José Ignacio Gracia Noriega

El Valle de San Jorge
 

El Valle de San Jorge es una comarca con personalidad propia, dentro del concejo llanisco. Su capital es Nueva. Dice Madoz que «reinan todos los vientos y el clima es templado y muy saludable. Tiene más de 200 casas repartidas en el lugar de su nombre, y en los de Cuevas del Mar, Ocio, Picones, Quintarrales, Doradiello, Llamigo, Bao, y distintos caseríos; hallándose dividido por el río de Nueva en cuatro barrios, a saber: Llende el Río, Nogalera, Barrio de Abajo y La Granda». Y Saro y Rojas escribe: «Es Nueva la segunda población del concejo de Llanes, y en ella abundan hermosos edificios de antigua y moderna construcción, bellos jardines en los que se cultiva toda clase de flores, las que embriagan con su aroma y fragancia y las que deleitan la vista por sus vivos colores y el orden y concierto de sus pétalos. Los arbustos de hoja permanente y constante verdor, propios de los más diversos climas y donde es tal la profusión de naranjos y limoneros, tanta la espontaneidad con que se crían y tal el grado de desarrollo que adquieren que no es de extrañar que haya sido en lo antiguo objeto de gran exportación en esta comarca el fruto de estos árboles, que se vendía hasta en los mercados de Londres». [159]

Nueva fue la antigua Puebla de Aguilar, que dio nombre al territorio llanisco durante la Alta Edad Media, y según Saro y Rojas, debió recibir el nombre de Nueva «cuando lo fue realmente, por haber aumentado su vecindario y caserío, formándose una Puebla Nueva». Según Fernando Carrera, «el territorio Aquilare, en la villa, se llamaba Planas y Planes, y en el siglo XIII, Llanes, nombre que sin duda alude a la configuración del terreno, llano con relación a las cuestas y montes circundantes».

Según Canella, «el territorio, que a comienzos del siglo XIII principió a llamarse Llanes, entonces se denominaba Aguilar, teniendo por centro, con palacio y castillo de sus señores, el pueblo que después fue Nueva, con más otra casa fuerte donde más tarde se pobló la villa y se levantó palacio condal». Y continúa Canella que en la asamblea convocada por el obispo Pelayo en Oviedo en la Pascua de Pentecostés de 1115, «suscriben el acta representantes de los territorios mencionados y juntamente los de Colunga, Cangas y Aguilar, que después también marcharon unidos en la organización representativa de la posterior Junta general. Prueba evidente fue la tal concurrencia de los «aguilareños» para demostrar lo que ya significaba su extenso y floreciente territorio entre las montañas y el mar. Y no transcurrió un siglo sin reclamar y obtener del Rey las franquicias y significación municipal con el nombre de Llanes, poniendo la cabeza o capital en la planicie o sitio llano, a orillas del Océano».

Nueva conservó, sin embargo, importancia histórica, y a poco del desembarco de Carlos V, éste comió en la Torre de San Jorge, hoy situada en el interior del palacio del Conde de la Vega del Sella, [160] durante su camino en dirección a Llanes. Saro y Rojas anota que «en lo antiguo tuvo Nueva su hospital para acoger a los enfermos y desvalidos» y que « fue uno de los pueblos del concejo que más sufrió en tiempo de la invasión francesa, saqueándose y quemándose allí hasta catorce casas de las más principales. Cúpule tal desgracia entre otros a un humilde labrador, por sobrenombre Zapatinos, quien herido como español y perjudicado como propietario, juró venganza, dedicándose desde entonces a perseguir franceses y sacrificando inclemente a cuantos rezagados o extraviados se ponían a su alcance. Fueron tantas las víctimas de su enojo que el nombre de Zapatinos quedó inmortalizado en la comarca».

Un resto de la pasada grandeza del valle es la Guiana, en Hontoria, de la que Saro y Rojas refiere una melancólica leyenda: «Poco más adelante levanta sus toscos muros la casa de Guiana o Iyana, de arquitectura románica y seguramente la más antigua hoy (en 1887) de todo el Valle de San Jorge. Tiénese por algunos a la casa de Iyana como tronco y raíz de los Posada del Concejo de Llanes y dícese que en el sitio donde se levanta posó el falcón de la leyenda, que se supone dio origen al apellido Posada, y sin que tengamos datos bastantes para asentir o negar tal conjetura, es lo cierto que no carece absolutamente de fundamento, puesto que los antiguos poseedores de la casa de Iyana disputaron y contendieron sobre llamarse Pariente Mayor de Posada, y el uorribre de Iyana nos recuerda el nombre de un departamento francés, Yonne, y tradicional es en este país que a la nación francesa perteneció el aventurero que soltó el falcón N «prometió facer su posada doride el falcón posare»». En la actualidad, según Morales y Casares, estos [161] restos románicos están tan desfigurados que las sucesivas reformas han hecho desaparecer la fisonomía de los vanos.

Manuel de Foronda repara en la riqueza y variedad frutal y floral de Nueva, señalando, lo mismo que Saro y Rojas, que «las casas en general rodeadas de huertos en que las naranjas, manzanas, limones y otros frutos se producen en abundancia, merced a lo agradable del clima, ofrecen un curioso aspecto», y aventura que aquí pudo estar la antigua «Noega», y a ella referirse su nombre. De la misma opinión es Emilio Pola, quien, imaginando una «Noika Erebía», lo razona así: «La evolución fonética no ofrece dificultades: sabido es que el griego «oi» da «oe» en latín, y así Noika da Noega y de aquí Nueva, que pudiera haber sido Nueba, ya que, como digo, la denominación actual de esta localidad llanisca debe de tener confusión con la raíz de nuevo, nueva»; sin embargo, ya Fermín Canella advertía: «Algunos quieren ver en Nueva la antigua Noega, sin fundamento».

Mas dejando a un lado etimologías, Pola habla también del «primor paisajístico y floral de Nueva, que vemos extenderse en el Valle de San Jorge, entre Socampo y otros empinados montes y la costa, en la parte más occídua del viejo territorio de Puebla de Aguilar, hoy concejo de Llanes. En efecto, en Nueva sorprende todo al viajero por lo bello que es; pero sobre otras cosas la abundancia de rosas y claveles, de naranjos y limoneros y el verdor de las praderías y alcores que la ciñen es, como si dijésemos, que tiene el traje de lozanía verde y el adorno de flor. Campiñas y bancales trepadores ostentan allí la más fresca gama de coloración y de perfumes».

Próxima a Nueva está la playa de Cuevas del Mar, [162] de nombre evocador, con las cuevas incrustadas en la roca como si fueran miradores de xanas; pues por aquí anduvo libre la fantasía del poeta Pepín de Pría. Y la fantasía creó la danza de San Juan de Nueva, una de las más bellas de Asturias, en la que los danzantes tejen y destejen figuras geométricas, como si una serpiente se enrrollara de un modo ritual y arcaico, aunque las vestimentas de los que la ejecutan y las letras que cantan no sean antiguas. Pola escribió: «Cabe la aromática hoja del naranjo, del limonero, de la luisa, se siente cantar siempre la danza de San Juan, del Señor San Juan, digna, noble, risueña, armónica, grave, todo ello a la vez, como un conjuro de antañonas remembranzas que resuenan por todo el valle».

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José Ignacio Gracia Noriega, Cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 158-162
 

La Montaña Mágica José Ignacio Gracia Noriega / Entre el mar y las montañas
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