José Ignacio Gracia Noriega

Carretera de la Piconera
 

Salgamos de Ribadesella por la carretera de La Piconera; en rigor es la carretera que lleva a Cuevas, pero como La Piconera está a mitad de camino y se ve desde muchas partes, pues se llama preferentemente así. Guillermo González relató «un viaje a La Piconera», incluido en su recopilación «Estampas riosellanas», con referencias a muchos personajes de la época y del lugar. En La Piconera hay una gran finca que baja desde esas relativas alturas hasta las márgenes del Sella, con un hermoso palacete al lado de la carretera, pintado de gris.

Mas mucho antes de llegar a La Piconera, apenas abandonada Ribadesella, tenemos a nuestra derecha las famosas cuevas de Tito Bustillo, ahora precedidas por una entrada al primer golpe de vista inadecuada, con predominio del hormigón y de proporciones faraónicas. Esta cueva, conocida por el nombre de Pozuíl Ramu, lleva el nombre de Celestino Bustillo, perteneciente al Grupo Espeleológico Torreblanca, que la descubrió en 1968 y falleció en accidente pocos días más tarde. La cueva está recorrida por un río subterráneo llamado San Miguel y tiene tres entradas. Según Ramón Bohigas Roldán se distinguen en ella dos sectores, el oriental y el occidental, [247] «separados por una serie de pozos infranqueables». El primer sector contiene dos santuarios: uno formado por signos rojos entre los que destaca el Camarín de las Vulvas, y otro constituido por varios conjuntos de animales grabados y con sombreado interior. Ambos conjuntos corresponden al magdaleniense medio.

En el sector occidental, al que se entra por Ardines, sobresale el llamado Gran Panel, en el que se distinguen dos fases: la antigua, con figuras rojas, signos y figuras animales en negro, y la moderna, con figuras grabadas de conjuntos de renos y de caballos, en cuya composición se emplea el color negro para el perfil y el rojo para el relleno y los detalles anatómicos. Se ha establecido que esta fase moderna pertenece al Magdaleniense Superior, alrededor del año 12.400 a. J. C.

El otro monumento importante de esta zona es la iglesia de Santa María de Junco, a la que se llega, pasada La Piconera y subiendo por El Alisal. La carretera es empinada y no hay señalización: se ve desde ella la boca de la Cueva por la que se llega a Cuevas. La carretera va entre bosques y hay riegas de arceas a ambos lados. Lo que pasa es que antes se cazaba más, porque había más escopetas que arceas y ahora sucede al revés. Junco es una serie de caseríos desperdigados, que ofrecen la imagen de la Ribadesella rural que casi es montañesa. Porque hay otros pueblos riollesanos, hacia la costa, de aspecto turístico, con buenos chalets y bien cuidados jardines. Ante una casa de labranza de Junco unas gallinas pican dorados granos de maíz.

La iglesia de Santa María de Junco está en la parte baja de un prado que, a su lado, se corta como si fuera una terraza sobre la vega del Sella. No hay más [248] construcciones que la iglesia, muy bien reconstruida con criterios arqueológicos, y el cementerio, donde predomina el apellido Blanco. Según Magín Berenguer, «a pesar de la extensa bibliografía asturianista consultada, hemos hallado poquísimas citas de la iglesia de Santa María de Junco, y aún en ellas no se reseña documento alguno que pueda dar luz sobre los orígenes del templo». Según Uría Aza, en ella se bautizaron Rodrigo de Junco, el «Viejo», general del Ejército, Gobernador de La Florida y el agente del Reino de Nápoles, y su hermano Juan de Junco, general de la Armada, muertos ambos a finales del siglo XVI.

La iglesia posee pinturas, y, según Magín Berenguer, «los restos arquitectónicos y decorativos más importantes son románico tardíos». Fue destruida, como tantas otras de la comarca, durante la última guerra civil.

Mari Cruz Morales y Emilio Casares escriben a propósito de ella: «La planta es de nave única rectangular, iluminada por estrechas sacteras de derrame interno, y ábside semicircular que permiten incluirla entre las iglesias de carácter monástico, al igual que otra próximas. Tiene tramo interior recto que se cubre con bóveda de cañón, y de horno el ábside. La ventana aparece al exterior decorada con dos capiteles de interesantes temas cuya filiación es claramente de la zona estilística que depende de San Juan de Amandi. Tuvo tres puertas de medio punto. De ellas se conserva la oeste, decorada simplemente a base de medios círculos enfilados, tema reiterativo que se vuelve a encontrar en el arco del triunfo y que, por ejemplo, se encuentra asimismo de manera insistente en San Andrés de Vadebárcena y otras. Lo más interesante de la iglesia son los capiteles con pájaros afrontados y cabezas [249] engoladas que, además de constatarse en esta línea de expansión costera de Villaviciosa, llega hasta San Juan de Cilergo, en Panes».

Según Magín Berenguer, «las pinturas que decoran el ábside, si bien están realizadas dentro de unos términos compositivos propios del románico, es evidente en ellas un carácter gotizante, por lo que, sin duda, hemos de emplazarlas dentro del siglo XIII».

La reconstrucción resalta, en la parte exterior, el escudo sobre la puerta principal y la ventana del ábside. Igualmente notable es el paisaje que desde aquí se divisa: la vista abarca el curso del río Sella y las zonas del Sur y del Oriente del concejo. Ante nosotros tenemos La Mediana, que es la Vega del Sella, con Ribadesella al fondo, y el puente sobre el río, que fue de madera (así lo vio Jovellanos), de hierro y que ahora es de hormigón. Encima de la villa está la ermita de La Guía, que se recorta sobre el mar. Se ve Ardines sobre la Cueva de Tito Bustillo, el palacete de La Piconera, y, por levante, llega a divisarse una casa de Collera. Y mirando hacia el Sur se ve el entronque de la autopista en Llovio, con su desviación hacia Ribadesella, y los montes encima: el Tinganón, Mofrechu y el Cabezu de Santianes.

Regresamos por Sardalla y Sebreño. Pero podemos ir a Cuevas, que merece la pena. Vamos entre castaños y abedules, por riegas de arceas. Cuevas está al otro lado de un monte y se llega atravesando una cueva enorme por la que circula la carretera. Tiene estación de ferrocarril, como Toraño y Fuentes, que son pueblos aislados por el río de la autopista, entre las estaciones de Ribadesella y Arriondas; y al lado de la rústica estación hay un bar, que tiene un organillo pintado en la fachada, un velero y un salmón, y, la [250] leyenda: «De Cuevas al cielo». Sobre Cuevas está el Pico las Torres, donde se encontraron restos romanos.

Una caleya parte de Cuevas y atravesando la finca de Julián el Cubano lleva a la aldea de Tresmonte, donde nació el indiano Manuel Fernández Juncos, que fue periodista y escritor, y tuvo una gran influencia cultural y política en Puerto Rico: gracias a su esfuerzo se continúa hablando el español en esta isla antillana.

De regreso a Ribadesella vamos entre los magníficos chalets de la playa, zona residencial de verdadera categoría, aunque degradada por recientes construcciones. Subimos a Tereñes, un pueblo veraniego, como los de El Carmen, limpio y soleado, con parcelas y modernos chalecitos, cada uno rodeado de su jardín.

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José Ignacio Gracia Noriega, Cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 246-250
 

La Montaña Mágica José Ignacio Gracia Noriega / Entre el mar y las montañas
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