José Ignacio Gracia Noriega

Peñamellera Alta
 

La carretera que sale de Panes va a dar a Cangas de Onís y una desviación en Soto de Cangas conduce a Covadonga; pero también por aquí podemos ir a la otra Peñamellera, la Alta, más próxima. Las dos Peñamellera, la Alta y la Baja, están dominadas y protegidas por la Peña Mellera, que se alza en medio del valle del Cares-Deva como si fuera el gorro puntiagudo de un gnomo por el que subieran las casas de un pueblo. Por aquí pasa todavía cristalino el Cares, desembarazado de montañas pero ya unido al Deva. Víctor de la Serna escribió sobre él: «El Cares, afluente del Deva aunque de más aforo, es el río más bonito de España. Los asturianos, orgullosos de él y con cierta nativa tendencia a la hipérbole, aseguran que es el más bonito del mundo. Yo, como no he visto todos los ríos del mundo y como he visto creo que todos los de España, me atrevo sólo a asegurar que ninguno de la Península tiene unas márgenes más bellas y, sobre todo, un agua más increíblemente diamantina. Es un agua como hecha de gotas de rocío».

Queda atrás Panes y entramos en Alles por Niserias, un lugar con prestigio salmonero, al que los notables del país, sea cual fuere la situación política con la que colaboren, van a echar sus cañas: está, pues, en este tramo el río altamente politizado. A donde fueres, haz lo que vieres, recomienda el refrán, y los políticos gastan sus ocios de cualquier manera, excepto jugando al ajedrez, porque en el interior de una casa no los pueden captar con tanta facilidad los fotógrafos como aparejados con todos los requisitos indumentarios para plantarle batalla al salmón o a la trucha.

A Peñamellera Alta la limitan al Norte, el concejo de Llanes, al Sur, la Peñamellera Baja, y al Oeste el concejo de Cabrales. Desde muy antiguo, los habitantes del País distinguían entre el Valle Alto y el Valle Bajo, y el nombre medieval del territorio era Valle Real de Peñamellera, que perteneció a las Asturias de Santillana hasta que en 1834 se unió administrativamente a Asturias, con la capital en Abándames: en 1890 se divide en dos municipios, con capitales en Panes y en Alles.

Este territorio es zona de pastos, ganadero y agrícola. Los bosques se derraman por las laderas de las montañas, y en los caseríos, dominándolas, o aisladas al borde de un prado o en la falda de una colina, son frecuentes las viejas casonas hidalgas, con sus piedras de cantería y escudos de armas, entre los que predomina el de la Casa de Mier, restos de un pasado régimen señorial, que en parte contrastan y en parte coexisten con las quintas y palacetes de los indianos, documentación arquitectónica, a su vez, de la mucha emigración a América salida de esta tierra.

Alles, la capital, «agrupamiento urbano muy acomodado al campo», como escribió Magín Berenguer, es un lugar sorprendente, situado en una meseta al Sur de la sierra del Cuera: desde aquí se ve el pelado murallón de la sierra recostándose en contrafuertes redondeados y parduzcos. Pero lo que más se ve de Alles es su buena iglesia parroquial del siglo XVIII, que casi parece apropiada para templo de capital de provincia, lo mismo que las quintas de indianos de Alevia podrían figurar con todo merecimiento en cualquier calle principal de cualquier ciudad de importancia. El conjunto donde se encuentra esta iglesia imponente va perdiendo parte de su sabor a causa de modernas construcciones, como el Ayuntamiento o una moderna bolera en la que se percibe un exceso de hormigón. El interior de la iglesia guarda un retablo de mérito, y en el exterior hay buena rejería. Pero lo más monumental del templo son las dos torres; en la pequeña hay una veleta. La fecha de la construcción del templo consta en la piedra: 1787.

Aún siendo notable, no es la iglesia parroquial el único monumento; en el barrio de Trespalacios se puede ver otro conjunto monumental, y, como escriben Mari Cruz Morales y Emilio Casares, «a las afueras del pueblo de Alles, mal se llega por una desviación de cuatro kilómetros a la izquierda en dirección a Panes, se encuentran los restos de la iglesia románica de San Pedro de Plecín», que Magín Berenguer fecha en el románico tardío, destacando «una buena portada con magníficos capiteles».

De Alles era José del Campillo y Cossio, uno de los primeros ilustrados españoles, hacendista y administrador distinguido, que fue Contador de la Armada, Intendente de Aragón y Ministro de Marina, Hacienda, Guerra e Indias durante el reinado de Felipe V, después de haber sido pastor en los montes peñamelleranos, y de quien escribe Jesús Evaristo Casariego: «En la revisión científica y libre que hay que hacer de los valores españoles (aventando la paja para recoger el grano) corresponderá a Campillo un puesto principal de eficacia y de honor. El fue, en la España que empezaba a recuperarse, de los primeros Borbones, quien vio y atacó con largueza y valentía los grandes males y los grandes problemas que había que remediar si no queríamos quedarnos parados y atrás en el progreso del mundo, como al fin ocurrió. Varios escritos salieron de su pluma, tres fundamentales, cuyos títulos lo dicen todo: "Nuevo sistema de gobierno económico para la América", "Lo que hay de más y de menos en España" y "España despierta"».

Los otros pueblos de Peñamellera tienen nombres casi pastoriles: Pastorías, Rieña, La Collada... Nos desviamos para entrar en Ruenes, que desde Alles se contempla como un alegre caserío en la lejanía. Ruenes tiene dos calles paralelas hasta que al final tan sólo queda una, que va descendiendo hasta la iglesia; las gentes de este pueblo emigraron a Méjico y tienen fábricas de tapices, y tanto en las calles como en las casas aparecen signos de esta prosperidad ultramarina. Con el monte a su espalda, Ruenes se abre al frente al valle de Peñamellera. Todavía podemos probar un queso fresco que deja una sensación de suavidad en la boca y en el paladar antes de volver al camino, por Rozacanal y Rozagás, donde la carretera va descendiendo para entrar en el próximo concejo de Cabrales, cuyo primer pueblo es Arangas: un pueblo que también fabrica su queso y cuya iglesia tiene a la vera un tejo imponente. Las casas, agrupadas sobre un monte, evocan en la memoria el recuerdo de los navideños belenes. Y bajando, bajando, a mitad de la ladera de una colina redondeada hay un dolmen; y la carretera sigue su bajada hasta el prado de la iglesia de Santa María de Llas, un templo tan curioso, muy unido a las tradiciones cabraliegas. El río Ribeles murmura a su paso y hace guardia en el prado un tejo venerable. La iglesia ha sido construida y reconstruida y tuvo origen abacial, según la nómina de 1385; la portada exterior es idéntica a la de San Acisclo de Pendueles. En el interior se conservan pinturas en la zona del altar, y las bóvedas están cubiertas de dibujos coloristas y geométricos hechos a tinta en el año de 1786, por donación de Toribio Díaz Moradiellos, un cabraliego que se hizo rico, vendiendo vasos de agua en Sevilla a los sedientos sevillanos. Porque antes de emigrar a Méjico, como hicieron en los siglos XIX y XX, los cabraliegos bajaban a Andalucía y se hacían aguadores, sin duda como homenaje a las abundantes aguas asturianas.

Y aunque Santa María de Llas esté un poco apartada de la actual población (aunque casi a su lado, por la parte alta, pasaba el camino real) ya estamos en Arenas de Cabrales.

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José Ignacio Gracia Noriega, Cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 30-34
 

Arredondo José Ignacio Gracia Noriega / Entre el mar y las montañas
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La Montaña Mágica

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