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El arte prerrománico

Arte Prerrománico.

1. LOS CIMIENTOS DE LA EUROPA MEDIEVAL

El Imperio Romano, guiado por su concepción de la ley y el derecho, había ido ampliando el ámbito de quienes gozaban de su ciudadanía hasta extenderla a los pueblos bárbaros que habían ayudado a la causa imperial. El disfrute de una ciudadanía tan extensamente compartida y la estabilidad de la estructura política romana generaron en sus miembros una conciencia de pertenencia a un ente universal . El cristianismo, por su parte, también representó un , decisivo en el proceso de difusión de una conciencia universalista y se convirtió, al desaparecer el Estado romano, en puente entre la civilización clásica y la nueva cultura en gestación, y ello gracias a su poder de captación de los pueblos germanos a través de obispos y monjes.

Fuentes de Inspiración artística

Las realizaciones artísticas de los siglos V al XI reflejan del legado cultural romano y cristiano, al que han de sumarse las aportaciones estéticas de los pueblos bárbaros y de Bizancio. Arte y cultura caminaron de la mano hacia la configuración de una unidad superior que cristalizará en la Europa románica del siglo XI.

Cuatro son, pues, las fuentes de las que la Europa en formación obtiene su inspiración artística:

a) La herencia clásica grecorromana y sus trascendentales hallazgos arquitectónicos (la concepción del espacio, la imitación de las basílicas, la adopción de los órdenes clásicos, columnas, capiteles etc.); y las influyentes realizaciones pictóricas (los diversos géneros pompeyanos, el mosaico romano, etc.).

b) La aportación cristiana en temas religiosos que encarnan un nuevo significado, sirviéndose con frecuencia de motivos ya desarrollados antiguamente en la tradición religiosa pagana.

c) El Influjo oriental, principalmente a través de Bizancio, que extendió sus dominios hasta las penínsulas itálica e ibérica y que difunde sus plantas de cruz griega, sus insuperables juegos de cúpulas o sus dorados mosaicos.

d) Los nuevos elementos decorativos de los pueblos bárbaros. Para el conocimiento de sus gustos artísticos originales la fuente más fecunda e interesante son los utensilios, joyas y armas que se ponían junto a los mue tos, así como otras piezas de uso ordinario decoradas con diversos motivos ornamentales. En todo momento, alcanzó un gran desarrollo la ornamentación en objetos de metal, especialmente en broches, hebillas, fibulas, en los que son repujados numerosos asuntos zoomórficos, con predominio de los leones, águilas y también representaciones de animales monstruosos. Otras interesantes manifestaciones de los pueblos bárbaros son las labores de pedrería policromada así como los trabajos que los orfebres practicaban para decorar las em puñaduras de las espadas, vainas o incluso las bridas de los caballos.

El arte en la época de las invasiones

En las escasas realizaciones arquitectónicas del período se utilizan materiales pobres, principalmente madera, que acaban siendo pasto de las llamas. Conocemos algunos ejemplares de iglesias nórdicas, de forma piramidal y que conservan el estilo de los halls vikingos. Mucho más importantes son las construcciones ostrogodas del norte de Italia, con incorporación decidida de influencias romanas, tal como vemos en la Tumba Circular de Teodorico en Rávena, tal vez el monumento más destacado de la época de las invasiones.

La pintura encuentra su más lograda expresión en las miniaturas. En ellas queda trasvasado al libro el gusto por la decoración abstracta, tan arraigada en los pueblos bárbaros. Alcanzó especial relieve la labor de los monjes irlandeses, cuya influencia se difundirá con rapidez por toda la Europa continental.

2. EL ARTE DE LOS VISIGODOS

Los visigodos habían permanecido largo tiempo en las fronteras del Imperio Romano antes de asentarse en el sur de la Galia y situaron su capital en Toulouse. Su colaboración con los romanos fue intensa, por lo que se habían con vertido en el pueblo germano más romanizado. La inferioridad militar respecto a los francos, que aspiraban a dominar toda la Galia, hizo que su expansión se orientara hacia el sur de los Pirineos. Ya a principios del siglo VI, Toledo se constituye en la nueva capital del reino visigodo, que conseguirá su mayor extensión durante el reinado de LEOVIGILDO (573-586).

La realidad cultural de la Hispania visigótica era muy pobre y estuvo casi reducida al ámbito eclesiástico (SAN ISIDORO y sus Etimologías), que intentó mantener el legado cultural romano con la natural excepción de los aspectos religiosos.

Caracteres generales de la arquitectura visigoda

Aunque los pueblos bárbaros aportaron bien poco a la arquitectura, es en este campo donde los visigodos lograron resultados más interesantes merced a su respeto a las formas hispanorromanas y al enriquecimiento que experimentaron en contacto con los bizantinos del sureste de la Península.

Las características más notables de la arquitectura visigótica son: planta basilical (San Juan de Baños) o cruciforme (San Pedro de la Nave, de cruz griega); capiteles corintios y bizantinos, perfeccionando las toscas imitaciones de modelos clásicos llevadas a cabo en la primera etapa; como material constructivo es predominante el empleo de la piedra; el aparejo aparece generalmente bien tallado; utilización del arco de herradura, adoptado luego por los árabes, al que se concede función constructiva y no sólo decorativa, como en algunos antecedentes; bóveda de medio cañón y menos frecuentemente la de arista; escasez de vanos y uso de ventanas de un solo hueco.

Etapas del arte visigodo

Se pueden distinguir dos etapas en el arte visigodo muy en relación con la evolución política del reinado. La primera etapa abarca los siglos V y VI, es decir hasta la conversión al catolicismo de Recaredo en el año 587. La falta de unidad política y religiosa impiden hablar de un arte definido, se trataría más bien de la continuidad del arte hispano

La segunda etapa se extiende desde la unificación religiosa culminada por Recaredo hasta la invasión árabe (711) y fin del reino visigodo. A esta etapa pertenecen la mayor parte de los monumentos conservados.

Los más notables se sitúan en la mitad norte de la Península. San Juan de Baños (Palencia 661) y la parte más antigua de la cripta de San Antolín en la catedral de Palencia, obra del siglo VIII. De fines del mismo siglo es Santa Comba de Bande (Orense) con planta de cruz griega y bóveda de arista. Muy destacada es la iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora) con planta de cruz griega, y con decoración de temas animales, frutales y escenas bíblicas. Su esquema básico se ve complicado con estancias añadidas que podrían tratarse de celdas conventuales. En el conjunto de iglesias de Tarrasa (San Pedro, Santa María y San Miguel), que pertenecen a la desaparecida diócesis de Egara. hay elementos que parecen testimoniar las características visigóticas de estos templos: la planta de herradura del ábside y diversos capiteles y columnas así lo atestiguan; las influencias bizantinas en los ábsides y elementos decorativos abonarían la idea de la síntesis culminada entre lo visigótico y el arte oriental.

No quedan restos pertenecientes a edificios públicos ni tampoco conocemos obras de ingeniería; debemos pensar en un elemental aprovechamiento de las realizaciones romanas y en el simple abandono de teatros y circos que habían perdido sus anteriores funciones. Por el contrario, son abundantes los restos esparcidos por museos (capiteles, canceles, columnas, sarcófagos, etc.) pero sólo se han conservado algunos relieves escultóricos en San Pedro de la Nave (capiteles) y en la iglesia de Quintanilla de las Viñas (Burgos).

Mucho más importantes y originales son las creaciones de la orfebrería visigoda. La corte hispano- de Toledo creó joyas de pomposa y rica 4stosidad, siendo las coronas votivas, que os reyes entregaban el día de su coronación las obras más bellas por su policromía y suntuosidad La corona de Recesvinto en Guarrazar (Toledo) es la más rica y mejor conservada.

3. EL ARTE CAROLINGIO

De los reinos bárbaros que en el transcurso del siglo V y se establecieron en los territorios occidentales del fenecido Imperio Romano, en el siglo VIII sólo pervive el reino franco, que aspiraba a reconstruir aquel imperio, También los lombardos deseaban reunificar los territorios de la península italica .Carlomagno se decidió a conquistar Pavía en 774 y proclamarse rey de los lombardos. Dicha conquista iba a tener repercusiones artísticas, pues los afanados arquitectos lombardos pondrían su técnica (dominaban la construcción de bóvedas y su arte (las decorativas fajas de arcos ciegos) al servicio de la corte carolingia.

El Imperio Carolingio era ante todo un estado franco, un núcleo estable alrededor del cual otros pueblos reaccionaron muy diversamente ante esa pretendida hegemonía, Corno factores de cohesión el imperio contaba con una firme estructura administrativa, un poderoso ejército, aliado con Iglesia, las finanzas y con algunos elementos culturales como la escritura y la lengua. Por el contrario tenía que superar graves elementos disgregatorios cuyo origen estaba en la variedad de grupos étnicos bien en las ambiciosas Familias condales. El reinado de Carlomagno (786-814) significó el momento de mayor equilibrio entre esos factores por lo que logró inaugurar un período de esplendor político y también cultural. En este último terreno se ha hablado de un “renacimiento carolingio” tras un largo intermedio de decadencia de la cultura antigua. No se puede generalizar para todo el Occidente europeo, aunque sí es claro el estado de aletargamiento cultural de la Galia en los siglos VI y VII. Precisamente el arte carolingio se verá impulsado por el contacto con los dos focos que mantenían vivo el legado clásico, Roma y Oriente.

La arquitectura carolingia

El carolingio es un arte cortesano y eclesiástico, pues Carlomagno sueña con un imperio bendecido por Roma, e el que resalte la unidad espiritual por encima de las distintas naciones. Las primeras basílicas construidas por el Emperador sólo se pueden conocer por medio de excavaciones o fuentes literarias (la iglesia del Monasterio de Céntula, en Normandia; la basílica de Fulda).

No son muchos los restos de la arquitectura carolingia que han llegado a nuestros días. En los templos predomina la planta basilical aunque los hay también de planta central. El crucero aparece más destacado que en las construcciones anteriores. Las cubiertas, generalmente de madera, se apoyan en soportes cruciformes, en columnas y pilares. Los deambulatorios se van abriendo paso por detrás del altar. El ábside cobra gran importancia.

El monumento más famoso es la Capilla del Palacio Carlomagno, en Aquisgrán (consagrada en 805), aunque no sea el prototipo de este estilo. Su autor Otón de Netz tomó como modelo con toda probabilidad la iglesia San Vital de Rávena. Es un edificio de planta central cogonal inscrita en un polígono de dieciséis lados. Sus pilares sostienen una tribuna o galería reservada al emperador y a su corte. Otra interesante iglesia de planta central es la de Saint Germigny-des-Prés, en Orléans, consagrada en el año 806 por el obispo Teodulfo, de origen hispano-visigodo, lo que explicaría las peculiaridades que presenta este templo (arcos y ábsides en forma de herradura). La iglesia de Corvey (873-885) conserva un testimonio de la llamada «obra oeste» (Westwerk), típica de la arquitectura carolingia, y que consistía en un agrandamiento del edificio en su parte occidental para albergar las escaleras que daban acceso a la tribuna.

La originalidad hispana: el arte prerrománico asturiano

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