José Ignacio Gracia Noriega

Ponga
 

El concejo de Ponga es el más occidental del Oriente asturiano, aunque, como anota Lorenzo Rodríguez-Castellano: «El escondido y escarpado concejo de Ponga, por el Sur de Amieva, se prolonga mucho hacia Oriente, hasta el punto de hallarse sus límites bastante más allá del río Sella». Estos límites son: al N., el concejo de Piloña, al E., Amieva, al O., Caso, y al S., León. Se trata de un estrecho valle por el que discurre el río Ponga para desembocar en el Sella, y recibiendo las aguas de sus afluentes, el Selmedon y el Canalita. El territorio está limitado también por la sierra de Espina por el N., el cordal de Ponga, por el O., y los montes de Peloño por el O. La cumbre de Maciédome (1.899 m.) es, en opinión de Lueje, «el más soberbio mirador de la incomparable belleza del oriente asturiano. Esta peña es uno de los altos hitos que culminan el gran cordal, divisorio de las tierras de Caso y Ponga, y partidor de aguas del Nalón y Sella».

Por la parte de León limita con los términos de Burón y Oseja de Sajambre. Como señala Fernando González BaIbín: «Esta línea límite va por la divisoria de aguas de la Cordillera Cantábrica, pasando por el puerto de Ventaniella (1.450 m.), Peña Pileñes [225] (1.986 m.), Collado del Cordal o Arriandas (1.746 m.) vértice Pico de Ten (2.140 m.), punto más alto del puerto de la Fonfría (1.971 m.), mojón tres términos común a Ponga, Burón y Oseja de Sajambre». Por estos escarpados límites, podría decirse con el poeta:

Por aquí fue España.
Llamaban Castilla
a unas tierras altas.

Toda esta zona es muy accidentada, cubierta de áspero monte de hayas. Pero la montaña es el común denominador del Concejo, que ni siquiera en las riberas del río Ponga se suaviza, sino que discurre el río entre gargantas y desfiladeros, pugnando por salir hacia las tierras más llanas y claras que baña el Sella.

Sin embargo, a pesar del apartamiento y de la escabrosidad de este concejo de 202 km2, el hombre dejó sus huellas en él desde antiguo: unas hachas de piedra pulimentada encontradas en Cazo documentan el paso por él de hombres prehistóricos. Los romanos también anduvieron por estos vericuetos; José Manuel González señala, en relación con Vadinia, ciudad que Ptolomeo atribuye a los cántabros que «en Asturias fueron halladas ocho lápidas de época romana que aluden a individuos vadinienses: una en Beleño, concejo de Ponga, y siete en el concejo de Cangas de Onís». Por su parte, el médico Alfonso Noriega Muñiz, que ejercía en San Juan de Beleño, encontró una moneda romana en Taranes, en febrero de 1957, en el lugar de La Barrosa y en la ventana de la casa del labrador Gerardo Viego Alonso. La moneda, de bronce, es de la época del emperador Tito Flavio Vespasiano, y corresponde, por lo tanto, a los años 69-79 de nuestra [226] era. Se trata de una moneda de tres centímetros de diámetro, con inscripciones en el anverso y en el reverso, con una efigie de «rostro recio y mandíbula inferior saliente, imperativa», y, según Baudilio Arce Monzón, «con buena acuñación y en bastante buen estado de conservación, si bien en su borde presenta una grieta o fisura de tres milímetros de longitud». Arce Monzón se pregunta cómo llegó esta moneda a las montañas de Ponga, ya que «en el pueblo no se recuerda hallazgo alguno semejante, ni hay tradición alguna sobre vida romana en aquellas tierras». La pregunta es atinada, aunque la segunda cuestión no lo sea tanto, ya que Magín Berenguer indica: «De la dominación romana se hallaron varios restos que evidencian una ocupación militar para proteger los pasos hasta León por los puertos de Arcenorio y Ventaniella, y, al propio tiempo, para explotar las riquezas naturales del territorio. Así, entre los hallazgos realizados se pueden enumerar útiles de trabajo para las minas de cobre; una lápida con inscripción aparecida junto al puente de Sellaño, parroquia de Sta. María de Cazo (que es a la que se refería José Manuel González), y otra, también con inscripción, hoy en el Museo de Oviedo, hallada en 1884 en la capital del concejo. Entre los pueblos de Aviego y Taranes hay una eminencia denominada Castiello, en la que aún quedan restos, casi irreconocibles, de lo que probablemente fue un fortín o cuartel romano».

Las primeras referencias documentales de Ponga son de 1188, en que Alfonso IX hace una donación a Pedro García Caso, que comprendía el coto de Cazo. En 1308 ya figuraba como municipio, y algo más tarde, el rey Enrique III, en el año 1394, libra dos privilegios en su favor. Al recobrar el Coto de Cazo en [227] 1827, el concejo de Ponga completa su actual extensión.

A Ponga se entra por una desviación de la carretera general Oviedo-Santander, en Sevares, con un cartel indicador que señala la capital municipal, San Juan de Beleño, aunque no vaya a salir directamente allí, sino a Sellaño; y por Cangas de Onís y Amieva: por esta ruta, también es Sellaño el primer pueblo de Ponga que uno se encuentra.

Salimos de Cangas de Onís por Caño y Tornín, donde, en el Mesón «Dobra» hay vino fresco, buen embutido y un escaño a la puerta; en esta localidad vivió Remis Ovalle, que fue el Gaitero Mayor de Asturias. En Teyacrespa, pueblo desvencijado, entramos ya en el concejo de Amieva; siguen Corigos y El Pontigu, y antes de entrar en Santillán, que es el más grande, nos desviamos a la derecha en el Puente Los Grazos, sobre el río Ponga: tallada en la ladera de la montaña, a la otra mano, se ve la senda antigua, que en otro tiempo llevaba a Ponga.

Por aquí dicen que el Sella en realidad es el Ponga, lo que pasa es que le cambiaron el nombre; y aducen como prueba que muchos pueblos de Ponga empiezan su nombre con «ese», como Sellaño y Sobrefoz. El concejo es muy cerrado en sí mismo, por lo que hasta no hace tanto tiempo se regía por las antiguas leyes, y de tanta solera que incluso el caballo del Cid, de nombre Babieca, como se sabe, pastó en Arcenorio. Los viejos usos se mantienen en la distribución de bienes comunales, y se menciona que el bosque Semeldón, que se vendió a maderistas antes de la guerra, produjo cuatro vacas de beneficio a cada vecino. De la riqueza de bosques da idea el hecho de que todos los vecinos de Beleño tenían derecho a leña. [228]

Eclesiásticamente, Ponga se divide en las parroquias de Beleño, Sobrefoz, Viego, San Ignacio, Carangas, Taranes y Cazo, con su hijuela Sellaño.

Los pastores del puerto de Tarna tenían derecho al paso por Ponga en dirección a los pastos de la marina, en Corao y Llamigo, siguiendo el río Ponga y saliendo a Llamigo por Ingena y Riensena. El río Ponga nace en Ventaniella, casi en vecindad con el puerto de Tarna.

Para llegar a Beleño se deja a un lado Mestas de Ponga, que tiene balneario de aguas templadas, bicarbonatadas y ferruginosas, y el camino que conduce a Sobrefoz, a donde también se puede ir cruzando Beleño. La capital municipal se eleva sobre la cuenca del río Moral, muy profunda, que desagua en el Ponga. El pueblo se distribuye en varios barrios: La Viña, Baraes, Dubrio, El Otero, y recibe la sombra y las nieves del pico Teatordos, que también recibe los nombres de Sobancio y La Fresneda. En un chalet rotulado «Villa Padua» hay un azulejo en la fachada que nos señala dónde nos encontramos: «Lugar y parroquia de Beleño. Capital del Concejo de Ponga. Partido Judicial de Cangas de Onís. Provincia de Oviedo». Al lado del Ayuntamiento se abre un parque sobre el río, que no se ve, y que tiene enfrente los valles, los montes, el caserío de Abiegos y la ermita de la familia Merreguera, presidido por el busto de un adusto prócer, Venancio Díaz Muñiz, bajo el cual hay una inscripción lacónica: «Ponguetos agradecidos».

El folclore arcaico de Ponga conserva la figura del «Guirría», mitad hombre, mitad demonio, según determina la tradición, que sale a la calle el día de Año Nuevo a pedir el aguinaldo y a cometer pequeños desmanes. Según Elviro Martínez, que en su libro [229] «Tradiciones asturianas» utiliza la forma «guirrios», sobre la etimología de esta palabra se han dado muy variadas opiniones: «Cabal insinúa el verbo «guerrire», del bajo latín, y con el significado de retozar, saltar de gozo; Fausto Vigil aventura tímidamente que la forma femenina «guirria», con vigencia todavía hoy en Ponga, puede confundirse con la «oguerria» vasca, de raíz cántabra, del antiquísimo lenguaje astur, máxime teniendo muy en cuenta que esta última significa en euskera, navidad».

En opinión de Elviro Martínez, la mejor descripción del atuendo del guirrio es la que proporciona Fausto Vigil: «Son jóvenes que visten pantalón blanco con franja encarnada, camisa blanca, largas polainas de paño negro y faja encarnada sobre la que ciñen ancho cinturón de cuero al que van sujetos algunos cencerros. Cubren la cabeza con una especie de cucurucho, largo hasta sesenta o sesenta y cinco centímetros, rematado con un rabo de zorro y formado por una o dos pieles de oveja blanca, que recubriendo totalmente el cucurucho, bajan simétricamente por el pecho y espalda hasta el epigastrio, a manera de escapulario. En la parte correspondiente a la cara llevan unas aberturas que se corresponden con los ojos, la nariz y boca del disfrazado, y otras correspondiéndose con las orejas. Las de éstas y las de la nariz y boca llevan cosidos, superior e inferiormente, unos trocitos de paño o bayeta de color rojo, que caen a modo de pequeñas cortinas que ocultan aquellos órganos».

Para el ejercicio de su oficio, que es el de perseguir a las mozas y saltar el guirrio se sirve de una pértiga de avellano.

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José Ignacio Gracia Noriega, Cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 224-229
 

La Montaña Mágica José Ignacio Gracia Noriega / Entre el mar y las montañas
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