José Ignacio Gracia Noriega

El Mazucu
 

El Mazucu es un monte que está, así como así, en medio. Se ve desde la villa de Llanes desgajado de la sierra del Cuera, como una gran piedra que le hubiera salido a Las Mañangas, un poco extraño, un poco fantasmal, con un aspecto que recuerda un poco al de un murciélago con las alas desplegadas. No conozco la razón de su nombre, Mazueo, como despectivo de «mazo», ni tampoco hay constancia de que haya habido una rudimentaria industria del hierro en estas tierras, como la hubo, y aún se conservan abundantes restos, en la parte occidental del Principado, salvo en la toponimia: tenemos el pueblo de Los Mazos en la Asturias del otro lado del río, en la Peñamellera Baja, y tenemos La Ferrería a la orilla del río Bedón, en la parroquia de Vibaño, donde se dice que hubo una fragua que pertenecía al monasterio de Celorio.

Por el Mazucu, bien mirado, no se va a ninguna parte, salvo al Mazucu. Se entra desde Llanes por Parres: al final del prado de Santa Marina ya empieza a subir la carretera que lleva al Mazucu por el alto de La Tornería, y que sale a La Huera de Meré, más abajo de Meré pero más arriba de Puente Nuevo: ocho kilómetros de monte. La de Santa Marina es una romería famosa, que se celebraba, y se celebra pese a [129] lo aciago de la fecha, el 18 de julio: tal día estalló la guerra civil también en Llanes, y esa tarde se interrumpió la romería y hubo detenciones. Sin embargo, la romería, en pleno campo, en torno a la ermita, sigue manteniendo su aroma pastoril y arcaico, aunque menos, y en ella, las mozas, ataviadas con el rico traje llanisco, llevan los blancos corderos a los pies de la santa. Así la recuerda el poeta Celso Amieva:

Ofrendan corderos
las mozas de Parres
a la santa de ojos
color de los mares.
Al pie de Mañanga,
al pie de la ermita,
bendita la imagen
de Santa Marina.

Y del prado de la romería, al monte, por fuertes cuestas. Entre tan grandes curvas, a veces no tenemos delante otra cosa que pared de piedra, otras le damos la espalda y vemos a lo lejos el mar. La explotación de una cantera le ha dado un buen mordisco a la montaña.

Por el Mazucu no se va a otro lugar que al Mazucu, pero si en la guerra se quiere ir a cualquiera otra parte, hay que pasar por allí. En el Mazucu se libró la batalla más dura de la guerra civil en Asturias, en la que la Brigada Móvil de Higinio Carrocera se opuso denonadamente a la I Brigada de Navarra durante siete días de hierro y fuego, en los que hubo numerosas bajas. Todavía se recuerdan en los pueblos del valle los camiones que bajaban al atardecer, cargados con los cadáveres de requetés muertos en la montaña.

La pérdida del Mazucu supuso la caída de Gijón. [130] En el alto de la Tornería, un monolito con la leyenda medio borrada, recuerda a cuatro pilotos alemanes de la «Legión Cóndor», cuyo avión fue derribado en Peñablanca. Poco más tarde, durante la segunda guerra mundial, otro avión alemán, que venía averiado después de haber mantenido un combate con cazas ingleses, cayó cerca de Riocaliente, al otro lado de esta montaña.

Una carretera que se aferra a la montaña y que hace largas y bellas curvas sobre un valle umbrío y estrecho desciende hasta el pueblo del Mazucu. El Mazucu está a la izquierda de quien baja, y a la derecha están la bolera y la capilla, verdaderamente diminuta, donde, tal vez como recuerdo de la pasada batalla, o para aprovechar el material sobrante, la campana es la cabeza de un proyectil. Lo mismo hicieron en la iglesia de Cortines, más abajo, y único pueblo que tiene bar en todo el monte.

El Mazucu pertenece a la parroquia de San Juan de Caldueño, y según anota Fermín Canella «tiene sus términos por la parte del Nordeste con los términos arriba referidos que confinan con los de la parroquia de San Julián de Porrúa; y por la parte del Vendaval, dicho lugar tiene sus términos con los del lugar de Caldueño, los cuales están por separar y dividir entre los dos lugares; y por la parte del Sur confina y tiene sus términos dicho lugar del Mazucu con dicha jurisdicción de Cabrales, aguas vertientes a Cabrales; y por la parte del Norte con los dichos y referidos de la parroquia de San Pedro de Vibaño».

Bajando hacia la salida de la Huera de Meré está Caldueñíri, donde se abre una espaciosa cueva, y luego Cortines y Debodes: siguiendo por Debodes se sale a la carretera del río de las Cabras: si se tira a la [131] izquierda, se va a Cabrales o a Cangas de Onís; si a la derecha, bajando, a Posada, y desde allí, se puede ir a Ribadesella o a Llanes. Asimismo, desde el Alto de la Tornería, volviendo hacia atrás, por los Corros se entra en los pastizales de La Llosa de Viango, entre la Muezca o Texeu y el Cuera, al pie del Pico Turbina, el más alto de la sierra; y desde el pueblo del Mazucu, por Peñablanca, se llega a Arangas. Quien va al Mazucu sólo va al Mazucu, pero desde el Mazucu se puede ir a muchas partes. De Cortines se va a Buda, y de allí a Las Jareras, donde termina la carretera, y que es una de las grandes sorpresas del concejo de Llanes: un pueblo alto y pintoresco, con praderas y huerta, ganado y bosques de castaños y acebos en los alrededores, donde se perciben «holgura y labranzas», que diría Valle-Inclán. Villa está enfrente, apoyado en un monte, a media ladera.

José Saro y Rojas escribió sobre esta parroquia, hace más de cien años: «Abunda en Caldueño la castaña y también se cosecha y se produce riquísima miel que extrae de su flora la laboriosa abeja. La producción de grano no es de importancia». Y añade, citándose a sí mismo: «Es la parroquia de Caldueño una de las más productoras del concejo de Llanes, especialmente en ganadería y maderas de construcción. Sus buenos y abundantes pastos crían gran número de cabezas de ganado de todas clases». El problema que tenía la parroquia en aquel tiempo era el de su relativa incomunicación; sin embargo, gracias a ella, las monjas agustinas de Llanes buscaron refugio en Cortines, donde permanecieron durante más de dos años, por haber establecido los franceses su cuartel general en el convento, a finales de 1809. Por la misma razón, la de la ocupación napoleónica de la Villa, [132] Vibaño fue capital del concejo con carácter interino, con alcalde, ayuntamiento, juez y mercado semanal.

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José Ignacio Gracia Noriega, Cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 128-132
 

La Montaña Mágica José Ignacio Gracia Noriega / Entre el mar y las montañas
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