José Ignacio Gracia Noriega

Arriondas
 

La capital del concejo de Parres, Arriondas o Las Arriondas, como la llaman quienes se proponen establecer una nueva toponimia, más o menos basada en razonamientos antiguos, al lado del río Sella, es el gran límite por occidente de la comarca oriental. El asturiano del oriente, cuando después de dar una curva, ve los edificios de Arriondas y empieza a bajar hacia la villa, ya tiene la sensación de que está a las puertas de su casa y de su tierra: al fondo se ven perfectamente los Picos de Europa, que son como la garantía, el espinazo, el signo más característico y visible del territorio, junto con la otra gran maravilla natural, el mar Los carteles indicadores, a la entrada de Arriondas, anuncian los Picos de Europa, Cangas de Onís y Covadonga: el viajero, al leerlos (si es que no los ha tachado la barbarie irredenta de los hablistas), si tiene sensibilidad, se sentirá anonadado, porque se sabrá en la antesala de la Historia. Arriondas siempre estuvo unida a Cangas de Onís, primera capital de España, y a Covadonga, el lugar de la batalla primordial, de la que supuso el fin de los viejos tiempos visigóticos y el inicio de los tiempos nuevos, incluso por un ferrocarril que posteriormente ha desaparecido; y el concejo de Parres llega a adentrarse en la propia [260] ciudad de Cangas de Onís: la mitad de su puente medieval, que la mayoría considera impropiamente que es romano, es parragueso.

El concejo de Parres se adentra hacia Cangas de Onís y hacia Ribadesella siempre siguiendo la línea del Sella; pero cuando Parres se aleja del Sella deja de ser oriental Arriondas es la puerta del Oriente: una puerta agradable, con buena estructura urbana y aires de pequeña ciudad que tiene también algo de encrucijada. Porque en Arriondas la carretera se bifurca, y a la derecha va hacia Cangas de Onís y a la izquierda, siguiendo las curvas de una carretera abierta en la garganta del Sella, lleva a las tierras bajas del oriente asturiano, a las zonas costeras, a la vecina provincia de Santander, hoy llamada Cantabria, y, si se quiere, hasta la frontera francesa y a la mismísima ciudad de París: porque el camino de Francia pasa por Arriondas cuando Arriondas mira hacia Oriente; por el contrario, la salida de Arriondas hacia Occidente es menos espectacular: es la salida normal de una población al borde de la carretera, que lleva a Oviedo, a las cuencas mineras, a Galicia, a Finisterre: pero son más amplias las perspectivas que ofrece la salida orienta¡, y por la que se puede llegar incluso hasta las costas asiáticas del Océano Pacífico, hasta la fría y enigmática ciudad de VIadivostok, sin necesidad de abandonar la tierra firme. Sin duda, en el sutil e ignorado tejido de las carreteras que alfombran el planeta, alguna habrá que comunique directamente Arriondas con Hong Kong, y Pepe Cosmen, que conoce todas las carreteras, ya habrá pensado en establecer una línea regular de ALSA Oviedo-Hong Kong, con parada en Arriondas, como hacen todos los asturianos orientales, para descansar, mirar los montes y tomar en una céntrica [261] cafetería unos deliciosos pastelillos de carne o de bonito. En la novela «En el camino», un personaje se acuerda en las llanuras de Kansas, de que hay una autopista que llega hasta América del Sur; esto se le pudo haber ocurrido a Jack Kerouac en Arriondas si nos constara que anduvo por estas tierras, lo que no nos consta.

Tan unidos como están, y sin embargo los concejos de Cangas de Onís y Parres parece que andan a la greña: Parres llega a las puertas de la ciudad de Cangas, cosa que no se permitió jamás ningún moro, y Cangas atraviesa el monte para bajar una vez más hasta el Sella como, si después de haberlo conocido en el monte, no pudiera vivir sin él, sin acompañarle siquiera sea un trecho en su camino hacia el mar. Al Norte del río, lindando con el concejo de Ribadesella, se extiende la estrecha franja de la zona oriental de Parres, con los pueblos de Fuentes y Toraño.

Pero cuando Parres se aleja del Sella ya toma las características de un concejo de la Asturias central. Sus habitantes hablan de otra manera y beben sidra. Lo de la sidra es muy importante, porque significa uno de los límites entre la Asturias central y la oriental; así lo escribe Antonio García Miñor en su libro «Asturias, andar y ver y bien comer»: «Y después de Villamayor, tierra también de buenos lagareros, y donde además puedes contemplar un bello ábside románico, restos de antiguo convento; y por Sevares, gran factoría industrial de queso y mantequilla, llegamos a Arriondas, donde la geografía de la sidra hasta el límite de Santander corresponde ya solamente a los bebedores. Las grandes dinastías de los expertos y técnicos fabricantes que quedan atrás, aunque aquí y allá puedas encontrarte con tal cual «chamicero», [262] entendiéndose por esto a las minúsculas y modestas explotaciones».

De Parres sólo acertó a decir Caunedo: «Dejando el concejo de Piloña se entra en el de Parres, muy montuoso y no tan fértil ni poblado de árboles como aquél». Sin embargo, de aquí era la estirpe de Hernán Cortés, según constata el propio autor del «Album de un viaje por Asturias»: «La familia de Cortés de Parres tiene repetidas memorias en la historia de Asturias, y en ella se lee que Lope Cortés, uno de los más ardientes parciales del conde de Gijón Alfonso Enríquez, y natural de Parres, hubo de abandonar el país, toda vez perdida la causa que defendía, y se fijó en Extremadura. Este fue ascendiente del célebre conquistador del imperio Mejicano».

Cuando se entra en Arriondas, recuerda una villa de alta montaña, con el Sueve a un lado y a lo lejos los Picos de Europa, que destacan más, y parecen más imponentes, cuando están nevados. Así la vio el Conde de Saint Saud, como no podía ser menos, tratándose de un montañero: «Arriondas, ¡qué hermoso nombre para una encantadora y pequeña villa asturiana, atravesada por las cristalinas aguas del Sella! ¡Y qué vistas sobre el Macizo Occidental de los Picos de Europa y sobre una parte del Central! Se ve la Torre Blanca, el dedo del Alquitero, la Peña Santa y su brusca caída hacia el Oeste. Hacia el alto Sella, ¿cuál podrá ser esta montaña de triple cima, escarpada, muy alta y de curiosa forma? ¿La Peña de Meza, o mejor, la Corona de Castilla?». Una vez contemplado, y en parte dilucidado, el paisaje, el Conde pasa a ocuparse del paisanaje: «Si al bajar del tren, la multitud de mozos de equipajes, disputándose nuestros bultos, nos contrarió un tanto, las risas de las mocitas de la [263] localidad, sin otro tocado que diademas de flores en el pelo (era domingo), no tardaron en reconciliarnos con la gente asturiana. ¿No están impregnadas de cierta guasa esas risas argentinas? Es preciso no haber estado al otro lado de los Pirineos para no darse cuenta de esto, sobre todo cuando se llega con equipo de turista».

Foronda, en su itinerario «De Llanes a Covadonga», ve a Arriondas como lugar de paso, por lo que ni siquiera se detiene: «La estrecha cuenca o valle que vamos cruzando se extiende más a nuestra vista y presenta mayor superficie hacia la derecha. Ya llegamos a una encrucijada en cuyo centro se eleva un casetón de madera que no ha mucho servía para cobrar el derecho de portazgo. Estamos en las Arriondas (20 metros de altitud). A la derecha sigue el camino de Oviedo por Infiesto y Pola de Siero; al frente, el de Covadonga. Sigámosle, que el río Sella nos sirve de compañero y los innumerables caseríos que a uno y otro lado del camino se hallan, y la multitud de capillitas que tan diversas formas arquitectónicas presentan, contribuyen a la variedad del panorama. Los aldeanos, algunos de los cuales usan todavía el traje característico del país, nos ven pasar con envidia y curiosidad: con curiosidad, porque no somos conocidos suyos; con envidia, porque seguimos el camino del santuario, y para aquellas gentes ir a Covadonga es el límite de sus aspiraciones y de su felicidad».

En opinión de Foronda, Arriondas significa «tierra de aluvión formada por arena y piedras; tierra arribada y arrastrada por la arríada; sitio del arribo. Viene de «ripa»».

Sin embargo, Ignacio Quintana Pedrós, en su artículo, de título forandiano, «De Llanes a Covadonga: la «Marca» oriental de Asturias», incluye a [264] Arriondas como límite de la Asturias oriental: «Si el viajero viene desde la Asturias central, se encontrará la antesala del Oriente de Asturias en Arriondas, capital del concejo de Parres, al pie de la mítica sierra del Sueve y a orillas del Sella, elementos geográficos que dividieron antiguamente las dos etnias de ástures y cántabros».

Arriondas se encuentra en la confluencia de los ríos Sella y Piloña; «enclavada en un marco de verde paisaje, se extiende en un amplio valle, cerrado por altas montañas, que tienen como barrera el macizo agreste de los Picos de Europa y la totémica cordillera del Sueve», como escribe Raúl Prado. Aparte de haber sido su concejo solar de Hernán Cortés, estas tierras estuvieron habitadas desde la Prehistoria y durante la Edad Media no fueron libres: pertenecieron al Monasterio de San Salvador de Oviedo por donaciones de 926 y 1084; bajo el reinado de Enrique de Trastamara fue Condado, y más adelante Coto del Obispado de Oviedo, hasta que sus habitantes las redimieron con el pago de 254,725 maravedises, siendo el rey Felipe II. En la actualidad cuenta con 3.000 habitantes, buenas comunicaciones, alguna actividad industrial relacionada principalmente con la fabricación de muebles y con un cañoncito aculebrinado del siglo XVIII, que había sido utilizado para la defensa de las costas del Sur, y que, comprado en el Rastro de Madrid por Hernando Calleja, ex-presidente de la Federación Española de Piragüismo, sirve para dar la salida de las internacional mente famosas regatas del Sella, cuyas piraguas alcanzan la meta en Ribadesella, donde desemboca el río.

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José Ignacio Gracia Noriega, Cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 259-264
 

La Montaña Mágica José Ignacio Gracia Noriega / Entre el mar y las montañas
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