Apuntes de Llanes

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Capítulo XVIII, Libro IV

Llanes y sus costumbres

I. Llanes.

Como último capítulo de estos mal hilvanados apuntes, cúmplenos decir algo de la villa de Llanes y su concejo, así como de las costumbres antiguas y modernas de sus habitantes; y por la deficiencia que ha de ofrecer el cuadro, remitimos al original a cuantos quieran conocer el más precioso jardín que esmalta la Corona del Principado, llenándole de orgullo, y una de las regiones más pintorescas de Asturias.

Reclinada muellemente sobre el mar que lame su costa arrullando su sueño; bañada por el cristalino y manso Carrocedo que fertiliza su orilla, y cuyas ondas de plata discurriendo por entre chopos y espadañas y fomando en su marcha vistosas cascadas, piérdense al fin en el seno del Cantábrico: con flores en profusión tapizando sus campos y embalsamando con embriagadores aromas su puro ambiente. Seculares robles y encinas y añosos castaños, a cuya sombra halla el caminante descanso y un lenitivo contra los ardientes rayos del sol en el estío: Atalayas levantándose aquí y allí, y escombros de otras más allá, tema muchas veces para inspiradas novelas: Campiñas siempre verdes, valles dilatados y frondosos, y paisajes estúpendos por conceptos mil, semeja Llanes, encantada comarca, embellecida más y más por las expléndidas armonías que el pájaro iríodula en la espesura con lenguaje no aprendido, el estridente chirrido del insecto que se arrastra por la tierra, el dulce balar de la oveja que pastea en la montaña, el azul mate de los cielos, la benignidad del clima, y en fin y en prodigioso conjunto, por la infinita variedad, dentro de la más admirable rmonía que atesora.

Antes que nosotros pensáramos ocuparnos de estos apuntes, ya el eminente y laureado poeta D. José Zorrilla, en el prefacio de su «Cantar del Romero» que escribió entre nosotros en los meses de octubre y Noviembre de 1882, cuando por primera vez nos visitó decía: «Harto de andar en Madrid, tras de mí todavía no acordada y, prometida pensión; harto de zarzuelas sin música y sin poesía, de toros muertos a volapié, después de diez pases de pecho, diez de tejón, diez arrastrados y diecisiete incalificables, por celebridades taurómacas, para quienes fueron niños de teta desde Romero y Costillares hasta Montes y el Chiclanero; harto de los berridos de gañotillo, los meneos de lupanar y los salvajes pataleos de lo que se llama cante y baile flamenco; harto de todo el gárrulo ruido de discursos y guitarreos y del ardillesco movimiento y bárbaro tecnicismo de lo chulo que hoy priva, y harto en fin de timadores, espadistas y rateros sueltos, todo lo cual compone la espuma del vicio tolerado por la justicia y mimado y celebrado y caido en gracia por los que creen que la gracia constituye la base del carácter de nuestro pueblo y que los españoles somos el más gracioso del universo, me acordé de una invitación que de tiempo atrás me tenía hecha mi amigo Manuel Madrid, de ir a pasar unas semanas en su casa solariega de Asturias, me salí de Madrid sin decir esta boca es mía, y del tren de Santander descendí en Torrelavega, donde atrapé la vetusta diligencia de Santander a Oviedo, y en el pescante de tan desvencijado vehículo, di conmigo en Vidiago; lugarejo que por mitad divide el camino real pocos kilometros antes de cruzar a Llanes. En Vidiago tenía mi amigo su casa; y desde el primer día de mi estancia en ella, comenzó a gustarme la pintoresca situación del pueblecito de Vidiago, entre las montañas y el mar, cuyo móvil y azulado lomo, cuya espuma y cuyo rumor se percibían desde los balcones de mi aposento. En cuanto el tiempo nos lo permitió, comenzó mi amigo a darse el placer de enseñarme su tierra, y yo a encantarme recorriendo aquellos montes cuajados de seculares encinas y robustísimos castaños, aquellos maizales sonorosos, tendidos como tapices en las hondonadas de los valles, aquellas rocas escarpadas y cortadas a pico sobre aquel mar rara vez en caliria, y aquellos horizontes rematados por un lado en el círculo del agua y por el otro en apilados montes, cuyas espaldas parece que guarden los embreñados Picos de Europa. Desde lo alto de aquellos derrumbaderos, veíamos el puertecito en miniatura de Llanes, patria y solar de los Posada Herrera, los peñascos de Covadonga. las avanzadas rocas que resguardan la regenerada Comillas, hoy viuda de su opulento regenerador, y hasta la punta en que se destaca el faro de Santander sobre el gigantesco mogote de Santoña, envuelta en la bruma, último término de tan inmenso cuadro. Allí respiré a pleno pulmón, un aire vivificador, perfumado con el olor de las agrias manzanas, los acres nogales y los frescos castaños, y cargado de las salinas emanaciones del mar. Comenzo mi amigo a mostrarme los fenómenos geológicos de aquellos peñascos cuajados con hierro y carbón de piedra, aquellos páramos de riquisinios pastos, y aquellos pueblecillos metidos entre árboles, cuyas casas blancas diseminadas sin orden entre su verdura, parecen desde lejos palomas anidadas y corderos recostados entre la hierba. Aquella paz tranquila de la campesina vida, sin robos y sin quimeras, aquel contínuo y pausado paso de las carretas chirrionas de ruedas sin rayos, aquellos cantares melancólicos de los pastores y las labradoras que limpian los maizales y recogen las mazorcas, aquellas frescas y rollizas muchachas, coloradas como las manzanas de sus pomares, aquellos viejos con sus monteras de pico y con sris ruidosas almadreñas, aquella gente franca y cordial que me saludaba sonriendo, sin asombrarse de mi legendaria perilla ni de mi facha tan diferente de su pintoresco traje, me trajo más de una vez a los ojos lágrimas de envidia a su vida pacífica y patriarcal. Poco a poco fui sondando aquella capa de poesía, y al apercibirme de la realidad que bajo de ella fermentaba, lamenté que el error, la preocupación y la rutinaria costumbre les impidiera convertir su pintoresca tierruca en el más rico paraiso. Si el progreso y el Confort modernos hiciesen de Asturias una Suiza Española, y aquellos sombríos y opulentos hijos de Albión pudieran, como lo desean. venir a ella como vienen sus barcos a sus puertos, seguros de hallar albergue cómodo, sería aquella una deliciosa oira de veraneo, y allí se quedaran tal vez y a la larga, a pesar de la moda y de la ruleta, los centenes españoles que se quedan en Biarritz y en Spa en compañía de las inglesas esterlinas.»

II. Ordenanzas

En los pasados siglos, todos y cada uno de los pueblos del concejo de Llanes se reoian por ordenanzas especiales, que hacían Ley para sus vecinos, pero las más notables, entre todas éstas, eran las que se observaban en el pueblo de Cué, inmediato a esta villa, hasta que fueron modificadas por otras ordenanzas el 26 de Abril de 1774.

Tenemos algunos datos de aquéllas, y varrios a permitirnos extractarlas para que se juzgue de su sencillez y de su bondad.

Después de invocar el santo nombre de Dios y de su Santísirna Madre, se ordena: Que el dia 1º de Enero de cada un año, y a propuesta de cuatro hombres buenos de los más ancianos del pueblo, que presidirán siempre las juntas como jueces, y que sus pareceres serán inapelables, se nombren por el pueblo dos celadores, para celar, guardar y hacer cumplir las ordenanzas y disposíciones que emanen de la justicia.

Los celadores para reunir al vecindario, le habrán de llamar tafiendo la campana de la antigua capilla llamada la verdadera Cruz, tres veces, y a intérvalos de un cuarto de hora de toque a toque, para que todos los vecinos a su sonido, aun los más distantes, acudan inmediatamente al sitio de costumbre donde se celebran sus reuniones, pena de dos cuartos a los que se retrasen o no asistan.

Teniendo en cuenta que la mayor parte de los vecinos eran braceros que se ocupaban en ganar un jornal se prescribla que las juntas generales tuvieran efecto después del toque de oraciones.

El vecino que no coneurria a las Juntas, no hallándose indispuesto o ausente, pagaba dos cuartos por su falta la primera vez, doble por la segunda, y cuatro reales por la tercera, dando cuenta además a la justicia ordinaria para su castigo como rebelde.

Si resultaba impedimento en un vecino para su asistencia a las juntas, tenia que sustituirle el hijo mayor legítimo o político que hubiera cumplido diez y ocho años de edad, y podia votar en su nombre los acuerdos que se adoptasen.

Estando en concejo, singuno seria osado a jurar el nombre de Dios, el de su Santísima Madre y el de los Santos, pena de cuatro reales por cada vez que lo hiciese.

Cuando algun vecino quisiera hablar en conce o, tenía que pedir licencia a los celadores, sin la cual nadie podia usar de la palabra.

Ningún vecino podia desmentir a otro en concejo, ni tratarle mal de palabra u obra, y el que lo hiciera, incurría en la pena de dos reales, y doble si reincidia, estando muy reconiendado a los celadores el cumplimiento de este artículo con el mayor rigor.

Los celadores tenian obligación de rondar de noche y vigilar el pueblo, denunciando a cualquiera vecino o persona que lleváse vida desarreglada para hacerla volver al buen camino; y a los que encontrasen en calles, portales o cantones en conversaciones prohibidas, llevarlos a la carcel pública, pidiendo auxilio si fuera preciso, hasta entregarlos a la Justicia ordinaria. También los mismos celadores tenian el cargo de sostener el orden en el pueblo, así que todo vecino que promoviese alboroto y a la intimación del celador no se retirase, tenia que pagar cuatro reales de multa; y todos los vecinos estaban obligados a auxiliar a dichos celadores, a su intimación, bajo la multa de ocho reales.

Cuando alguno queria entrar como vecino del pueblo, tenia que pedirlo a los celadores y al vecindario, y solo eran admitidos los que acreditaban su buena vida y costumbres.

El hijo de vecino que tomaba estado y habitaba con su padre legítimo o político, si este era impedido o sexagenario, quedaba sugeto a las cargas vecinales del pueblo para conservar los frutos, las propiedades, y el servicio del comun de vecinos.

El que tomando estado queria ser considerado como vecino con sus cargas y beneficios, estaba obligado a presentarse a los celadores para el empadronamiento, quienes le expedian título de su inscripción, sin cuyo requisito no podian gozar ningún beneficio procomunal.

A ningun vecino era permitido colocar en el pajar que estuviese pegante a cocina propia o agena, yerbas, pajas, ni ninguna clase de efectos que pudieran dar motivo a producirse un incendio y el infractor tenia que pagar de diez a cien reales de multa, sin perjuicio de la responsabilidad a los daños que irrogase.

Nadie podia llevar fuego de una a otra casa en pajas o tizones, sino dentro de una madreña cerrada o en una olla o puchero de barro, pena de doce cuartos la primera vez, y doble la segunda.

Considerándose el trabajo como fuente de la riqueza pública, y deseando armonizarle con la caridad cristiana, estaba dispuesto, que cuando ocurriese algun fallecimiento, todos los vecinos ue pernoctasen aquel dia o la noche en su casa, tenian obligación precisa de asistir a la conducción del cadaver, exequias de cuerpo presente y sepultura. Si el cabeza de familia no se había hallado en su casa, le sustituiría su esposa, y en su defecto la persona mayor de la misma casa bajo la multa de ocho reales.

Ningún vecino o hijo de vecino, cuando era llamado por alguina persona de la familia del finado, o por los celadores, podia negarse a ir por las andas o féretro, y cargar con el cadáver hasta darle sepultura, bajo la inulta de doce reales, pues por este acto de misericordia, tenían los mozos desde inmeniorial tiempo, el derecho a que el matrimonio niás antiguo les diese la casa y derechos para celebrar la fiesta de los aguinaldos desde Natividad a Reyes.

Estaba prohibido todo aprovechamiento que no fuera por vecindad y en reunión de vecinos por partes iguales, de pastos, rozos, leñas, hojas, etcétera, excepto aquellos que se hallasen dentro de propiedades particulares cerradas.

Cuando una familia de menor edad quedaba huérfana de padre y madre, era adoptada por el pueblo, y a su costa educada y enseñada al trabajo, hasta que algún indivíduo de ella cumpliera 18 años, y pudiera vivir como vecino cabeza de sus hermanos.

Si algún propietario o rico señor, intentaba recargar la renta al colono, por bienes que llevase en arrendamiento, o quisiera imponerle alguna nueva gabela sin causa muy justificada, era obligación de abandonar el arriendo, no solo el colono, sinó todos los demás vecinos del pueblo que también lo fuesen, sin que nadie pudiera negarse a ello, ni hacer nuevos arriendos de bienes de aquel señor, a no ser que a todos se les aminorase o conservase la renta primeramente estipulada sin recargo ninguno.

Las cuestiones entre vecino y vecino, ya fuesen por deudas, golpes, palabras ofensivas, o por causas de propiedad, aprovechamientos o derechos, estaba prohibido llevarlas a la justicia ordinaria sino que se resolvían en concejo público por los cuatro hombres buenos más ancianos, oidas las partes y previas consultas de letrados si era necesario.

Cuando algún vecino tenía que demandár o era demandado en juicio por persona extraña al pueblo, estaba obligado a ponerlo en conocimiento del concejo, y allí, consultado el caso, y con el consejo de los cuatro ancianos, si el asunto no se transigía amigablemente, y la razón creían estaba de parte del vecino, todo el pueblo se constituía a la defensa de sus derechos y pago de gastos.

Los que lavasen cualquiera objeto en las fuentes públicas o enuciasen sus aguas, pagaban cuatro reales de multa por cada vez lue lo hicieran.

En igual pena estaban incursos los dueños que llevasen sus gatados a beber en las misinas fuentes públicas, pues para este objeto staban destinados los pozos y bebederos.

El que contra la higiene depositaba abonos o estiercol dentro del pueblo, causando perjuicios al vecindario o al particular, era obligado a retirarlo al punto que se le designase; y si requerido no lo hacía, se encargaban de ello operarlos a su costa, pagando además cuarenta reales de multa.

El que provocaba a otro a tomar parte en algún desorden en el pueblo, era castigado con tres a cinco duros de multa, y además entregado a la señora justicia.

El que escandalizaba con embriaguez, pagaba desde diez a ochenta reales de multa.

Igual multa tenía el que arrojaba piedras para hacer daño, o tiraba animales muertos, u otras materias fétidas dentro del puebllo, estando además obligado a retirarlas al punto que se le designase.

El blasfemo contra Dios, contra la Virgen o contra los Santos, y el que cometía actos de irreverencia contra los dogmas de la Religión o cosas sagradas del templo, era castigado con tres a cinco duros de multa y diez a veinte dias de prisión.

El marido que maltratase a su mujer; el cónyuge que escandalizase en sus discusiones domésticas; los padres de familia que no corregían a sus hijos las faltas que pudieran cometer; los hijos desobedientes a sus padres; y los vecinos que faltaban al respeto a los celadores o a los ancianos, tenían que sufrir diez a veinte dias de prisión.

Estaban prohibidos los juegos de envite y azar; pero las personas que estableciesen los permitidos, en sitios de concurrencia, y causaren daño a algún vecino, o lesiones en disputa o riña, que pudieran impedir al ofendido el trabajar, sufrían veinte a cuarenta reales de multa y cinco a quince días de prisión.

El que destrozase alguna choza, albergue o vallado de algún vecino, y el que tirase piedras a los tejados causando daños, era obligado a la indemnización y a cuatro o seis dias de arresto.

El que promovía o asistía a cencerradas ú otros alborotos análogos, era castigado con cinco a quince días de prisión y veinte a cuarenta reales de multa.

Otros muchos artículos contenían las antiguas ordenanzas, dando reglas para el cerramiento y aprovechamiento en las erías foreras, en los montes y términos comunes, en las cortas de árboles o leñas, en la saca de tierras, conservación de caminos, sebes y mojones, en la amplitud de fincas linderas con el común y en su perjuicio, y días en que se habían de hacer estos reconocimientos por los vecinos.

Se disponía por último, que las multas impuestas por las ordenanzas se aplicasen exclusivamente al socorro de los enfermos cabeza de familia que no pudieran ganar su jornal, al sostenimiento y educación de los huérfanos, al alivio de las desgracias de algún vecino, y a la reparación de caminos y servicios del pueblo.

Las antiguas ordenanzas, eran cumplidas con religioso respeto, y su simple lectura basta para dar a conocer la cultura y patriarcales costumbres de los habitantes del pueblo de Cué, como lo eran las de todos los demás del concejo. Lástima que hubieran sido reformadas como lo fueron en 26 de Abril de 1774, y posteriormente en el año de 1861, por que de las modernas, desapareció aquella obligación mútua de auxilio en casos de orfandad, y concurrencia a los Tribunales de Justicia, y las grandes penas contra la blasfemia y la embriaguez, hoy que desgraciadamente cunden tanto estos vicios, con las modernas ideas de libertad, traducidas en libertinaje.

III. Deberes y Derechos

Algunos escritóres modernos llaman de oscurantismo y de barbarie a los tiempos pasados, como llaman del progreso y de la libertad al presente siglo. Otros escritores califican de patriarcales los antíguos tiempos, y de corrupción los modernos. Nosotros al escribir las costumbres de Llanes y su concejo, apoyados en la tradición y en la historia, no podemos menos de afirmar que en los anteriores siglos, y aun en los comienzos del presente, no se conocían aquí, a pesar de los señoríos, más que hermanos ricos o pobres; propietarios, colonos, artesanos y marineros. Los ricos vivian de sus rentas; los colonos del cultivo de las fincas que llevaban en arrendamiento; los artesanos de su oficio, y los marineros de la pesca. El propietario y rico señor, comprendiendo sus Deberes, era el protector y auxiliar eficaz de aquellos en todas sus necesidades, sin mas Derechio sobre ellos, que el de percibir la renta que tuvieran estipulada. Los colonos, reconocian obligación suya no solamente el Deber de pagar con puntualidad sus rentas, sino el de trabajar, cultivar y mejorar las finas. Tanto éstos como los artesanos y los marineros conocian bien que sin el trabajo, para el que nada propio tiene, no es posible la vida, por que el hombre debe buscar ante todo su subsistencia en el trabajo, que es la virtud que mas le enaltece. De este consorcio de deberes y derechos todos cumplian en la medida de sus fuerzas, nació el amor y el cariño. No se sabia lo que eran las envidias, las murmuraciones ni los vicios; todos vivian contentos y satisfechos: es verdad que apenas se conocian las tabernas, fuentes de todo mal, pues no llegaban a media docena las establecidas en el concejo. Tiempos verdaderamente patriarcales que, con las modernas ideas de libertad y de igualdad, desaparecieron desgraciadamente para nosotros.

Las desvinculaciones, la desamortización civil y eclesiástica, y la venta de los montes, términos comunes y propios de los pueblos, han contribuido a la subdivisión de la riqueza; y con la política que todo lo invade y envenena, olvidaron los hombres los deberes que la sociedad les impone; no piensan más que en sus derechos, único que enseñan las modernas teorías, y se creen ricos cuando nada tienen. Hoy todos son políticos, y cambian de ideas y de partido según más convenga a sus intereses, Caciques y Muñidores para mangonear la cosa pública, y Pontífices y Autócratas para dominar a sus honrados vecinos. No hay acuerdo, no hay armonía ni puede haberla, entres aquellas sanguijuelas, y el honibre pacífico y trabajador; de ahí las enemistades, las envidias y, los odios que más dominan en la actualidad.

IV. Mendicidad.

Cuando en lo antíguo apenas se conocia en este concejo la mendicidad, salvo algún pobre vergonzante anciano o impedido, hoy nos vemos asediados en las casas y en las calles por los que se dicen emigrados, extranjeros, natifragos, mineros y otra multitud de hombres mugeres y niños, en su mayor parte sanos, robustos y útiles para el trabajo; más que pobres, son vagabundos que explotan la caridad y los sentimientos piadosos de los vecinos honrados a fin de satisfacer sus vicios de la holganza, la embriaguez y la concupiscencia. Mudos que hablan para blasfemar, injuriar y maldecir a quien no les dé limosna: cojos y mancos que están sanos para aprovecharse de lo ageno si hallan ocasión: matrimonios cargados de hijos, que más que casados son amancebados: barraganas de lenguas y costumbres que la decencia condena. Gentes que no se empadronan, o si lo hacen es para aumentar el núcleo eje población y con ello las cargas públicas que los mismos no han de pagar; y que por no tener oficio ninguno, o si le tienen le olvidaron, viven de la vagancia y del hurto de los frutos en agenas propiedades, o de lo que pueden haber a la mano, alimentando y educando a sus hijos en los mismos vicios, cuando no los abandonan a su instinto, quiénes a su vez corrompen a los de las personas honradas. Todos o los más de ellos debieron ser desterrados de otros pueblos, por faltas o crímenes allí cometidos, y vienen a establecerse a la villa y concejo de Llanes, por que aquí aún hay caridad, que es innata en sus hijos; lo que no hay es quien les pida carta de su naturaleza ni de su conducta. Esta plaga terrible de advenedizos, aumenta de dia en dix entre nosotros, y hora es ya de que por quien corresponda, se tomen medidas enérgicas contra ella, expulsando de la villa y concejo a todos cuantos no ejerzan algún oficio o no tengan medios honrosos conocidos para poder vivir y aun en este caso, que acrediten su buena conducta política, moral y religiosa.

V. Educación.

Cuando los niños de ambos sexos recibían su educación en las escuelas públicas, costeadas por los padres o por otros bienhechores, merced al celo y diligencia de los Maestros, y a la facultad que tenían de corregirlos en sus faltas, salían de ellas instruidos, sumisos, obedientes y enseñados a cumplir sus deberes religiosos. ¿y como nó? Recordamos perfectamente que todos los días, menos los festivos, estaban abiertas las escuelas en esta villa y aún en el concejo, desde las ocho a las once por la mañana y desde las dos a las cinco por la tarde; que era costumbre ir diariamente a las ocho y media, en procesión con cruz alzada cantando el padre nuestro, a la iglesia parroquial para oir la Santa Misa, retornando en la misma forma a la escuela, donde en Coro e hincados de rodillas se rezaba una oración pidiendo a Dios fuerzas, luz y acierto para emprender los trabajos y tareas; que a las once se daban gracias por medio de otra oración y se salía en dos grupos, uno hasta la plaza Mayor y otro hasta el arco de San Nicolás, cantando el padre nuestro por el fundador, y allí se terminaba con el gloria patri y el Ave María purísima, marchando cada niño a su casa con los brazos cruzados sobre el pecho, en silencio y con compostura, hasta que recibían la bendición de los padres, previa la invocación de un «bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento». A las dos y media por la tarde, se suplicaba a Dios con otra oración, y a las cinco menos cuarto se rezaba el Santo Rosario, saliendo después de la escuela en la misma forma que por la mañana. También todos los niños tenían la obligación de asistir a la escuela los domingos, a las tres de la tarde, nada más que para rezar en comunidad el Rosario y salir en procesión por las calles cantando la letanía de la virgen.

Hoy nada de esto se acostumbra por que la enseñanza se hizo oficial y libre; porque los pueblos no pueden relevará los maestros que no cumplen cual deben sus obligaciones: por que están prohibidos los castigos muchas veces necesarios, por que se prescinde de la educación cristiana, y por que los padres se cuidan poco de que sus hijos asistan o no a las escuelas y colegios, que respeten o dejen de respetar a los superiores y aun a los ancianos. Consecuencia de ello son los vicios que a los niños dominan. Los hay de 4 hasta 8 años, desde los más pobres y abandonados, hasta los de personas bien acomodadas, que ya fuman y vierten palabras e interjecciones escandalosas, que se escuchan por muchos como gracias: mozalbetes que son holgazanes, viciosos, y que sin ninguna clase de respetos asaltan las huertas y los jardines, destruyen árboles, plantas, monumentos y cuanto su mal instinto les sugiere, juegan a los prohibidos, van a las tabernas y hablan mal de todo el mundo como hombres corrompidos. Las jóvenes producto de la barraganería, se educan en ella, y son causa de la perversión de muchos incautos. Hé aquí el fruto de la educación moderna, del abandono de los padres y de la falta de rigór en quien debiera corregirlos.

VI. El Lujo.

La junta general del principado en el año de 1318, estableció unas ordenanzas acerca de los tocados que debian usar las mujeres Asturianas, por el excesivo lujo que empleaban.

En 6 de Junio de 1500, expidieron los Reyes Católicos una Real pragmática, reformando los trajes y reprimiendo el lujo de las Dueñas Asturianas y sus cuatro secadas, permitiéndolas que pudieran traer, estando en su tierra, «aljubas, pelotes, mantones, tapapieses, y otras ropas de vestir con broches de plata dorados y esmaltados, guarniciones de plata de martillo, botones de plata blancos y dorados, tegidos de seda con cuerdas de hilo por cinta, guarnecidas de oro y plata, caireles de hilo de seda de oro, y tiras de trenza de oro tan anchas como un dedo por las bocas de la ropa. »

También en el archivo de la Real Audiencia de Oviedo, sección civil de Llanes número 47–28, existe un expediente promovido en el año de 1661 a instancia de D. Pedro Guerra y D. Melchor Diaz de Posada, vecinos del valle de Celorio, solicitando que se reformasen los tocados de las mujeres de aquel valle, por su gran costo y perjuicios que se seguían a sus haciendas, por ser cortas sus facultades para hacer estos gastos, y por que era motivo de envidia para las demás; que dichas tocas se habian de reformar como las que usaban en la villa de Llanes, por cuanto las mujeres casadas de Celorio las traian largas de 21 a 22 varas de lienzo fino, sin tejedura de seda oro y plata, y que cada una tenía por lo menos tres tocas.

Si ya en la antigüedad el afan del lujo, dominaba entre las mujeres, aunque circunscripto a las pudientes, hoy por desgracia vemos que este mismo afán se extendió hasta la clase mas humilde del pueblo, y en términos tales, que se presta a muy tristes reflexiones.

El traje de las mujeres artesanas y de las medianamente acomodadas, lo mismo que el de las labradoras, hasta el primer tercio del Presente siglo, consistia en camisa y enagua de cáñamo o lino, justillo de tela pintada, refajo de bayeta, basquiña y júbón de sayalín o estameña, dengue de bayeta más fina llamada miliquin, y pañuelo de hilo o algodón para la cabeza atado al moño; calzas o medias de lino o lana, corizas o zapato escotado, y un mandil de lienzo o percal pintado. La basquiña nunca bajaba más que de 15 a 20 centímetros hasta la planta del pié. Todo el género de lana cáñamo y lino que constituia éstas préndas de vestír, era cosechado en el pais, hilado, tegido y beneficiado en sus casas por las mismas mujeres pudiendo asegurarse que en los comienzos del presente siglo existian solo en la villa de Llanes más de doscientos telares, que daban ocupación a igual número de mujeres, de los que salian los envidiados lienzos de cáñamo o lino, las artísticas mantelerías; el sayal el sayalín, y las tan apreciadas mantas de Porrúa.

Hoy el hilar, el tejer y el hacer calceta, son ocupaciones denlasiado serviles para la generalidad, especialmente para aquellas, que sin tener en que caerse muertas, como vulgarmente se dice, pretenden se las llame señoritas, y el dia que les falte trabajo o enfermen, necesitan que la caridad vaya en su auxilio; sin embargo de lo que, se pintan, se empolvan y se perfuman, calzan botitas, y ostentan trages lujosos en confección y adorno, pretendiendo competir, en la moda con las más elevadas clases sociales; siendo una verdad manifiesta, que las que mejor pueden gastarlo, son las que más modestamente visten.

Aquel traje peculiar del pais, que en todo el mundo era conocido como Llanisco Asturiano, y que tanto realzaba los encantos de quienes le llevaban, solo se gasta hoy por algunas jóvenes como disfraz en romerías y fiestas populares, pero compuesto de costosas telas y ricos adornos, que cuadran muy mal con su primitiva sencillez y las naturales gracias de la mujer.

Más radical trasformación se observa en el traje de los hombres labradores y artesanos. Antíguamente todos vestían de igual manera, es a saber, camisa de cáñamo o lino con un ribete por cuello y pechera plegada, calzoncillos de la misma tela, faja de lana azul encarnada o negra, segun el estado o la edad del individuo, calzón corto, chaleco abierto y chaqueta ajustada con aberturas bajo el sobaco, para vestir o no vestir las mangas; medias o calzas de lana, escarpín de sayal y corizas, con la montera de paño. Este traje económico; ligero y cómodo para las faenas del campo, que no impedia en nada los movimientos del cuerpo, para trepar por los montes, los riscos y las breñas, como en las memorables emboscadas de Covadonga contra los Arabes, y en el rio de las Cabras contra los franceses, ha sido sustituido por otro más afeminado costoso e incómodo, de camisa con cuello alto y corbata, zapatos y medias, pantalón largo, chaleco cerrado, y chaqueta o chaquetón de paño pardo o negro, y boina o sombrero hongo de fieltro.

Aun alcanzamos nosotros aquellos felilces tiempos de los antiguos trajes, y en que las mujeres casadas gastaban su tocado blanco de lienzo, como los ancianos la melena blanca, o la trenza de pelo hecha un moño colgando entre los hombros; tocado y trenza que infundían grandísimo respeto.

A pesar de los años y a pesar de la moda, todavía se conserva en las grandes recepciones palatinas de la corte de España, la costumbre de vestir el antiguo traje asturiano, compuesto de zapato escotado con hebillas, medias blancas, calzón corto, chaleco largo, casaca, camisa con chorrera, peluca empolvada y sombrero de tres picos; traje igual al que usaban nuestros abuelos en los siglos anteriores.

VII. Romerias y Fiestas Populares.

Las romerías en la antigüedad eran una especie de viaje o peregrinación que se hacia para visitar algún santo o santa, en cumplimiento de votos por motivos religiosos, ya en lejanas tierras, o fuera de la patria; y no es raro ver aun, en los tiempos presentes, viejos y jóvenes que hacen la misma peregrinación rezando el Santo Rosario.

Las modernas romerías, multiplicadas de una manera extraordinaria en estos últimos tiempos, son una mezcla de religioso y de profano.

Pocos pueblos hay en el concejo de Llanes donde no se celebre alguna. Las fiestas del Sacramento y la del Patrono de las Iglesias, así como también el titular de capillas particulares, son otros tantos días de romería para la gente alegre, y, aunque es verdad que en ellas se celebran los divinos oficios con la mayor solemnidad posible; que las jóvenes elegantemente ataviadas llevan sus ofrendas n ramos o castillos de pan, adornados con flores y cintas, cantan versos alusivos al compás de las panderetas y el tamboril, y que muchos devotos ofrecen también mortajas, trajes, ganados, cera u otros objetos, también lo es que la generalidad de las gentes va con el propósito de divertirse y pasar alegremente un dia de campo, comiendo, bebiendo y bailando.

ya no bastan los domingos y demás fiestas del año para el descanso, la oración y las diversiones honestas, como hacían nuestros antepasados, ahora son fiestas y romerías, para bailes y comilonas.

En ENERO.–El dia 2 en Nueva, el 7 en el Acebal de los Carriles, el dia 9 en Porrúa, el 14 en la Pereda, el 17 en Llanes y en Parres, el 19 en Nueva, el 20 en la Borbolla, el 22 en Naves y en Póo, y el 24 en Vidiago.
En FEBRERO.–El dia 2 en Nueva y en Balmori, y el 24 en Nueva.
En MARZO.–El dia 1º en Mazucu, el 16 en Parres, el 19 en Belmonte y en Nueva, y el domingo de pasión en San Roque del Acebal.
En ABRIL.–El dia 4 en Turanzas, el dia 26 el Silviella, y el 28 en Nueva.
En MAYO.–El dia 1º en Soberrón y el 8 en Hontoria.
En JUNIO.–En dia 13 en Nueva, en Piedra y en Cué, el 24 en Caldueño, en Andrín, en Cué, en Puertas, en Tresgrandas y en Llanes, el 26 en Llanes y el 29 en la Pesa, en Garaña, en Vibaño, en Balmori, en Celorio y en Pancar.
En JULIO.–El dia 16 en la Portilla, el 18 en Parres, el 22 el Villanueva de Pría, en Naves, en la Malatería, en Parres y en la villa, el 26 en Llanes, y el domingo siguiente al 16 de Julio en Celorio.
En AGOSTO.–El dia 2 en la Pereda, el 5 en Póo, el 6 en Celorio y en Porrúa, el 15 en Vibaño y en Póo, el 16 en Soberrón y en Llanes, el 19 en Vidiago y el 31 en Llanes.
En SEPTIEMBRE.–El dia 2 en Naves, el 8 en los Callejos, en Llanes, en Nueva y en Llamigo, el 14 en Nueva, el 16 en Ríocaliente y el domingo siguiente al dia 8 en Pancar.
En OCTUBRE.–El dia 4 en Riocaliente y Lledias, el 15 en Nueva, el 17 en Pendueles y el 18 en Nueva.
En NOVIEMBRE.–El dia 18 en Cué, y el 25 en Barro.
En DICIEMBRE.–El dia 4 en Niembro, el 8 en Piñeres, Cué, San Roque del Acebal y Buehía, el 10 en Quintana, el 16 en Riocaliente y el 29 en Ardisana.

Total ochenta y una romerías, que con los domingos, las fiestas de precepto y las del Sacramento; las ferias y los mercados, que también sirven de romerías, puede muy bien asegurarse que la miad del año se destina a la holganza y al divertimiento. ¡y para esto el constante clamor de hace medio siglo, hasta conseguir de Su antidad, que muchas fiestas de precepto, según la Iglesia, fueran suprimidas! ¡y se quiere que no haya vicios, ni pobres!

Casi todas estas romerías y fiestas son de creación moderna. En los siglos anteriores no se conocian más que la de San Antolín, onde se iba en peregrinación: el Santo Cristo del Camino; La Viren de Guia y Santa Ana; así como la de San Felipe en Soberrón, ue servia de punto de reunión a fin de contratar sociedades y hacr ajustes de jornaleros, para ir a la tejera durante el verano.

Las mas populares en Llanes y en las que se desplegaba veradero lujo para celebrarlas, eran la Virgen de Guia y Nuestra Señora del Rosario, o sea la Batalla Naval; la primera por los vecinos el Cueto y las Barqueras, que es la parte sur de la villa dividida or la Ria, y a que se llamaba el Morro, y la segunda por la parte orte llamada la Villa; en las cuales además de los solemnes cultos se celebraban fiestas populares con danzas, bailes públicos y alguos años saleas, reinando siempre entusiasmo grande entre los paridarios de la fiesta, y paz y armonía entre todos.

Los que hemos tenido la dicha de alcanzar aquellos felices tiempos en que las costumbres y las diversiones públicas eran tan uras como sencillas e inocentes, no podemos menos de lamentar su desaparición. Vamos a describirlas aunque sea imperfectamente a la lijera, para que los que nos sucedan en este valle de lágrimas las conozcan, juzguen y comparen con las modernas.

Antíguamente solo se conocia en Llanes para sus bailes populares el Fandango la Jota y la Gallegada, que eran puramente nacionales,sin mezcla de extranjerismo; el Pericote–la danza Guerrea de hombres– la danza prima Asturiana de mujeres,–la danza pria Llanisca también de mujeres, la Hoguera el enrame de la fuente la Salea.

También entre las familias ilustres, solian celebrarse en sus salones, para conmemorar alguna festividad o fausto acontecimiento, ailes como el Wals, el Rigodón, la Mazurca, el Cotillón y el Miué, en los que imperaba siempre la elegancia y la más correcta educación.

Hoy puede decirse que todos los bailes antiguos desaparecien; y que lo mismo en las ciudades que en los pueblos, y hasta en la más remota aldea, solo se hallan en uso, solo priban, los que la moda y la corrupción introdujeron como el Wals quedo; la Dancita de los negros, remedo de tango; el Schotis, verdadero Cancan; y otros que al hombre menos impresionable y más despreocupado le hacen venir el rubor al rostro con solo verlos bailar. La santidad y pureza de las antíguas diversiones y, bailes, desaparecieron ya de entre nosotros; y poco nos parece la fuería de los señores Párrocos para perseguir en sus parroquias los bailes modernos, condenados por la iglesia como inmorales fuentes de corrupción y del vicio, si las autoridades locales no les ayudan en esta obra reparadora de las buenas y sanas costumbres con que tan felices vivieron nuestros mayores.

§§§

El Fandango, La Jota y La Gallegada se bailaban al compás de la pandereta y el tamboril, y de cantos populares, y por parejas de hombre y mujer en número indefinido. El Fandango era de pasos graves; la Jota y la Gallegada de pasos mas acelerados, como aun se acostumbra bailar en el dia, aunque entonces habia más pulcritud en los movimientos.

§§§

El Pericote, baile exclusivamente llanisco, se hace por uno o muchos grupos de un hombre y dos mujeres, al compás del tamboril, manejado por otro hombre que canta algún romance, y que a cada cuatro versos responden también cantando hombres o mujeres, que le acompañan con sus panderetas, el siguiente estribillo

Válgame el Señor San Pedro
Señor Santiago me valga;
Válogme Jesus del Cielo
y la Virgen Soberana.

En el baile «el Pericote» nunca el horribre se separaba, ni debe separarse del frente de las dos Mujeres con quienes baila, alternando de una en otra con sus pasos de avance o retroceso, en la primera mudanza, o formando lazos parecidos al número ocho en la segunda, cuya violencia de niovimientos, y cuando ya se sentía el cansancio, terminaba el hombre hincando una rodilla en tierra para que las dos mujeres vinieran de vuelta encontrada a descansar en sus brazos. Hoy los hombres van corrompiendo la sencillez y gusto de este halle, con sus largas carreras de costado y sin grandes saltos y vueltas, en que se atropellan unos a otros, separándose de la respectiva pareja que nunca debian abandonar.

§§§

La Danza Guerrera de hombres exclusivamente, consistía en ir cogidos de costado por el dedo meñique y formando círculo, con el palo al hombro a guisa de lanza, dando gravemente dos pasos largos y oblícuos hácia atrás con otros dos adelante y cantando los primeros o cabeza de la danza relaciones de hechos heróicos o guerreros, respondiendo los demás a cada dos versos con el estribillo:

Válgame el Señor San Pedro,
Soy de la villa de Llanes,
y a nadie le tengo miedo.

Estas danzas concluían siempre con un simulacro de batalla, que algunas veces resultaba verdad, especialmente cuando enardecidos con el Ixuxú, grito de guerra que se menudeaba en cada verso, se hallaban en la danza jóvenes de diferentes pueblos o concejos: pero este principio de desorden acababa apenas intervenía la autoridad, u otra cualquiera persona respetable.

§§§

La Danza Prima Asturiana la hacían solamente mujeres, viudas, casadas y solteras, cogidas también en círculo por el dedo meñique, y caminando aceleradamente con dos menudos pasos oblícuos hácia atrás y dos hácia adelante en correcta formación y compás. Sus cantares a dos Coros, eran o profanos o religiosos, y los mismos versos que cantaba el un Coro, los repetía el otro en esta forma:

Coro 1 º.–ya llegó Pascua de flores,
     ya pasó Semana Santa,
     ya llegó Pascua de flores.
Coro 2º–(repite lo mismo)

Esta danza prima Asturiana, se hacía todos los domingos o fiestas que el tiempo lo permitía por la tarde, y como final de los bailes y diversiones, en «Puerta de villla.»

Algunos de los muchos versos que se cantaban en esta danza digna de verse por lo correcto y acompasado de los movimientos, decían así:

Ya pasó semana santa
ya llegó Pascua de flores,
ya resucitó Jesus,
alegraos corazones.
 
En el rio del Jordán
quisiera bañarme madre
donde se bañó Jesus
hijo del Eterno Padre.
 
Salid mozas a danzar
en este campo de flores
y con alegre cantar
declarad vuestros amores.
 
La sortija de mi dedo
ya pasó la carretera,
yo no siento la sortija
siento el galán que la lleva.
 
Un amor que yo llamaba
un amor que yo quería,
el se fuera y no tornaba,
el se fuera y no venía.
 
Alegres cartas me enviaba,
muy tiernas cartas me envia:
¡No os caseis! la muy amada
¡No os caseisl me decía,
 
¡Ah! Antonio se llamaba
¡Ah! Antonio se decia,
Aquel que me dió la saya,
Aquel que me dió la cinta;
Aquel que andaba en la guerra;
Aquel que andaba en la armada,
Con espada y con rodela,
Con rodela y con espada.
 
yo busco a la blanca niña;
yo busco a la niña blanca,
La que el cabello tejía,
La que el cabello trenzaba;
Un niño en brazos traía,
Un niño en brazos llevaba,
Ramo de flores traía
Ramo de flores llevaba,
De las que el rosal tenía
De las que el rosal llevaba
Que en el mi jardín había
Que en el mi jardín estaba
§§§

La Danza Prima Llanisca también exclusiva de mujeres, solo se diferenciaba de la anterior en el tono, en el verso que era más corto, y en la repetición de éstos, formando un juego de palabras qué llamaba mucho la atención de los oyentes. Esta danza se cantaba solamente en determinadas fiestas, como las de San Antonio, San Juan, San Pedro, Santa Ana, &c., y vamos a dar una muestra de las canciones y alternativas de los Coros:

Coro 1º–Día de San Antonio,
      Danza niña con modo,
      Dia de San Antonio,
      Danza niña con modo.
Coro 2º–Día de San Antonio,
      Danza niña con modo,
      Dia de San Antonio,
      Danza niña con modo.
Coro 1º–De San Antonio el dia.
      De San Antonio el dia.
Coro 2º–De San Antonio el dia.
      De San Antonio el dia.
      Danza con alegría.
Coro 2º–Danza niña con modo.
Coro 1º–Danza con alegría.
Coro 2º–Danza niña con modo.
Coro 1º–Dia de San Antonio
       danza niña con modo.
Coro 2º–Agua de fuente fría,
      Agua de fiente fría,
Coro 1º–Agua de fuente fría,
       Agua de fuente fria.
Coro 2º–Por só el roble corria
Coro 1º–Danza niña con modo.
Coro 2º–Por só el roble corría.
Coro 1º–Danza niña con modo.
Coro 2º–Dia de San Antonio.
       danza niña con modo.
Coro 1º–Agua de fuente clara
       Agua de fuente clara,
Coro 2º–Agua de fuente clara
      Agua de fuente clara.
Coro 1º–Por só el roble manaba,
Coro 2º–Danza niña con modo.
Coro 1º–Por só el roble manaba,
Coro 2º–Danza niña con modo.
Coro 1º–Dia de San Antonio
       Danza niña con modo
Coro 2º–Pisé la verde malva.
       Pisé la verde malva.
Coro 1º–Pisé la verde malva.
       Pisé la verde malva.
Coro 2º–Bien florida y granada,
Coro 1º–Danza niña con modo.
Coro 2º– Bien florida y granada,
Coro 1º–Danza niña con modo.
Coro 2º–Dia de San Antonio
       Danza niña con modo.
Coro 2º–Pisé la verde oliva
       Pisé la verde oliva
Coro 2º–Pisé la verde oliva
       Pisé la verde oliva
Coro 1º–Bien granada y florida,
Coro 2º–Danza niña con modo.
Coro 1º–Bien granada y florida.
Coro 2º–Danza niña con modo.
Coro 1º–Dia de San Antonio,
       Danza niña con modo.

Y así con este juego de palabras, y otros diferentes versos, continuaba la danza por espacio de media hora, más o menos. según el cansancio de las que la formaban.

La misma danza que como queda dicho tenía lugar en las festivades de San Juan, San Pedro, Santa Ana, &c., se hacía con otros versos apropiados a los respectivos días, cuyos temas eran los siguientes:

Cuando la Pascua viene
con flores me entretiene
Danzar quiere la niña,
Danzar en esta villa.
 
Ya viene San Juan, mozas,
ya viene con las rosas.
 
ya viene San Juan verde,
ya viene, ya se vuelve.
 
La que no sepa el trillo,
no entre en la danza digo.
 
San Pedro fue vicario,
del Cielo Apostolado.
 
San Pedro fue cabeza,
vicario de la Iglesia.
 
Santa Ana madre nuestra,
hoy es la vuestra fiesta.
 
Aquí danzar queremos,
que es de los marineros.
 
Un galán de esta villa,
él por aquí venía.
 
Un galán de esta plaza,
él por aquí pasaba.
 
El que me dió la cinta,
no quiere que la ciña.
 
El que me dió la saya,
no quiere que la traiga.
 

LA HOGUERA.–Hace muchos siglos que en Asturias era general costumbre plantar un palo alto en sitio público, muy engalanado con cintas, flores y frutas, donde concurrían los mozos y las mozas a divertirse durante el mes de Mayo, por cuya razón a éste palo se le daba el nombre de Mayo.

También era costumbre en Llanes y su concejo, plantar el dicho palo la noche de San Juan, por algún mozo, delante de la casa de su novia, y poner, así mismo, en la puerta o corredores de la misma casa, arcos y Coronas de flores; pero sucedió que cierto Moro, requería de amores a una de aquellas mozas, y viéndose despreciado por ella, en su furioso despecho, pegó fuego al mayo, a los arcos y a las flores, haciendo de todo una hoguera, y convirtiéndolo en cenizas. Desde entonces, tomó en Llanes el nombre de «La Hoguera», lo que antes se llamaba el «Mayo».

Consiste La Hoguera actualmente, en un arbol derecho, Olmo, Alamo, Chopo o Aliso. de quince a veinte metros de altura, que despojado de sus ramas, sus nudos, y de la corteza hasta un metro de su copa, se adorna el follage que en ésta le queda, con flores, cintas, frutas, y aún con aves, y se planta en la plazuela donde se hacen las fiestas y veladas. Aunque decayó mucho esta antigua costumbre, y sería lástima que desapareciera por completo, por su originalidad y sencillez que tanto encanta a los forasteros que por primera vez la ven, vamos a describirla brevemente.

La víspera de las muchas fiestas y veladas que en Llanes se celebraron siempre, una comisión de mozos robustos, iba a los bosques inmediatos, o a las márgenes del río Carrocedo, a elegir el mejor arbol, y previo acuerdo con su dueño, cortarle y traerle, despojado de sus ramas inferiores, hasta un sitio determinado, a la entrada de la villa.

Como a las cinco de la tarde poco más o menos, se reunía allí lo más selecto de las mozas, luciendo vistosos trajes de aldeana, y tocando las panderetas y el tamboril, dirigidas por las casadas y aun por las viudas, principiaban los cánticos alusivos a la fiesta: cargaban los mozos con la hoguera, y entre el estampido de la pólvora y numeroso acompañamiento, marchaban con paso menudo y pausado hasta el sitio donde se había de celebrar la fiesta. Llegados a la plazuela, se descortezaba el arbol, se le pulimentaban los nudos, se adornaba y enjalanaba la copa, se abría un hoyo, y se procedía a la plantación, sin que las mozas dejasen de tocar sus panderetas y de dirigir aquellos trabajos con sus cantares. Allí quedaba plantada la Hoguera, sirviendo de entretenimiento a los niños y jóvenes que trataban de escalarla para alcanzar las flores o premios contenidos en lo alto, trabajo dificilísimo y pocas veces recompensado, que entretenía agradablemente al público que lo presenciaba.

Después de la velada, y cansados del baile y las danzas, se juntaban igual número de mozas que de mozos para rodear la hoguera como despedida.

Formábase un círculo al rededor del arbol, y cogidos todos de las manos, la derecha adelante y la izquierda hácia atrás, de modo que siempre resultase un hombre entre dos mujeres, y una mujer entre dos hombres, se caminaba de frente con paso regular y a perfecto compás, cantando en dos Coros los siguientes versos:

Primera Parte

Coro 1º Quien rodeare esta hoguera
   buen San Juan verde le venga,
   y buena Pascua florida
 y buena florida Pascua.
 
Coro 2º–Quien rodeare esta hoguera
 buen San Juan verde le venga,
 y buena Pascua florida
 y buena florida Pascua.
 
Coro 1º–Cortada del río en la orilla
 Cortada del río en la orilla.
 
Coro 2º–Cortada del río en la orilla
  Cortada del río en la orilla.
 
Coro 1º–Por un galán de esta villa.
 
Coro 2º–Buen San Juan verde le venga.
 
Coro 1º–Por un galán de esta villa.
 
Coro 2º–Buen San Juan verde le venga.
Coro 1º–Quien rodeare esta hoguera
  buen San Juan verde le venga.
Coro 2º–Plantáronla dos galanes
  Plantáronla dos galanes.
Coro 1º–Plantáronla dos galanes,
  Plantáronla dos galanes.
Coro 2º–Queridos hijos de Llanes.
Coro 1º–Buen San Juan verde le venga.
Coro 2º–Queridos hijos de Llanes.
Coro 1º–Buen San Juan verde le venga.
 

y en la misma forma, continuaban nuevos cantares apropiados a esta primera parte de la fiesta, hasta que cansados de dar vueltas se detenían, y vueltos de cara a la hoguera, batiendo las palmas terminaban repitiendo los dos Coros en uno solo, el tema con que se empezó.

Quien rodeare esta hoguera
buen San Juan verde le venga.

Segunda Parte.

Volvían mozos y mozas a cogerse de las manos, y caminando en sentido inverso a la vez anterior, como deshaciendo las vueltas dadas, con el mismo paso regular y a compás, aunque en tono diferente cantaban:

Coro 1º–Este castillo de flores,
  mal Moro no me le robes.
  Este castillo de flores,
  mal Moro no me le robes.
Coro 2º–Este castillo de flores,
  mal Moro no me le robes.
Este castillo de flores,
  mal Moro no me le robes.
Coro 1º–Para su dama arreglado.
Coro 2º–Mal Moro no me le robes.
Coro 1º–Para su dama arreglado.
Coro 2º–Mal Moro no me le robes.
Coro 1º–Este castillo de flores.
  mal Moro no me le robes.
Coro 1º–Por galan enamorado.
Coro 1º–Mal Moro no me le robes.
Coro 2º–Por galan enamorado.
Coro 1º–Mal Moro no me le robes.
Coro 2º–Este castillo de flores
  mal Moro no me le robes
Coro 1º–Tiene flores olorosas.
Coro 1º–Mal Moro no me le robes.
Coro 1º–Tiene flores olorosas.
Coro 2º–Mal moro no me le robes.
Coro 1º–Este castillo de llores,
  mal Moro no me le robes.
Coro 2º–y las frutas más sabrosas.
Coro Mal Moro no me le robes.
Coro 1º–Las frutas inás sabrosas.
Coro 2º–Mal Moro no me le robes.
Coro 2º–Este castillo de flores,
mal moro no me le robes.
Coro 1º–Cogidas en enramadas.
Coro 2º Mal moro no me le robes.
Coro 1º–Cogidas en enramadas.
Coro 2º–Mal moro no me le robes.
Coro 1º–Este castillo de flores,
  mal moro no me le robes.
Coro 2º–Para mi novia guardadas.
Coro 1º–Mal moro no me le robes.
Coro 2º–Para mi novia guardadas.
Coro 1º–Mal moro no me le robes.

y con otros versos apropiados se seguía el misirio juego de voces, hasta que cansados, se detenían y vueltos a la hoguera batiendo en las palmas, todos en un solo Coro repetían el tema:

Este castillo de flores,
mal moro no me le robes.

Tercera Parte.

Después de cogerse nuevamente de las manos, caminando de vuelta encontrada a la parte anterior, en el mismo tono, paso y compás se cantaba lo siguiente,

Coro 1º–Naranjal de ante mi puerta,
  quién te ha dado la vuelta.
  Naranjal de ante mi puerta,
  quién te ha dado la vuelta.
Coro 2º–Naranjal de ante mi puerta,
  quién te ha dado la vuelta.
  Naranjal de ante mi puerta,
  quién te ha dado la vuelta.
Coro1º–Naranjitas tiene cinco.
Coro 2º–Quién te ha dado la vuelta.
Coro 1º–Naranjitas tiene cinco.
Coro 2º'–Quién te ha dado la vuelta.
Coro 1º–Naranjal de ante mi puerta,
  quien te ha dado la vuelta.

y en esta foma, con iguales repeticiones, se cantaban cada uno de los versos siguientes, y, más si fuesen necesarios, hasta concluir la tercera parte:

Naranjitas tiene cuatro.
 
Cuatro y cinco en una piña.
Cuatro y cinco en una caña.
 
Son para mi bien querida.
Son para mi bien amada.
 
Tiernas como su cariño
Dulces como su mirada.
 

Cuarta Parte.

Para la Cuarta y última Parte, volvían todos a cogerse de las manos, y caminando en círculo de vuelta encontrada a la parte anterior, con el mismo tono y compás, e iguales contratiempos y repeticiones se cantaba:

Aquí cogeremos los ramos,
los Asturianos.
 
Son del jardín de mi niña.
Son del jardín de mi amada.
 
Para su placer traidos.
Para su placer cortados.
 
Por cortar corteme un dedo.
Por cortar corté la mano.

Y deteniéndose como en las partes anteriores, se daba fin a la fiesta con el tema:

Aquí cogeremos los ramos,
los Asturianos

Marchando todos para sus casas a entregarse al descanso.

§§§

ENRAME DE LA FUENTE.–Desde mediados del presente siglo se abandonó la costumbre en Llanes de hacer la fiesta llamada «El enrame de la fuente», el dia de San Fernando, 30 de Mayo, cuyo origen debió alcanzar más de seis siglos. Era tan sencilla e inocente, que su sola descripción revela la pureza de costumbres de entonces.

En el sitio de Puerta de villa o sea a la entrada de la calle Mayor, se juntaban a las cuatro de la tarde de dicho dia 30 de Mayo, un gran número de mozas, llevando su correspondiente pandereta y elegantemente ataviadas. Ante el grupo que las mismas formaban, se colocaba otra joven de las más agraciadas vestida de Reina y con una guirnalda de flores en la cabeza, siendo portadora de un arco de medio metro de diámetro cubierto de cintas, medallas, collares y cadenas de plata y oro, que sostenido con las dos manos tenía que mover suave y contínuamente a fin de que las campanillas de plata que del mismo colgaban, hiciesen Coro a las panderetas y cánticos de las mozas. A los lados de ésta reina, iban dos mozos vestidos de blanco y con banda encarnada que cruzaba el pecho, portadores de dos banderas blancas, y delante de ellos dos tiernas niñas vestidas de Angel que llevaban en dos bandejas, ramos y flores naturales.

Desde el sitio de Puerta de villa, partía la comitiva cantando en dos Coros versos apropiados a la fiesta, empezando por el que decía:

Vamos a enramar la fuente
con un arco y dos banderas,
victoria al Rey... (el que entonces lo fuese
que a toda España gobierna.

La fuente entonces, era una pequeña gruta a cuya entrada se recogía el agua que salía de ella. La Reina, los dos mancebos abanderados y las dos niñas, se colocaban en una pequeña planicie sobre la gruta, y las mozas con sus panderetas, en la parte baja, al rededor de la fuente. Allí colocadas y entre el estampido de la pólvora tocaban sus panderetas y cantaban diferentes versos. Al llegar a aquél que dice

San Fernando Rey de España
los claveles por el agua,

Las dos niñas vestidas de Angel, derramaban puñados de claveles sobre su corriente, y concluían orlando con ramos y flores la boca de la pequeña gruta de la fuente.

Terminada esta operación, volvía la comitiva con sus cánticos y movimientos de panderetas, acabando en el punto de partida con bailes y danzas.

Al despedirse de la fuente, cantábase:

La fuente enramada queda,
con un arco y dos banderas.
 
La fuente enramela yo,
y un galán que me ayudó.
§§§

La Salea era una fiesta alegre, propia y exclusiva de nuestros viejos puertos de Cantabria.

No hay memoria de su creación en Llanes; lo que sí se sabe es que como fiesta de grandes costos entonces, se hacía solamente para celebrar algún fausto acontecimiento.

Según hemos visto en membretes de cuentas viejas y antiguos documentos, que hemos tenido ocasión de examinar, resulta que una salea se hizo ya en el siglo XIII para solemnizar la inauguración de la Hospedería de San Roque como albergue de los peregrinos que iban a Santiago de Compostela. También se hizo otra en la época de los Reyes Católicos, con motivo de la consagración de nuestra iglesia parroquial: y en el año de 1819 se celebraron dos saleas, una por la villa, o sea la parte Norte de la ría, y otra por el Morro, que comprende los barrios de el Cueto y las Barqueras, que entonces formaban dos cofradías o partidos en pugna sobre cual de ellos hacía más lucidas las fiestas.

Las saleas, han vuelto a reproducirse en el año de 1838 por el bando de San Roque, el domingo siguiente a la festividad de este Santo, y por los de la Magdalena, el primer domingo de Octubre siguiente del mismo año. Y en el de 1872 hicieron la última los de San Roque, pues desde entonces aunque se repitieron con bastante frecuencia por los de la Magdalena, más que saleas, fueron paseos de recreo por la ría, parodia de las antiguas y verdaderas saleas.

Si hoy, en confuso tropel, sin orden y sin concierto, se inunda la ría de lanchas, exponiéndose a choques o incidentes desagradables, como el acaecido hace pocos años, en que por torpeza se inflamaron porción de cohetes, volcando una lancha y exponiéndose a perecer ahogadas las personas que la ocupaban, en antiguos tiempos no se permitía navegar ninguna otra lancha más que la de la fiesta, y un bote o canoa llamado el Sereni, destinado exclusivamente a llevar el refresco a las personas que ocupaban aquélla, tan pronto como por los cánticos se pidiese.

Tampoco hoy se observa en la marcha y en las canciones aquella originalidad, pureza y sencillez antiguas.

La lancha destinada para la Salea, tenía que ser al par que ligera, de gran porte, para que pudieran colocarse en su popa de doce a dieciseis mujeres, mitad casadas y mitad solteras, elegantemente ataviadas, y con libertad bastante para manejar sus panderetas; dos capitanes, mozos gallardos, uno a cada extremo de la embarcación, portadores de dos banderas blancas de cinco metros de largo cada una, en su correspondiente palo de tres metros de altura; un patrón encargado del timón, y doce o catorce remeros, todos de gala con pantalón blanco, camisola blanca, con dos lazos de color uno en cada brazo, y faja encarnada de seda con gorro encarnado catalán.

Para que la nave pudiera caminar más veloz, se la pintaba de nuevo, se adornaba con pabellones de cintas y flores, y se la daba una gran mano de sebo en la parte exterior del casco, a fin de que con la violencia de la marcha, flameasen las banderas, sin que pudiese tocar en las aguas, a pesar de su largura.

En el medio de la ría, llamado la Peñarredonda, se atravesaban tinas cuerdas sujetas por los extremos a las dos casas más altas de los barrios de la Magdalena y de las Barqueras linderas a la misma, y en su centro se colocaban el Pabellón Real y varias banderas y gallardetes Españoles de Guerra y mercantes, bajo las que, cuando el estado de la fiesta y sus cánticos lo indicaba, se cobijaba la lancha capitana haciendo alto o parada, a fin de descansar de sus faenas los que iban dentro, tomar un refresco, brindar y dar vivas a los Reyes, a las Autoridades y al pueblo. Estos brindis y estos vivas, solo podían ejecutarlos los dos Capitanes.

En lo alto de la muralla, sobre la puerta llamada de villa, en lo alto del Puente, y sobre uno de los edificios más inmediatos al punto de partida del acompañamiento para el embarque, se fijaban altos palos de buque con sus banderas y gallardetes.

En la Salea no sé permitía el disparo de cohetes por temor a algún incidente desagradable, en cambio se situaban treinta o cuarenta escopeteros, entendidos en el manejo de las armas, y hombres de edad, desde el Puente al campo llamado de las redes y muelle de Santiago, con obligación de disparar en el momento que la lancha cruzase por delante de cada uno de ellos; y como ésta debía llevar gran velocidad, resultaría una especie de fuego graneado durante la fiesta, y que solo se interrumpia en los cortos momentos que la lancha tardaba en dar la vuelta, tanto en el Sablín como arriba del Puente, entre cuyos dos puntos se hacían las carreras. También cesaba el fuego mientras duraba el refresco, los brindis y los vivas.

Preparada la lancha al lado del muelle de embarque, que es el llamado la Ramblina, inmediato a la puerta de el Llegar, hoy calle del Muelle, con su tripulación y timonel, aquélla teniendo los remos alzados, esperaban la venida de la comitiva, compuesta de las casadas y solteras y los dos capitanes que habían de hacer la fiesta, las cuales reunidas en el punto de partida con numeroso acompañamiento, emprendían la marcha al muelle, tocando sus panderetas, y cantando a dos Coros, primero las casadas y segundo las solteras, los siguientes versos:

Partamos con dignidad
y fraternal alegría,
a embarcarnos en la lancha
que nos espera en la ría.

Con estos y otros parecidos y adecuados versos, llegaba la comitiva al muelle, y allí entonaba lo siguiente:

Coro 1º–ya vamos a embarcarnos
  con alegría,
  que navegar queremos
  en este día.
Coro 2º–¡A la mar me llevan!
  ¿Cuando volveré?
Coro 1º–La lancha nos espera
  junto a la orilla,
  tripulada por mozos
Coro 2º–¡A la mar me llevan!
  ¿Cuando volveré?
Coro 1º–Atraca marinero
  falúa al muelle,
embarcar quieren.
Coro 2º–¡A la mar me llevan!
  ¿Cuando volveré?
 
  Prevenid pues la falua
  mostrando brio en remar,
  que casadas y solteras
  ya se llegan a embarcar.
 
  Marineros remadores
  y capitanes bizarros,
  dadnos con grande alegría
  la mano para embarcarnos.

Los dos capitanes dában la mano a las casadas y a las solteras, embarcándolas y colocándolas en sus respectivos asientos, las unas al un costado de la popa, y las otras al otro; y después marchaban a situarse en su respectivo puesto de popa y proa con bandera desplegada y pié firme.

Puesta la lancha en movimiento, se principiaban las carreras, tocando las panderetas y cantando los versos siguientes, todos en diferente tono, ya unísonos ya a dos coros:

A La Mar.
 
Rompanse las verdes aguas.
con gallarda bizarría,
rompiendo también el fuego
por mar y tierra a porfía.
 
A La Fuente.
 
Al capitán se le encarga
cuidado con el gobierno,
por que la gente embarcada
no pase algún detrimento.
 
A La Mar.
 
Vuela lancha hermosa
a ver el lindo mar,
y allá en dulce calma
gocemos en pescar.
 
A La Fuente.
 
Tiradores manejad
las armas con gran cordura,
tened cuidado no ofendan
la gente de la falua.
 
A La Mar.
 
A la mar galanes,
galanes a la mar,
con redes de seda
sardinas a pescar.
 
A La Fuente.
 
Aligera los remos
marinerito,
que el cansancio se quita
con un traguito.
 
A La Mar.
 
El que quisiera apostar
de la fuente a la ribera,
doscientos ducados traigo
en un pañuelo de seda.
 
A La Fuente.
 
Vengo de la mar
marinero,
vengo de la mar
mareada vengo.
 
A La Mar.
 
Saliendo a la mar
navegando,
salierame el viento
al contrario.
 
A La Fuente.
 
Corre corre,
castillo fuerte
vamos por el agua
a la fuente.
 
A La Mar.
 
Vengo de la fuente
clara,
traigo aquí la flor
también la gala.
Torre de las almenas
casadas y solteras,
torre de las galanas,
solteras y casadas.
 
A La Fuente.
 
En el alta mar
planté un clavel,
y ahora le vengo
de coger.
 
A La Mar.
 
De donde venis
galana,
de recoger
la retama.
 
A La Fuente.
 
En el alta mar
planté un limonal,
y ahora le vengo
de cortar.
 
A La Mar.
Allá en un pensil
que el mar bañaba
corté un clavelar
que allí brotaba.
 
A La Fuente. 
 
De la mar vengo
señoras,
traigo aquí dos blancas
palomas.
 
A La Mar.
 
En este barco
tan galán,
remeros lindos
son los que van.
 
Para La Fuente.
 
Cansadas de navegar
suplicamos ya que presto,
se prepare el Serení
para traer el refresco.
 

Se colocaba la lancha en el medio de la ría, bajo del Pabellón Real, y allí fondeada principiaban a cantar las mujeres:

Tráigannos el refresco,
Señores que ya es tiempo.

Y apenas acabados de repetir los anteriores versos por los dos coros, se entonaba la siguiente canción:

El Barquero.
Coro 1º–Dígame el barquero
  cuerpo garrido,
 casadas y solteras
 cuantas pasan el rio.
Coro 2º–Quédate en mi barca
 linda morena,
  estate en mi barca
  linda morenita,
 
quédate en mi barca
  linda morena.
Coro 1º–y si alguna de ellas
  cayera en el río,
  sácala barquero
  cuerpo garrido.
Coro 2º–Quédate en mi barca, etc.
Coro 1º–y fuera la esposita
  de D. Rodrigo,
  que tanto la quiere
  su dulce amigo.
Coro 2º–Quédate en mi barca, etc.
Coro 1º–Digame el barquero
  cuerpo galano,
  solteras y casadas
  cuantas pasan el vado.
Coro 2º–Quédate en mi barca, etc.
Coro 1º–y si alguna de ellas
  cayera en el vado,
  sácala barquero
  cuerpo galano.
Coro 2º–Quédate en mi barca, etc.
Coro 1º–Por que es la esposita
  de D. Gonzalo,
  que tanto la quiere
  su dulce amado.
Coro 2º–Quédate en mi barca
  linda morena;
  estate en mi barca
  linda morenita,
  quédate en mi barca
  linda morena.

Mientras se cantaban los anteriores versos, llegaba la canoa llaniada el Serení con el refresco para los de la lancha: se repartía chocolate, dulces y refrescos entre las mujeres, lo mismo que entre los hombres que gustaban de ellos, aunque éstos siempre prefirieron licores y otras bebidas, con las que brindaban por los Reyes, por las Autoridades, por Llanes y por el público. Los primeros que brindaban siempre en las saleas, eran los dos Capitanes.

Acabado este refrigerio, y recogido por el Serení el servicio del refresco, se retiraba quedando la lancha bajo el Pabellón Real, donde las casadas formando el primer coro, y las solteras el segundo tocando sus panderetas, entonaban los siguientes cánticos:

Todos.–ya tomamos el refresco
  con gran placer y alegría,
  todos a una voz diciendo
  la villa de Llanes viva.
 
Coro 2º–Dichoso del marinero
  que cruza la mar salada.
Coro 1º–Mañanita de San Juan,
 
salió al mar velera lancha
Coro 2º–Dichoso, etc.
  Doce bizarros remeros
  y un patrón la tripulaban.
  Dichoso, etc.
  Todos antes de salir
  por en medio de la barra.
  Dichoso, etc.
  Se encomendaron a Dios,
  y a la virgen soberana
  Dichoso, etc.
  Siguió la lancha después
  sobre las azulas aguas.
  Dichoso, etc.
  Cortando al pasar las olas,
  tan ligera cual gallarda
  Dichoso, etc.
  Llegaron a la alta mar
  temprano de la mañana
  Dichoso, etc.
  y allí con grande sorpresa
  la Virgen se les depara.
  Dichoso, etc.  Les pregunta, ¿quiénes sois,
  marineros?, ¿de qué patria?
  Dichoso, etc.
  Somos de Llanes Señora,
  la villa alegre y cristiana.
  Dichoso, etc.
  y venimos a pescar
  mero y congrio en la mar alta.
  Dichoso, etc.
  La Virgen les dice entonces
  grandiosa pesca os aguarda.
  Dichoso, etc.
  Hechad vuestros aparejos
  y vuestras redes al agua.
  Dichoso, etc.
  y al recogerlas vereis
  salir de peces cargadas.
  Dichoso, etc.
  Que así recompenso yo
  a quien me venera y me ama.
  Dichoso, etc.
  Esto diciendo, se fue
  rodeada de nubes blancas.
  Dichoso, etc.
  Vieron que Angeles divinos
  cantando la acompañaban.
  Dichoso, etc.
  y vieron bailar al Sol
  sobre las rizadas aguas.
  Dichoso, etc.
  Atónitos se quedaron
  Los marinos de la lancha.
  Dichoso, etc.  
  Dirigiendo sin cesar
  hácia el cielo sus miradas.
  Dichoso, etc.
  Después, redes y aparejos
  sacan de peces cargadas.
  Dichoso, etc.
  En cada malla venían
  pescados de oro y de plata.
  Dichoso, etc.
  Vuelven con su pesca al puerto
  do la gente los aguarda.
  Dichoso, etc.
  Cuentan tan grande prodigio
  a cuantos allí se hallaban.
  Dichoso, etc.
  La villa entera lo admira
  pobres y ricos lo ensalzan.
  Dichoso, etc.
  Desde entonces al salir
  los marinos por la barra.
  Dichoso, etc. Se encomiendan al Señor
  y a la Virgen Soberana.
Coro General.–Dichoso del marinero
  que cruza la mar salada.

Aunque la lancha estaba preparada para nuevas carreras, se suspendían al terminar el verso anterior, dirigiéndose al muelle a hacer el desembarque, en virtud de los cánticos siguientes:

Coro General.–¡Ay! marinero
  sácame del agua,
  no muera yo
  de muerte tan amarga.
Coro 1º–¡Ay! diga hermosa
  lo que quería.
Coro 2º–No muera yo
  de muerte tan amarga.
Coro 1º–¡Ay! diga y diga
lo que mandaba. 
Coro 2º–No muera yo
de muerte tan amarga. 
Coro General.
–¡Ay! marinero
  sácame del agua,
  no muera yo
  de muerte tan amarga.
Coro 2º–i Ay! marinero
  por tu bizarría
  dejar ya queremos
  la lancha y la ría.
Coro 1º–¡Ay! diga y diga
  la blanca niña
Coro 2º–Que dejar queremos
  la lancha y la ría.
Coro 1º–iAy! diga y diga
  lo que desea.
Coro 2º–Que dejar queremos
  la ría y la lancha.
Coro General.–¡Ay! marinero
  por tu bizarría,
  dejar ya queremos
  la lancha y la ría.

Llegada la lancha al muelle cantaban todas desembarcando:

  Marineros remadores
  y Capitanes bizarros
  dadnos con grande
alegría,
  al desembarcar las manos.

Hecho el desembarque, se formaban en primera fila las solteras, en segunda las casadas, y detrás todo el acompañamiento... A las filas de solteras y casadas precedían los dos Capitanes con sus banderas desplegadas, uno a cada extremo; y a éstos, los marineros con el remo al hombro; y tocando las pandertas y cantando versos alusivos marchaban alegres desde el muelle hasta el punto donde se inició la primera salida que es el de la fiesta, y allí se terminaba ésta para entregarse al descanso o continuarla con bailes populares.

§§§
Veladas

La Resurrección.–Desde tiempo inmemorial se venía celebrando en Llanes la Resurrección del Señor, que como todo lo bueno se ha abandonado ya.

Para esta velada, se reunían en el pórtico de la Iglesia parroquial a las dos del amanecer el dia de la Pascua, la mayor parte de las jóvenes solteras y muchas casadas y viudas de la villa, sin excepción de barrios, y con sus panderetas correspondientes: también iban muchos mozos y muchos ancianos, esperando allí como una sola familia a que el reloj público señalase las tres.

Al sonar esta hora, el sacristán de la parroquia principiaba a repicar las campanas anunciando a los fieles la resurrección del Salvador, y apenas acabado este repique, los ancianos entonaban el cántico del Padre nuestro y Ave María, a que contestaban también cantando todos los presentes. Hecha esta Angélica salutación, las mozas ponían en movimiento sus panderetas, y al compás de ellas, acompañadas de las viudas y casadas, cantaban versos de enhorabuena a la Virgen Madre, contestando todos los presentes con el estribillo que decía:

Albricias Reina del cielo,
ya resucitó el cordero.

Media hora se prolongaban estos cánticos, que terminaban con una salve también cantada por los viejos, y repetida por los jóvenes.

Acabados estos actos piadosos, se colgaba a la puerta del templo una Corona de flores naturales, que al efecto se llevaba preparada, como primicia para la Virgen Reina del cielo; y de seguida se organizaba la danza prima Asturiana, exclusivamente de mujeres, que custodiada por los hombres, recorría las calles principales de la villa, anunciando la Resurrección y llevando la alegría a los vecinos.

A las cuatro y media de la mañana, todos se retiraban a sus hogares, alegres y satisfechos por el acto de fé y amor a la Virgen que acaban de realizar.

A las nueve en punto de la noche antecedente a las festividades que celebra la Iglesia de El Corpus, San Juan, San Pedro y Santa Ana, todas las jóvenes y hasta las ancianas de la villa en un grupo, y en otro las del Cueto y las Barqueras, salian cantando al compás de sus panderetas y el tamboril; las primeras desde el sitio de puerta de villa, y las segundas desde lo alto del puente, y se dirigían a la delantera de la Iglesia parroquial, llamadas por el repique de las campanas, donde se entregaban a bailar el fandango y la gallegada, unidas amigablemente, cuyos bailes solian empezar los ancianos y las ancianas más alegres.

La fábrica de la parroquia contribuia para esas diversiones en cada noche, con dos libras de velas de sevo y una gran cuba desocupada de las de grasa de ballena; aquellas para alumbrar los bailes, y ésta para quemarla formando hoguera, que sirviera de entretenimiento a la juventud.

A esta fiestas concurrian como espectadores, los señores y familias más ilustres y principales, reinando siempre un orden y armonía envidiables hoy.

Después de una hora de bailoteo, se rodeaba por todos la hoguera, y apenas terminaba, se organizaban de nuevo los dos grupos de jóvenes de la villa y del Cueto, y se dirigian cantando hasta Santa Ana, los mismos versos que habian cantado al venir hasta la iglesia.

Llegados a la plazuela de Santa Ana, se hacia por todas las jóvenes de uno y otro grupo la danza prima llanisca, y con ella ternaba la velada de aquella noche.

Los versos que se cantaban desde el respectivo punto de partida de cada grupo, hasta la Iglesia, y desde la lalesia hasta Santa Ana, eran según la festividad a que se dedicaban, los siguientes:

Noche del Corpus.
Coro 1º–Corpus Christis dímelo,
  San Juan el verde donde quedó,
Corpus Chrístis dímelo,
  San Juan el verde donde quedó.
Coro 2º–Corpus Christis dímelo,
  San Juan el verde donde quedó,
Corpus Christis dímelo
  San Juan el Verde donde quedó.
Coro 1º–Como es Santo tan querido,
Coro 1º–Como es Santo tan querido.
Coro 2º–San Juan el verde donde quedó.
Coro 1º–Corpus Christis dímelo,
  San Juan el verde donde quedó.
Coro 2º–De la gracia precedido.
Coro 1º–San Juan el verde donde quedó.
Coro 2º–De la gracia precedido.
Coro 1º–San Juan el verde donde quedó.
Coro 2º–Corpus Christi dímelo,
  San Juan el verde donde quedó.

Noche de San Juan Bautista. En la misma forma, tono y juego de palabras que la noche del Corpus, y agregando a los cánticos cuantos versos fueran necesarios por lo largo de la carrera y despacio de la marcha, se cantában los siguientes en la noche de San Juan.

Coro 1º–Adormido esta San Juan,
  Angeles, vámosle a recordar.
  Adormido está San Juan,
  Angeles, vámosle a recordar.
Coro 2º–Adormido está San Juan,
  Angeles, vámosle a recordar,
  Adormido está San Juan,
  Angeles vámosle a recordar.
Coro 1º–De su madre en el regazo.
Coro 2º–Angeles, vámosle a recordar.
Coro 1º–De su madre en el regazo.
Coro 2º–Angeles, vámosle a recordar.
Coro 1º–Adormido está San Juan,
  Angeles vámosle a recordar.
Coro 1º–Angeles, vámosle a recordar. Coro 2º–Se durmió al darle un abrazo.
Coro 1º–Precursor de Jesucristo.
Coro 2º–Angeles, vámosle a recordar.
Coro 1º–Precusor de Jesucristo.
Coro 2º–Angeles, vámosle a recordar.
Coro 1º–Adormido está San Juan,
  Angeles, vámosle a recordar.
Coro 2º–El intituyo el bautismo.
Coro 1º–Angeles vámosle a recordar.
Coro 2º–El instituyó el bautismo.
Coro 1º–Angeles vámosle a recordar.
Coro 2º–Adormido está San Juan,
  Angeles vámosle a recordar.

Y en esta misma forma se cantaban otros muchos versos como los de:

En esta noche serena,
lindo olor dá la verbena
 
Por San Juan y por San Pedro,
que lindo olor dá el romero.

Después de la velada de San Juan, solian formarse grupos de jóvenes de ambas sexos, y aun algunos ancianos, para beber la flor del agua en la fuente púbica, e ir a ver la salida del Sol desde San Pedro, que la credulidad y la fé de la gente sencilla, les hacia asegurár, que el sol bailaba al salir en la mañana de San Juan. Cuando regresaban de estas pequeñas excursiónes, venian cantando canciones como las siguientes:

Todas las flores
traigo aquí,
menos el trébole
que no le vi.
 
Esta noche
de amores toda
pícaro aquel
que no la ronda.
 
Vengo de la fuente niña,
niña vengo de la fuente,
pero un pícaro atrevido
quiso salirme al encuentre;
llamé a la virgen María,
y fue mi amparo y mi guia.

Noche de San Pedro. Lo mismo que en las del Corpus y de San Juan, iban a la Iglesia los dos grupos de jóvenes cantando con sus panderetas:

Coro 1º–San Pedro galán diligente,
  vámosle a ver como es valiente.
  San Pedro galán diligente,
  vámosle a ver como es valiente.
Coro 2º–Repetición de lo mismo y de los versos siguientes:
Fue Apostol y marinero,
tiene las llaves del cielo.
 
Discipulo fiel y amado,
fue de la Iglesia vicario.
Por San Pedro y por San Juan,
que lindo olor las rosas dan

La noche de Santa Ana, también iban cantando en el mismo tono y con igual juego de palabras los versos siguientes:

A Santa Ana madre nuestra
vamos a hacer hoy la fiesta.
Madre de la Soberana,
es la gloriosa Santa Ana.
Abuela de Cristo y madre,
del eterno padre.
 
Amparo del marinero,
del afligido consuelo.
Madre de Madre inmortal,
que aplastó el genio del mal.

Estas sencillas fiestas y estas patriarcales costumbres, vinieron a desaparecer de entre nosotros en los primeros años del segundo tercio del presente siglo, con la creación de los dos partidos llarnados de la Magdalena y de San Roque.

§§§
La Magdalena y San Roque.

En 15 de Agosto de 1836 se mandó publicar la Constitución de 1812, y con arreglo a élla, por decreto de 21 del mismo mes, fueron elegidos Diputados a Cortes Constituyentes por el distrito de Llanes los Sres. D. Pedro Alejandro de la Bárcena, D. Manuel Noriega Cortina y D. Miguel de Vereterra y Carreño, Marqués de Gastañaga y de Deleitosa.

La apertura de estas Cortes tuvo lugar el 24 de Octubre, y su disolución el 4 de Noviembre del siguiente año de 1837.

Para las legislaturas de 1837-38 y de 1838-39, de Cortes ordinarias, se eligieron nueve Diputados por la provincia, con arreglo a la Constitución de 1837, proclamada el 18 de Junio de dicho año, y Real decreto de 20 de Julio siguiente, y entre ellos lo fueron don Francisco de Posada Fernández de Córdova; y D. Juan de Posada Argüelles, de Llanes; cuya apertura tuvo lugar el 19 de Noviembre del referido año de 1837.

Con motivo de estas elecciones, se desencadenó en Llanes una cruda lucha política entre los dos partidos que entonces se formaron de exaltados y moderados, perteneciendo al primero las diferentes familias de Posada Herrera, Posada Argüelles, Posada y Posada, Valdés Castillo y otras; y al segundo las de Gastañaga, Inguanzo, Mier Bermudez, Bárcena, Mendoza, Vega, Porrero, &c.

El partido exaltado se anticipó a celebrar su triunfo en las elecciones para las legislaturas del 37 al 39, ya que había sido derrotado en las de 1836 para las Cortes Constituyentes, y a este fin organizó una fiesta popular el dia de Santa María Magdalena, 22 de Julio de 1837. Los moderados respondieron con otra fiesta popular el dia de San Roque, 16 de Agosto del mismo año, como triunfadores también en las elecciones para las Cortes Constituyentes que antes habían tenido lugar.

Por espacio de muchos años se hicieron cruda guerra los dos partidos en todas las elecciones que se sucedieron, ya fueran para Senadores, Diputados a Cortes, Diputados provinciales o Ayuntamientos; y desgraciadamente esta maldita semilla política, fuente de muchas ambiciones, reina hoy entre nosotros, engendrando odios, envidias y chismes sin cuento, en perjuicio de la cultura y bienestar de Llanes, de su adelanto y de su progreso.

Todos los años se vinieron celebrando grandes fiestas en la Magdalena y en San Roque, que si en un principio las fomentaron y protegieron los señores de aquellos partidos políticos, quedaron después a merced y cargo del pueblo, no sirviendo más que para su daño con gastos que mejor aplicados podían hacer la felicidad de muchos pobres. Es verdad que si en ellas reinaba entusiasmo indescriptible por los respectivos partidarios, lo es también que tal entusiasmo no rebasaba los límites de la prudencia, ni alcanzaba más tiempo que el que duraban las fiestas, volviendo pasadas éstas a unirse las familias y a armonizar como hermanos hijos de un mismo pueblo.

Llegaba el invierno con sus noches interminables, y cuando menos tres veces a la semana, se reunían en casas determinadas de antemano, muchas de las familias de uno y otro bando, para pasar tres o cuatro horas de tertulia las personas mayores, y las jóvenes, en juegos de prendas, en representar charadas, en bailes de salón a los acordes del piano y algunas veces en representar obras dramáticas. Venía el verano y con él las romerías, como la de el Santo Cristo del Camino y Santa Marina, y en ellas también se juntaban indistintamente las familias para sus comidas de campo y sus bailes, sin acordarse para nada, de si eran de San Roque o de la Magdalena.

Desde hace pocos años, el orgullo y la vanidad que se apoderó de algunas personas favorecidas por la suerte que, como dijo muy bien un Ministro de la Corona, «con su insoportable fatuidad se ficruran ser las únicas justas por que son presuntuosas; sabias por que son pedantes; enérgicas por que son chillonas, e independientes por que son desconsideradas»; a más de la intriga, la adulación, la chismografía y la calumnia con que otras vividoras de oficio las halagaron, trajeron como resultado la desunión de los vecinos, entre los que no impera hoy más que el insulto y todas las malas pasiones, al extremo de llamar la atención de los hijos de uno y otro partido residentes en América, quienes tuvieron el buen acuerdo de protestar públicamente contra tales discordias, negando todo auxilio, que no sea para que las fiestas se hagan con aquella paz y aquel entusiasmo noble que reinaba cuando de pequeños las presenciaron.

Quiera Dios que el consejo de tan amantes hijos de Llanes, haga abrir los ojos a sus mismas familias y amigos; y quiera Dios también lleguen a abrirlos los fascinados con su bienestar, para que desprecien los halagos de farsantes, que en este oficio buscan su medro personal, y coadyuven a apagar el fuego de esas lenguas viperinas que no saben más que introducir la cizaña en las farnilias con sus falsas calumnias y inentidas murmuraciones.

El dia que esto suceda; el dia que todos en Llanes nos consideremos hermanos y nos guardemos los respetos debidos, como antes sucedía, entonces, volveremos a ser felices como nuestros padres lo fueron, viviremos en aquella armonía tan envidiada, y conseguiremos la paz que ellos disfrutaron, así como la salud de nuestra alma.

Así sea.

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