Don Blas Alejandro de Posada Herrera caballero oficial de la Real Armada, que falleció en naufragio.

Don Manuel Maria de Colombres y Pariente, Teniente de Navio, Ingeniero ordinario de la Real armada, y que falleció en Llanes al finalizar el primer tercio del presente siglo XIX, siendo Gefe Militar de Marina de su puerto y distrito.

V. Protectores de la Marina de Llanes.

Aunque no pertenecientes a la carrera marítima, merecen los honores de la publicidad, y que sus nombres vivan siempre en la memoria de todo llanisco, por la protección, grandes servicios e inmensos beneficios que hicieron a la villa y concejo, e importantes a la pátria los siguientes ilustres personajes.

El señor Licenciado don Juan de Barreda y Corro, Alcalde mayor de S. M. del partido de Llanes, y vecino de esta villa, casado con doña Mencia de Valdés, hija mayor y sucesora en las casas y mayorazgos de Valdés y Harnero: partido que comprendía en aquel entonces, los doce concejos de Llanes, Ribadesella, Caravia, Colunga, Parres, Cangas de Onis, Piloña, Caso, Ponga, Amieva, Onis y Cabrales, por acuerdo en junta general del Principado, a la que como a todas las demás celebradas, asistió el mismo señor; siendo este partido el tercero de los siete en que se dividió la provincia, y ocupando el segundo asiento en aquellas juntas: fué Regidor perpétuo de esta villa de Llanes y de la de San Vicente de la Barquera, y de ambas Juez noble muchas veces.

Por las disposiciones de este ilustre Caballero, hizo el sacrificio Llanes de armar y tripular cuatro galeras, para formar parte de la Armada invencible contra Inglaterra, que en Julio de 1588, fué deshecha por los temporales en el Canal de la Mancha.

Además, merced a la buena dirección e instrucciones del mismo Sr. se ha defendido este puerto en 1597, logrando libertar unos navios que se veían asediados por pertinaces enemigos de la corona.

También en 1602, ha hecho otros servicios y donativos a S. M. por sí, y por los demás vecinos, mereciendo recibir las gracias de los superiores y manifestación del real agrado.

Don Juan de Rivero y Posada, de talento nada común, y amante de las glorias de su pueblo, como los hechos han demostrado, fué repetidas veces Juez y Regidor de esta villa y concejo de Llanes. Siéndolo en los años de 1635 y 1637, hizo diferentes servicios a S. M. en la guerra que había entonces con la Francia, resistiendo varias invasiones de los enemigos, que intentaron hacer desembarco en este puerto y abras de su jurisdicción y disponiendo tambien las cosas, que se les apresaron dos barcos franceses, con la gente que intentaba el desembarco y saqueo de la villa, por cuyas acciones le dió las gfacias en nombre de S. M., a medio de cartas, don Pedro Alarcón de Ocón, Gobernador político y militar, y capitan a guerra de este principado. En 1643 fué llamado por carta del mismo Gobernador y del Obispo de Oviedo para consultarle varios negocios de la mayor confianza del servicio de S. M., y también para su dirección, en ocasión de las mayores urgencias de la Monarquía, y en las juntas generales del Principado, a que asistió algunas veces por la villa y concejo de Llanes, en compañía de su hermano don Alonso de Rivero, promovieron siempre el mayor servicio de S. M. y la de donativos voluntarios que entonces se ofrecieron.

El año de 1683, siendo D. Antonio Rivero y Posada, Capitan de las Milicias del valle de San Jorge, título que le fué conferido por la Reina Gobernadora en 1674, y que supo hacerse digno de él en los 37 años que le desempeñó, mereciendo, por el tino y acierto que tuvo en tan árdua y espinosa comisión, los plácemes de aquella augusta Señora, habiendo intentado desembarco en estas abras tres embarcaciones francesas armadas en guerra, supo rechazarlas merced a las acertadas disposiciones que dió, a lo que contribuyó poderosamente la distribución de sus garitas y atalayas para comunicarse en casos necesarios, y a la solicitud de los valientes y aguerridos Milicianos que se aprestaron sin pérdida de tiempo a la defensa.

Nuevos laureles estaban reservados a este Señor, que no tardó en conquistar, cuando en 1692 ejerció el cargo de Juez y Regidor de esta villa y su concejo. Para su mayor gloria, la suerte le hizo acercar a la vista del puerto tres grandes navíos, dos de guerra y uno de comercio, al que aquellos pretendían dar caza: con la premura que el caso exigía, dispuso se saliera en su ayuda, con instrucciones tan atinadas, y tan acertadas disposiciones, que a las lanchas y marineros de Llanes les cupo la fortuna de salvar al navío comerciante español, y conducirle al puerto, juntamente con una barcaza de gente enemiga, que sin duda era el desalojo que habían hecho los buques piratas para dar más pronto alcance a su presa, consiguiendo al propio tiempo ahuyentar con notables pérdidas al enemigo, después de una tarde de incesante cañoneo hecho a la villa, cayendo en ella gran porción de balas, con que querían vengar los muchos daños que nuestros aguerridos y bravos paisanos, protegidos por la artillería del fuerte o casa del rey, les habían originado.

El señor D. Joaquin de Rivero Gómez de La Madrid y Posada a quien Dios prolongó la vida mas de cien años, alcanzando a ver tres siglos, para que mas tiempo egercitase el bien, fué Juez repetidas veces de esta villa y su concejo.

Estando ocupando tan noble cargo en 1726, y apareciendo a seis leguas de distancia de este puerto la escuadra inglesa mandada por el Almirante Genignis, ordenó que al instante salieran dos lanchas tripuladas convenientemente al reconocimiento de aquella, adelantándose una de ellas a dar parte al Comandante de Santander, a donde llegó algunas horas antes que la escuadra. No esperó don Joaquin el resultado de tal suceso, sino que de seguida dió cuenta al Marqués de Castelar, Secretario de la Guerra, y al Regente del Principado, quienes se congratularon de tan activo y diligente patricio.

Previsor siempre, y como medida necesaria para en casos imprevistos, mandó guarnecer dicho señor Rivero la costa por trescientos milicianos, y no transcurrió mucho tiempo sin que la ocasión estimase e hiciese apreciar el valor de tales disposiciones, pues declarada la guerra al Inglés en Septiembre del año de 1739, los marineros de este puerto apresaron en alta mar un bergantin cargado de bacalao, cuyo importe percibió la Hacienda y Almirantazgo, y que por cierto subió a la regular suma de doce mil pesos. El buque se destinó al Real servicio, haciendo diferentes viajes de aviso a Indias.

Agregando a estos méritos, los que contrajo mientras ocupó el cargo de Juez imparcial, especie de subdelegado de Marina doce años, ora conservando a los marineros en los privilegios y exenciones que el Rey les había dispensado, ora cortando los pleitos y cuestiones que entre ellos se suscitaban, oyéndolos vervalmente para evitarles gastos, e interviniendo en los procesos judiciales, particiones, inventarios, licencias, despachos, &c.,sin exigirles costas, ni derecho alguno, lo que explica que en sus días, se hicieran seis levas de marineros a pesar de ser tan repetidas y de tanta gente, resultará evidentemente probado que durante la vida de este señor, fué cuando más explendoroso brilló el sol para esta Marina, señalando en el cenit del porvenir la muerte de él, la hora del ocaso de ésta. Hasta aquí los protectores de la marina de Llanes.

VI. Decadencia de la Marina

Varias fueron las causas que labraron la decadencia de la Marina de Llanes, pero entre las específicas, tuvieron una parte muy directa la falta de franquicias que el Fuero otorgaba, el rigorismo con que los sucesores Jefes trataban a sus subordinados, las inuchas y múltiples levas, y la excesiva emigración, sangría de que hoy se resiente toda España, y que de no tomar serias medidas, la industria, la agricultura, el comercio, el futuro en fin de aquella, nada tiene de halagüeño. Todos estos motivos pues concatenados, vinieron a hacer olvidar hechos tan gloriosos, y que tanto lustre dieron a la marina llanisca, trayendo como consecuencia lógica su decaimiento primero y su ruina después, estado en que aun permanece en la actualidad.

Ahora, como generalmente acontece, que al lado de la ventaja está el inconveniente, y como es condición precisa para que haya mérito, que preceda el sacrificio, de aquí que todas esas glorias alcanzadas por el arrojo y patriotismo de nuestros marinos, no se hayan conseguido sin que tuviéramos que lamentar alguna pérdida y llorar algunas víctimas. Entre otras muchas que no hemos podido poner en claro se cuentan, Esteban Cubillas que falleció cautivo en Argel a mediados del siglo XVII; a Pedro Marcos, marido de Ana María Sánchez; Antonio del Capellán, marido de María Guerra; Lucas de Marcos, marido de Josefa Mijares; Pedro Pérez, marido de María Cruz Quintana; Mateo del Castillo, marido de Juana Sánchez; Miguel de la Fuente Rivero, marido de Josefa Harnero; y Pedro García, marido de Antonia Sánchez, que perecieron ahogados al principiar el segundo tercio del pasado siglo, y por cuyas almas se hicieron solemnes honras en nuestra Iglesia parroquial.

VII. Abandono Del Puerto.

Por lo que atañe al puerto, sigue idéntica suerte que ha corrido la marina. No se nos oculta, ni ocultarse puede, que lo que es malo por naturaleza, siempre habrá de adolecer en su esencia de este defecto; pero no admite discusión, que todas las cosas materiales son perfeccionables, y que los medios de que el hombre puede hacer uso, son muy poderosos para que no se deje sentir su influencia en los objetos, ya pensando, ora reproduciendo, ya trasformando. Verdad que este puerto siempre ha sido estrecho de boca y asaz peligroso; pero no lo es menos que antiguamente, no hace más de medio siglo, tenía calado bastante para que fondeasen dentro de él buques de doscientas toneladas y aun más. ¿Es posible esto actualmente? En manera alguna, lo que indica el abandono y descuido en que está, nunca comparable con la policía, vigilancia y aseo de antes. ¿Qué importa que en el siglo último y en los anteriores se arase su fondo cada dos años, para que removidas las arenas fuesen arrastradas por el rió y baja mar; que se prohibiese arrojar una piedra al ribero, y se vedase cerrar y tomar marismas si tiempo había de venir en que se truncasen todos estos principios, y como vilipendio de ellos, se permitiese hacer huertas, estrechando el cauce de la ribera, y depositar en el fondo porción de escombros, todo a ciencia y paciencia de los señores Ayudantes Jefes del Puerto, que miraron estos abusos con criminal indiferencia?

Desde principios de este siglo, más bien desde hace cuarenta años, el agua salada bañaba las casas de todo el lado N. de la Ribera, desde el Puente a la Fuente, excepto las dos pequeñas huertas que guardaban las de Argüelles y Robledo. Hace también cuarenta años, que desde la desembocadura del Puente por el Mediodía, hasta la parte del E. de la casa vulgarmente llamada de la Macovina, la misma agua salada lamía la carretera delante de la casa de D. Ramón Sánchez, por el centro de la nuevamente construida de don Domingo Sordo y costado O. de la de Ruenes, resultando que la mar invadía toda la plazuela y mercado de las Barqueras, la carretera actual y la casa y huerta llamada de las Marismas, disecadas estas hace ocho años, privando a los vecinos de una fuente abundante que allí brotaba.

Deplorable es en verdad el estado de nuestro puerto, pero mas si se considera que mucho se pudo hacer en su favor y no se hizo; que alcanzó tiempos bonancibles, y que como fuegos fatuos brillaron ante su vista sin dejar rastro de su ser; que la importancia de la villa exige reformas en él, y el municipio no puede costearlas; que con más derecho que otros puertos se podía recabar del Gobierno algún auxilio para su mejora; y que dividido el pueblo por la gangrena política, sus fatales resultados se están palpando, que todos son óbices y todo rémoras para la consecución de cualquiera mejora.

VIII. Puerto de 2º Orden y Proyectos de Reforma.

El 22 de Mayo de 1885, nuestro diputado don Alejandro Mon y Martínez, presentó a las Cortes de la Nación una proposición de ley, incluyendo el puerto de Llanes entre los de segundo orden, al tenor de la ley de 7 de Mayo de 1880. El 22 fué apoyada, y tomada en consideración por el Congreso de Diputados, se nombró una comisión compuesta de los señores Sanchez Bustillo, presidente, Mon, Mendoza Cortina, Campogrande, Tuñón, Marqués de Vadillo y Varona para dar el dictamen correspondiente. La comisión, después de haber examinado el asunto con todo detenimiento propuso el siguiente proyecto de Ley. «Articulo único. Se considera adicionado al artículo 16 de la Ley de 7 de Mayo de 1880 como de interés general de segundo orden el puerto de Llanes en la provincia de Oviedo«. -?Aprobado por el Congreso el 26 del mismo Mayo, pasó al Senado que con las mismas formalidades aprobó también el proyecto, y S. M. la Reina Regente le sancionó como Ley del Reino.

Los que nos interesamos tanto por el pueblo, que recuerdos tan gratos e imperecederos atesora, no podemos menos de congratularnos de tan trascendental mejora, que viene a dar poderoso impulso a nuestro comercio y a señalar los comienzos de una acción benéfica, saludable a los interes de la localidad, por lo que esta vivirá siempre reconocida a cuantos tomaron parte en la consecución de tal pensamiento. Ya hemos palpado en alguna parte los beneficios, pues la consignación que el Estado señala en sus presupuestos para la conservación y mejora de estos puertos se invirtió en levantar medio metro más que lo estaba el muelle llamado la Ramblina, y un metro el de las Barqueras, haciéndoles accesibles a las descargas de buques, sin que se inunden, como antes sucedía, en las crecidas mareas, y facilitando la entrada de carros desde la calle de las mismas Barqueras, lo que hasta ahora era muy difícil sino imposible.

Otra mejora más importante y trascendental para el puerto se ha iniciado ya. En la sesión que celebró nuestro Ayuntamiento el 7 de Julio de 1887, bajo la presidencia del señor Alcalde don Juan Gornez Cué y con asistencia de diez y ocho concejales, se leyó una proposición del que entonces lo era y esto escribe, pidiendo que el municipio se sirviera acordar, que una persona facultativa estudiara las obras de mejora del puerto de esta villa, entre las cuales, se citaban la limpieza del mismo, elevación de los muelles, unir el de las Barqueras al de Santiago prolongándole hasta la cueva de San Antón, volar la Osa o unirla por un espigón a la punta del caballo, y otras que, aunque se omitían, no eran menos necesarias; y que con el plano se acudiera a la Superioridad, única manera de alcanzar el objeto indicado, y prestar al comercio, a la industria, a la sociedad de Náufragos y a la humanidad un servicio tan indispensable como necesario. Otro concejal, el señor Labra, manifestó, que de hacerse los estudios por el Ayuntamiento, no podría éste sufragar los gastos que debían ser de mucha consideración, y que en su concepto, estando clasificado el puerto de segundo orden, procedía se gestionase constantemente, valiéndose de personas influyentes, para que por el Gobierno de S. M. se costeasen dichos estudios: y el Ayuntamiento así lo acordó. Esto no obstante, la comisión de presupuestos del mismo Ayuntamiento, de la que el que esto escribe formaba parte, logró incluir en el adicional de 1888 a 1889, mil quinientas pesetas para los primeros gastos de estudio y mejoras del puerto, porque veía que del Gobierno nada se conseguiría a este fin, y de conseguirlo se haría interminable el asunto.

La Junta directiva de la sociedad de Salvamento de Náufragos, al ver que transcurría el ejercicio económico, y aun el período de ampliación casi por completo, acudió al Ayuntamiento suplicando se nombrase una comisión encargada de gestionar la urgencia en el estudio de las obras de mejora del puerto, dictar las órdenes convenientes al objeto de hacer efectiva la consignación incluida en el presupuesto adicional de 1888 a 1889, y que se hiciera otra consignación en los nuevos presupuestos municipales de la cantidad mayor que permitiesen las atenciones, para invertirlas en los mismos estudios.

El Ayuntamíento celoso por cumplir lo que con tanto empeño reclamaba la opinión, creyó muy prudente, antes de contratar el estudio del proyecto, de caracter privado en verdad, obtener una garantía de su eficacia, y al efecto solicitó y le fué otorgada una resolución ministerial, declarando que el Estado haría suyo el proyecto una vez aprobado por los centros correspondientes como si se hubiese ejecutado por los funcionarios públicos a quienes la ley encomienda esta clase de trabajos. Con esta seguridad, la corporación municipal, encargó los trabajos de estudio al ilustrado y activo ingeniero Sr. D. José Rivera, quien en los primeros meses del año de 1893, los dió por terminados, hallándose en la actualidad con favorables informes, pendiente de otros, y de la aprobación superior.

Las obras segun el proyecto se reducen:

1º A la construcción de un dique entre la punta del Caballo y la Osa, que sirva de defensa a las naves contra las fuertes mareas del cuarto cuadrante.

2º A dos muelles de atraque que formarán las dársenas del Sablín y de la Concha, con destino a las naves de seis a ocho pies de calado y a las lanchas de altura.

3º Obtener en el cauce de la ria, nueve pies de calado a la entrada del Puerto, y O. en el Puente en la baja mar equinocial, de suerte que en la misma baja mar, puedan entrar y atracar a los citados muelles, barcos de 7 y 8 piés de calado, siendo por tanto accesible la dársena del Sablin, en las bajas mares ordinarias, a los de diez y once pies.

4º Demoler el Espigón antiguo y rectificar la dirección de los otros muelles que hay a la márgen derecha de la ria; para regularizar su cauce.

5º Del Puente, partirá una carretera, que siguiendo a lo largo del muelle de la Concha, lo enlazará en el Sablin, prolongándose la vía hasta la media luna, donde se hará una esplanada con la rasante del muelle.

Y 6º Otro camino menos ancho enlazará el Espigón de la Osa con la referida esplanada, de modo que haya facil comunicación entre el Puente y el extremo del dique, en que quedará un espacio para depositar la lancha y aparatos de la Sociedad de Salvamento.

Si esto se realiza como deseamos, grande y trascendental será la mejora por nosotros iniciada, que Llanes reciba.

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