José Ignacio Gracia Noriega

La parroquia de Pría
 

La mejor descripción que conozco de la parroquia de Pría es la que hace don Gumersindo Laverde Ruiz en su cuento «La gratitud del Nubero»: «En la parte occidental del valle de San Jorge, sobre una gallarda colina rodeada de pequeñas aldeas, levántase el modesto templo donde los fieles hijos de Pría tributan perenne culto al Príncipe de los Apóstoles, su intercesor para con el eterno Padre. Desde allí, sobre todo en verano, al nacer y ponerse el sol, se descubren perspectivas de insuperable variedad y hermosura. Hacia el septentrión se nos presenta, en primer término, una extensa planicie sembrada de frondosos pueblecitos, pardos peñascos, floridas praderas y lozanos maizales. Y, más allá, en segunda línea, el azulado mar Cantábrico que, desvanecido en el remoto horizonte, dilata a nuestra vista sus inquietas ondas, surcadas de blancas velas y orlando blanca espuma las mil acantiladas rocas que se enfrentan a su osadía. Si giramos la vista al Oriente vemos recostado a lo largo del océano hasta la desembocadura del Bedón el pintoresco y amenísimo Valle de San Jorge, con sus verdes prados y crías, límpidos riachuelos y populosos lugares: Piñeres, Nueva, Ovio, Cardoso, Hontoria, Villahormes y Naves, que parecen bandadas de palomas [168] medio ocultas entre el apenas interrumpido follaje de sus encinas y robles, álamos y alisos, castaños y, nogales, cerezos y pomares, naranjos y limoneros. Al sudeste, la admirable meseta de Los Llanos es como el primer peldaño de la inmensa escala de montañas que va a terminar en los inaccesibles Picos de Europa, casi siempre coronados de nieve, ante los cuales se yergue, a modo de gigantesca torre de cíclopes, el estupendo Naranjo de Bulnes. Por el sur, una no muy dilatada vega nos separa del erguido Pico del Mediodía, punto culminante de la escarpadísima sierra que en línea recta recorre de oriente a ocaso, desde la volcánica Peña de Nueva hasta las márgenes del Sella. Tendemos por último la mirada en dirección al poniente, y el concejo de Ribadesella nos abre sus feraces campiñas y quebradas montañas sobre las que descuella el grandioso Puerto del Sueve, al propio tiempo que, hacia el nordeste, Lastres, madre fecunda de intrépidos pescadores, suelta sus lanchas cual blanco rebaño por el vecino golfo, en cuyos cristales, como en magnífico espejo, se contempla a solas».

Todo esto se ve, en efecto, desde la cuesta en la que se levanta con su torre la iglesia parroquial de Pría, que, a su vez, se ve, recortándose sobre el cielo, durante un largo techo, desde la carretera general, que va por el valle.

En la misma cuesta de la iglesia están las escuelas y el cementerio, el saber y el reposo. El cementerio está cerrado con verja de hierro, y en la cerradura consta la fecha de 1878. La iglesia tiene un encanto rural, y más aún por el espléndido paraje en que se alza; cuenta con los servicios de reloj y pararrayos, y, cuando menos, el reloj no solamente funciona, sino que está en hora. En la ladera norte de esta cuesta hay un [169] pozo cubierto por la yedra, al lado de una casa de piedra que se asoma al valle, en medio de un prado verde.

La parroquia de Pría es muy grande, pero fue mayor de lo que es: antes pertenecía a ella Cuerres, que ahora es de Ribadesella. Madoz lo dice: «Situada en las inmediaciones del Océano Cantábrico, donde la combaten principalmente los aires de NE y, O; clima templado y sano. Comprende los lugares, que reúnen más de 200 casas. Hay escuela de primeras letras frecuentada por niños de ambos sexos y dotada con 400 reales anuales. La iglesia parroquial (San Pedro) está servida por un cura de segundo ascenso y patronato laical. Hay también 7 ermitas de propiedad particular. Confina al N., el mar; E. y S., Nueva, y, O., Collera. Le cruza el río Aguamía, sobre el que hay dos puentes. El terreno es de buena calidad y ameno. Produce trigo, maíz, patatas, habas, frutas y pastos; se cría ganado vacuno; caza de liebres, perdices y codornices; y pesca de truchas en el indicado río».

En la «Historia de Llanes», de Fermín Canella, ya no figura Cuerres como perteneciente a Pría. Los lugares de la parroquia son, pues, Belmonte, Llames, Villanueva, Garaña, La Pesa, Piñeres y Silviella. Al N. están Llames, La Pesa, Garaña y Villanueva; al S., Belmonte, Silviella y Piñeres. En esta parroquia nació en 1864, el poeta y dramaturgo en hable (y buen articulista en español) José García Peláez, que empleaba el pseudónimo de Pepín de Pría, autor de «La fonte del Caí» y «Nel y Flor», las dos joyas más legítimas de la cantarina y reidora «lengua asturiana». También quedan en ella restos de un ilustre pasado, y Saro y Rojas menciona un escudo de armas en una casa modesta de Silviella, en el que campea esta leyenda rimada: «Yo soy la casa de Cuervo, / fundada en [170] esta montaña, / soy antigua como España / y de esta casa salieron / capitanes que vencieron / la batalla de Gijón».

También el «oro de las Américas» dejó sus huellas en Pría, siendo la edificación más notable el palacio de Garaña, con su construcción de hierro, que recuerda al más suntuoso de Pendueles, de Mendoza Cortina, ambos en lamentable ruina en la actualidad. El palacio fue edificado en 1883, según consta en la verja de la entrada del jardín, por el marqués de Argüelles, y muestra de la sensibilidad de aquel indiano enriquecido está en que una verja interior que atraviesa el jardín en dirección al palacio tiene un descenso en la altura de las lanzas para que pudieran acomodarse las ramas de una magnolia, que, evidentemente, era anterior a la verja y que murió hace pocos años. Recién construido, este palacio debería ser digno de verse, tal como le vio Saro y Rojas, que escribe: «En Garaña llama la atención suntuoso edificio de construcción reciente, levantado a expensas del acaudalado hijo del pueblo D. Ramón Argüelles, vecino actualmente de La Habana. Todo en ese palacio, con su preciosa capilla, revela buen gusto y magnificencia. Como buen hijo de Pría y muy amante de su país, el Sr. Argüelles ha contribuido con importantes donativos para mejoras de la iglesia parroquial, cementerio y construcción de casas para escuelas, en las que no se ha omitido gasto que redundara en belleza y, comodidad».

También en Garaña está el bar «Casa Alday», donde Antonia la de la Moria empezó a preparar un plato sabroso e imaginativo, en una época en la que las guisanderas no hacían estas mezclas: el «xáragu con fideos», que ahora también se sirve en el [171 «Mesón Gudi», de la villa de Llanes.

Pría es una parroquia solana e industriosa, con trazas de buen nivel de vida, en la que descuella la industriosa familia Inés, con su emporio ganadero (vacas y cerdos destinados al sacrificio) y una fábrica de quesos que se han abierto camino fuera de la comarca y fuera del concejo, y que llevan el nombre de la parroquia a poblaciones de otras provincias e incluso a América: el «ahumado de Pría». La mucha actividad ganadera de Pría hace que muchos recuerden con nostalgia cuando había mercado en Nueva, y se decía:

Vaca en Posada,
gallina en Nueva.

El río Aguamía separa los concejos de Llanes y Ribadesella a la altura de Llames, donde se mete en estrecha garganta para desembocar en el sitio llamado Cueva Palomero. Gracias al río, la playa de Llames se prolonga hasta el interior y parece un fiordo de aguas tranquilas.

En la actualidad, la parroquia tiene unos quinientos habitantes y dos Casas de Concejo, para que éstos se reúnan, en Garaña y en La Pesa, y se extiende desde Belmonte, que es el lugar mejor comunicado, porque está al lado de la carretera y tiene apeadero del ferrocarril, y Villanueva, que queda al lado del mar; y desde el río Aguamía al Ereba.

La costa de Pría, aparte de desconocida, es de una impresionante, salvaje belleza. Desde la playa de Villanueva, a la que no hace falta bajar para contemplar el paisaje, se ve la playa de Cuevas del Mar, que fue motivo de algunos de los más musicales e inspirados versos de Pepín de Pría, y al Sur, una fascinante [172] perspectiva de los Picos de Europa, dominados, como de costumbre, por la sólida torre del Naranjo de Bulnes; y si miramos hacia el oeste vemos el Sueve como una gran piedra puesta en medio del paisaje, y las casas de Lastres; y si a Oriente, al Pico Turbina sobresaliendo entre las cumbres de la sierra del Cuera. Aquí está el bufón de la Bramadoira, de bufido tan poderoso que en las noches de galerna se oye desde Cabrales y hasta desde Corao; y por allá dicen:

Si oyes la berrona de Pría
prepara leña para otro día.
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José Ignacio Gracia Noriega, Cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 167-172
 

La Montaña Mágica José Ignacio Gracia Noriega / Entre el mar y las montañas
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