José Ignacio Gracia Noriega

Cueva del Buxu
 

A las dos entradas de Cangas de Onís, según se venga de Covadonga y de Llanes (por la deliciosa carretera de montaña que atraviesa el concejo de Onís y que viene de Panes y Cabrales), y, en el otro extremo, en la que viene de Arriondas, hay, en cada una, dos monumentos. La tercera entrada es la del Sur, la que llega por Caño y Tornín del desfiladero de los Beyos, que es monumento suficiente, aunque no lo hayan levantado canteros y arquitectos ni lo hayan pintado inciertos antepasados.

Llegamos, pues, de Llanes o de Cabrales, y una vez pasada la encrucijada que lleva a Covadonga, enseguida tenemos una desviación a mano derecha con un cartel que indica el pueblo de Cardes: allí está la Cueva del Buxu, que fue descubierta en el año 1916 por el portentoso Cardín, prospector del Conde de la Vega del Sella, que la estudió en el año 1918, en compañía del prehistoriador alemán Obermaier.

Cardín merece capítulo aparte, porque era hombre de muchas industrias. De su larga estancia al lado del Conde de la Vega del Sella, se hizo prehistoriador a su manera. También era escultor y tallaba en piedra figuras de aspecto muy primitivo. Por uno de sus familiares sé que escribió unas memorias sobre la [192] tercera carlistada, con muy buena caligrafía, pero que con toda seguridad se han perdido. Mas el hecho más memorable de la biografía de Cardín fue el descubrimiento de otra cueva con arte parietal, en Lledias (Posada), cuando excavaba en una posesión suya para hacer una conejera, durante la guerra civil. La cueva sorprendió por la perfección de sus pinturas, y, para que hubiera lugar a dudas, el propio Cardín colocó a la entrada algunas muestras de su arte como escultor. El propio Abate Breuil acudió a visitarla, y, después de una copiosa comida en el Flotel «Ventura», de Cangas de Onís, certificó la autenticidad de las pinturas en una servilleta de papel. El poeta Emilio Pola ha descrito este lugar con prosa vivísima: «Si desde la Vega de Santiago tomamos el camino de Lledias y recorremos una senda después, llegamos a un eucaliptal y, torciendo hacia la peña, pronto hallaremos el otero y vergel de La Florida. Allí está, en lo alto, la casa de Cardín, circuida de marañas vegetales, de colmenas, de caprichosas figuras hechas con pintadas rocas en que la imaginación y la paciencia de aquel hombre singular han puesto maravilla de escultura mágica».

Y después de describir las figuras fantasmagóricas, frutos del arte de Cardín –la reina, la gitana, la bruja, el trasgo, el cuélebre, el pavo, el perro, el ciervo, la comadreja, el bisonte, el elefante, el gorila, «todo ello dispuesto con la natural sencillez, primitivismo y selvatiquez que encanta», entra en la cueva, donde «al fondo, en el salón de los ritos, las figuras en ocre, rojo y negro se multiplican en los recovecos y, protuberancias de la piedra rubia en una zoológica policromía. Preside el totem, análogo a la deidad de Peña Tú. En otra galería, en cuya alta bóveda se abren dos ojos apaisados, a la luz del día y a ras del campo, [193] vemos los terrenos con sus estratos. Cardín los subraya con un palo. También al final de la caverna pueden observarse los pisos térreos como gruesas páginas del enorme libro de la naturaleza. Sobre un rellano, distribuidos en grupos, rimeros de huesos».

Los prehistoriadores albergan razonables dudas sobre la autenticidad de esta cueva; no obstante, el director cinematográfico Sam Peckimpah, recordó, al visitarla, que había tenido una abuela sioux y proclamó estruendosamente que Cardín era brujo.

En cambio, de la cueva del Buxu no duda nadie, después de haber sido concienzudamente estudiada por el Conde de la Vega del Sella, Hugo Obermaier y, P. Wernert, y publicados sus dibujos. En 1970 la excavación de un yacimiento proporcionó materiales del Solutrense Superior, y aparecieron nuevas figuras en 1974, 1975 y 1981.

A la entrada de la cueva hay cuatro perfiles de ciervo en negro. En la llamada Sala de los Tecniformes abundan restos de pinturas rojas y, negras y en su pared norte aparece una cabra grabada, la cornamenta de un ciervo y una cabeza de cabra. En este insólito zoológico sobre la piedra también se aprecian un oso, tres caballos, un bisonte, un gamo, un bisonte y un cervatillo. Según los especialistas, en esta cueva se aprecian tres momentos: «1º, santuario de los ideomorfos grabados, principalmente tectiformes, atribuidos al Solutrense Superior; 2º, animales grabados en trazo único y profundo y de perfiles en negro, situándose en los momentos finales del Solutrense, y 30, animales pintados y grabados, que se han relacionado con el estilo IV antiguo del Magdaleniense Inferior y Medio».

De estas figuras sin duda obtuvo Cardín información para las suyas, humorísticas y fantásticas.

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José Ignacio Gracia Noriega, Cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 191-193
 

La Montaña Mágica José Ignacio Gracia Noriega / Entre el mar y las montañas
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