Apuntes de Llanes

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LII. Arbolado, Cultivo y Ganadería

(Capítulo X, Libro III)

Subdividida en remotos tiempos la propiedad, el fomento de la agricultura tenía que ser mayor que en los actuales, pues la ciencia económica ha demostrado hasta la evidencia, los defectos de toda producción en que no interviene el estímulo del interés personal, pudiendo en vista de esto asegurarse con ingenuidad, que aquél es poderoso aguijon que vence todo obstáculo, por insuperable que aparezca y por invencible que se muestre; y esto está en la conciencia de la generalidad, pues es natural que el aliciente ha de ser mayor o menor, segun que la cosa sea propia o agena; por de pronto tenemos, que la persuación de que no ha de ser en vano el trabajo que empleémos, y que las mejoras que hagamos han de redundar al fin en nuestro beneficio, despierta más el incentivo, y se trabaja con más gusto y fé en la espectativa de la remuneración.

No sucede así cuando, con ocasión de el nacimiento de los señoríos, de los feudos y vinculaciones, fué la propiedad reconcentrándose en pocas manos, y a ellas ligándola, impidiendo la circulación tan necesaria para la vida de la sociedad; pues entonces como el vasallo estaba a merced de la volatil voluntad de su señor, trabajaba sí, pero con vista al presente y no al porvenir, por que la inseguridad le hacía ser egoista, exprimiendo el jugo, y esquilmando en su provecho la finca, a costa del menos cabo de esta, en cuyo favor cedía toda mejora que se hiciese, razon para que nunca se llevara a cabo.

De esta suerte se explica la decadencia que ha venido notándose en el arbolado, siquiera en estos cincuenta años últimos, parezca iniciarse una reacción favorable, principalmente en los frutales.

Como una triste prueba de lo que queda dicho, baste recordar, que el año de 1752, se impuso por el Gobierno, a fin de corregir tanto abandono, una contribución a todos los vecinos del Concejo, consistente en tres robles anuales, que les era obligatorio plantar en una de las veinte dehesas o viveros reales establecidos con tan plausible fin. No faltaron empero subterfugios, para que la mitad del vecindario pudiera eximirse de cumplir lo ordenado; tanto, que en el año de 1769 descubrió el Visitador general de Montes, prévio recuento la falta de 69.577 robles, además del talado y descortezo de otros útiles; lamentándose el citado señor de la neglicencia de estas autoridades, en no castigar tamaños abusos, y tolerar el no cumplimiento de lo por la superioridad acordado.

Sin embargo, el descuido siguió siendo cada dia mayor, y sino díganlo esas escuetas lomas que hoy vemos, ornadas ayer por expesuras de robles y castaños; patentizalo Toró convertido en extensa vega de maiz; exprésalo Tiebes, un dia todo árboles, utilizándose alguno de ellos para la construcción de la Escuela pública de niños de esta villa en 1757, y hoy pelada pradería, y por este estilo, mucho de lo que antes formaba frondoso valle o inaccesible monte.

Bien es verdad que cuanto cuidado se puso por conservar el arbolado fué perdido, pues la ley desamortizadora de 1855, considerando las Dehesas como bienes del Estado, sin razón para ello, procedió a su venta, ingresando su valor en las arcas del tesoro; decimos sin razón por que tratandose de terrenos comunales propios de los pueblos, comprados a particulares otras veces por el mismo pueblo, y por él esclusivamente administrados, sin ausilio ni cooperación del Estado, en virtud de las donaciones y privilegios Reales, era natural y justo calificarlos propios del municipio, y de él solo disponibles. Pero quizá falta de oportunas reclamaciones hayan influido muy mucho en privar al concejo de un ochenta por ciento del capital considerable que aquellos representaban.

Mas nó es esto solo, sinó que en los desventurados tiempos por que atravesamos, hálla el labrador más obstáculos, y se hace su vida más difícil, sin duda por que polillas que nunca faltan, se complacen en roer su apoyo, y por este medio destruir su poderosa ayuda ?-la ganadería-?, denunciando como propiedad del Estado terrenos exclusivamente de los pueblos.

En efecto, no es que pretendamos las derrotas o abertura de las heredades decretadas por los Reyes Católicos en 3 de Noviembre de 1490 a consecuencia de la conquista de Granada, y que solo las circunstancias del momento pudieron legitimar, nó; queremos con la ley de 3 de Enero de 1873, abolir aquella traba que tantos males acarreó a la agricultura por su larga duración, por que consideramos que las tierras acotadas, son una valla insuperable para que el ganado no destruya en un instante la obra de muchos dias, lo que mataría el estímulo al trabajo; pues segun el insigne Jovellanos «el aprecio de la propiedad es siempre la medida de su cuidado, y el hombre la ama como una prenda de su subsistencia, porque vive de ella; como un objeto de su ambición por que manda en ella; como un anuncio de su inmortalidad por que libra sobre ella la suerte de su descendencia, pues el amor, -?concluye dicho castizo escritor-? es la fuente de toda buena industria, y a el deben los prodigiosos adelantamientos que el ingenio y el trabajo han hecho en el arte de cultivar la tierra«.?-

Despues de tan atinadas razones, nada queda ya que decir sobre el particular: pero sí haremos constar, que nunca cupo en el criterio de tan célebre asturiano, que la tal medida fuera general y absoluta, porque a él, no se ocultó indudablemente que todos los extremos son viciosos, y que si pernicioso fué que un dia se favoreciera la ganadería, con patente perjuicio de la agricultura, no lo es menos que ahora se pretenda favorecer esta con el sacrificio de aquella. Nosotros pensamos que ambos signos de riqueza son hermanables y pueden caminar a la par, si se les comunica igual impulso.

Para conseguir esto, no es el medio mejor, el comenzar denunciando las dehesas, borizas, términos, pastos y estensos terrenos consagrados a la ganadería conceptuados por tradición inmemorial y por pragmáticas de los Reyes como comunes propios de estas aldeas, y exentos de la desamortización, en virtud de varios expedientes que se instruyeron del 60 al 70, y del 86 al 90, con aquel objeto, nó. Y como, si con ello se atenta contra el único y salvador recurso que tiene el labrador en años de escasez? Y cómo, si sobre la desaparición de este medio, vé el pobre levantarse en el porvenir los mefíticos vapores de la miseria que ha de respirar? ,Y como, en fin, si la falta de aquella esperanza para en circunstancias anormales, necesariamente le ha de presagiar un nada alhagüeño futuro, vislumbrando allá en lontananza un confuso caos y eterna tristeza, como habría de quedar la tierra si algun dia se llegarse a despeñar el sol en los profundos abismos del mar?

Tómense pues medidas contra esos perturbadores del bien estar, que así se complacen en la ruina de sus vecínos, y el dia que por desgracia llegase a ser un hecho lo que hoy apuntamos, defiéndase por quien cumple, nuestros derechos contra el Estado que decretó la desamortización, por que dicho se está, que de llegar a verificarse la venta de esos terrenos, solo los ricos llegarán a adquirirlos y sería ridículo que la ley patrocinase y fomentase lo que ella misma rechazó.

Antes del siglo XVI, cosechábase en esta comarca trigo, escanda y cebada, que alternaba con el panizo y mijo, pagándose, segun costumbre entonces un celemin mediado de escanda y panizo cada año, por cada día de bueyes de 1936 varas cuadradas, o sean 13 áreas 55 centiáreas; pero idénticas causas a las que prepararon la ruina del arbolado, influyeron también, a parte de otras especiales en la adversa suerte que siguieron estos frutos; as que sobre el año de 1845, con motivo de la importación de las harinas de Castilla, decayó por completo el cultivo de aquellos, sembrándose tan solo por algunos colonos lo necesario para satisfacer la renta en especie, aunque a contar desde este año, los propietarios comenzaron a exigir metálico.

La renta creció con el precio de la propiedad, tanto, que el dia de bueyes que en el siglo XVI se compraba por cuarenta y cuatro reales vellón, y rentaba un celemin mediado, o sean cinco a siete reales próximamente, cuesta hoy cuatro mil y mas reales, y renta sesenta hasta ciento cuarenta. Este valor exagerado nació con la desamortización, pues los veinte plazos en veinte años para el pago, era un estímulo; y luego con ocasión de las infinitas cargas con que se halla gravada, y que al fin todas vienen a pesar sobre el infeliz colono, por que si un dia de bueyes de buena tierra y bien cultivado solo produce en años de abundancia, que son los menos, diez y seis a veinte celemines de maiz, valor aproximado doscientos reales vellon, que producto le queda después de satisfacer ciento o mas de renta, para su trabajo, cultivo, abonos, siembra y pago de las contribuciones? Ninguno, puede decirse, y de ahí la vida estrecha y de sacrificio en el trabajo que llevan y por él mártires. Téngase muy en cuenta que el labrador, lo mísmo que el colóno, tiene que satisfacer a sus expensas los gastos de conservación y reparación de ganados, cercas, arbolados, caminos y aperos de labranza; y para colmo de males, el fisco, el municipio y la provincia le ostigan y acosan haciendole pagar la prestación personal para si y por sus hijos mayores de diez y seis años; las cédulas personales para sí, para su esposa y para sus hijos de ambos sexos mayores de catorce años; por la carreta con que acarrea; por la yunta con que cultiva y trabaja; por territorial esta misma yunta como ganadero; por los productos de leche, queso y manteca que vende; por lo que mata para su alimentación; por la finca que él abona, por los productos de esta finca; por el arbolado frutal de ella; por los frutos de estos árboles; por el consumo de todo; por industrial si vende, y en fin por otras mil cargas y gavelas que pesan sobre el labrador. Y que sin embargo, se pretenda arrebatarles los pastos comunales, en los que cifran la esperanza de sus ganados, es incomprensible!

La castaña y nuez, que fueron un dia el principal alimento de la familia, ván también desapareciendo, ora por que mucho se destruye para construcciones, ya por que nada se planta; pero no por eso se amilanó el ánimo del labrador, que con una constancia y virtud grande, por que el trabajo virtud és, volvió sus ojos a las Castillas como nuevos y límpidos horizóntes que le propinaba el destino, y en ellas encuentra por ahora, lo preciso para la renta, contribuciones y satisfacción de lo más indispensable en la vida, miciitras la mujer, interín la emigración veraniega dura, hace las veces del hombre, encargándose de todos los trabajos agrícolas.

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