Apuntes de Llanes

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Capítulo XV, Libro IV

Centros de Contratación

I. Ferias

Desde antiguo, ha sido privilegio exclusivo de la Corona la creación de Ferias y Mercados, mas en 1853, por Real decreto, se concedió a los Ayuntamiento esta gracia, bajo la aprobación del Gobierno provincial, facultades que en absoluto adquirieron aquéllos, por la Ley orgánica de 20 de Agosto de 1870. Desde entonces, a los Ayuntamientos incumbe promover tales reuniones por los beneficios sin cuento que traen, por que con el concurso y afluencia de gente, se estrechan más las relaciones de los pueblos, y por que estimulando la producción, se aumenta la oferta abaratando los productos, y ésto es causa de mayor demanda.

En ningún tiempo escasearon las ferias en el concejo de Llanes; pero sea la falta de protección que se les dispensó, sea la carencia de condicionalidad que reunían, es lo cierto que en el trascurso de muy pocos años, desaparecieron unas, para surgir otras como se verá para más claridad en el siguiente cuadro.

Ferias de tres o más días

En 8 de Díciembre.–La Concepción en Llanes, creada en el siglo XV, y que acabó en el siglo XVII.

El 13 de Diciembre.–Santa Lucía en Bricia (Posada), establecida en el siglo XVI.

El 6 de Febrero.–Santa Dorotea en Balmori, creación del siglo XVII.

El 23 de Abril.–San Jorge de Nueva, en el año de 1795.

El 8 de Mayo.–La Aparición de San Miguel en Ardisana, creada el mismo año de 1795.

El 28 de Septiembre.–San Miguel Arcangel de Ardisana, en el mismo siglo XVII.

El 11 de Noviembre.–San Martín de Nueva, también del año de 1795.

La más antigua de las ferias de este concejo de Llanes, era la de La Concepción, 8 de Diciembre, en la villa, y murió en el siglo XVII, contribuyendo a ello muy poderosamente por su proximidad, la de Santa Lucía, 13 del mismo mes.

Ninguna de estas ferias disfrutaba franquicias, pues en todas se pagaba la Alcabala que D. Alfonso XI estableció en el siglo XIV, hasta que fue refundida en la contribución de consumos por la Ley de presupuestos de 23 de Mayo de 1845.

Posteriormente creó el Ayuntamiento cuatro nuevas ferias, dos en la villa, los días de «San Felipe», 1º de Mayo, y «La Concepción», 8 de Diciembre; una en Vidiago, «La Paz», el 24 de Enero, y otra en Pendueles, «San Acisclo», el 17 de Noviembre; pero con tan mal acierto, y tan poca fortuna, que murieron al nacer.

Existían desde antiguo ferias de un solo dia en San Antolín, San Pedro de Vibaño, Santiago de Posada, San Felipe de la Galguera, El Cristo del Camino de Llanes, y otras muchas que hoy han quedado reducidas a simples romerías.

De todas las antiguas ferias atrás enunciadas, a excepción de las de Santa Lucía y Santa Dorotea, las demás han decaido bastante de la importancia que antes tenían.

II. Mercados.

La atmósfera reformista y dada a la novedad que caracteriza estos tiempos modernos, no podía menos de aspirarla el Ayuntamiento, y consecuente con ella, prodigar y hacer alarde de verdadero lujo, creando porción de Mercados sin miras conocidas, y no decimos sin conciencia quizá de lo que hacía. El pensó para sí, los beneficios que proporcionan son grandes, y basado en esta medida de que si dos producen como cuatro, cuatro producirán como dieciseis, se dijo, cuantos más mercados, mayores serán las ventajas que disfrutemos: ¡error crasísimo que no retardó sus fatales resultados! por que ¿a quién no se le advierte que todos los extremos son viciosos, y que esa liberalidad lejos de ser util y conveniente, ha venido a servir de fomento a la vagancia y holgazanería, cánceres que aniquilan la producción y aumentan extraordinariamente el valor de las cosas? Además, tan cerca y tan seguidos, era dificil la vida por carencia de medios, y de ahí vino la prematura muerte de los de Vidiago, Meré y otros, víctimas de simple consunción; y los de Posada y Nueva que quedaron, dieron margen a la relajación de costumbres. Explica ésto la falta de vigilancia, nunca mejor ejercida, como a nadie se oculta, y tampoco más eficaz que en las capitales donde están las autoridades que velan por el orden, y castigan el mal apenas se exterioriza, amén de las utilidades que ofrece al labrador, que al par que vende sus productos, arregla los asuntos que tenga pendientes con el Juzgado, Administración, &c.

Dos mercados existían de antiguo, y ambos en la villa, que eran los jueves y domingos, y por motivos que se ignoran, aquél pasó al sábado en 1843 sin razón ninguna para ello. En 1886 conoció el Ayuntamiento su error, y volvió a cambiarle del sábado al jueves, que es como continúa y debe continuar, porque se consiguen dos objetos: 1º, atraer los compradores alentados por la esperanza de el de Posada en caso de no proveerse en Llanes del ganado necesario, y en el supuesto contrario, volverse a sus casas, evitándose nuevos gastos, y 2º, facilitarles un itinerario sin irrogarles perjuicio alguno, porque tienen la ventaja de recorrer todos los mercados de la parte oriental de Asturias y aprovecharse de ellos. Y en efecto, llegando los obligados o compradores a Llanes el jueves, comprarían en este mercado, y seguirían al de Posada el viernes, a Nueva el sábado, a Cangas de Onís el domingo, al Infiesto el lunes, a Pola de Siero el martes, y a Oviedo o vuelta a Llanes el jueves.

Lástima grande que toda la parte del concejo oriental de Posada, mire con indiferencia el mercado del jueves en la villa, por la Comodidad y ventajas que le proporcionáría el aprovecharse de aquél, cuando no pudieran vender en éste.

Resulta pues de todo lo indicado, que si al municipio toca fomentar estos concursos, jamás prodigar debe su erección por los perjuicios que traen, pues una cosa es el uso y otra el abuso, procurando ante todo mirar las necesidades de cada pueblo donde se establecen, y principalmente como cualidad si ne qua non y esencialísima, la condicionalidad, garantía única de su larga existencia.

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