José Ignacio Gracia Noriega

Sobre el 98
 

Aunque algunas voces se alzaron en 1998 protestando porque se estaba hablando demasiado del 98 (¿cuándo iba a hablarse si no?), lo cierto es que no se habló tanto como se debiera, dada la importancia literaria, cultural, política, militar, económica, etcétera, de cuanto se acoge en torno a aquella fecha, y se publicó poco sobre ello, y poco bueno. Ciertamente, el 98 era un aniversario incómodo, de lo más «políticamente incorrecto» que cabe en la actual situación. Los escritores reunidos bajo el rótulo de ese guarismo hablaban insistentemente de España, incluso el más adaptable a la actual socialdemocracia, Antonio Machado, que siempre tuvo a España en la punta de su pluma. Aquella fecha evoca una derrota, que no es lo que molesta ahora, sino que con ese motivo se despertara un sentimiento nacional, adormecido por el «consenso» de la primera restauración borbónica. Resurgieron el patriotismo y el espíritu crítico. ¿Se imagina alguien a los «escritores cortesanos» actuales, reaccionando como los del 98 (que jamás fueron cortesanos) si el «hermano menor» nos arrebata Ceuta y Melilla? Además, aunque hubo una derrota militar, los militares por lo general salvaron el tipo, y la responsabilidad recayó sobre los políticos profesionales. En fin: andando el tiempo, cuando las chispas surgidas del 98 contribuyeron a provocar el gran incendio de 1936, los escritores más representativos de aquella generación (Unamuno, Azorín, Baroja, por no hablar de Manuel Bueno, que fue asesinado lo mismo que Maeztu) tomaron el partido de los «malos», de los «supermalísimos», incluso a su pesar, como Baroja, que escribió («Ayer y hoy», págs. 137-138) que una dictadura blanca era preferible a una dictadura roja, y esto sin dimitir de su irrenunciable liberalismo.

Los socialistas tuvieron otro compromiso de parecidas dimensiones, sólo que por triplicado, en 1992, pero lo resolvieron llamando al descubrimiento de América «encuentro», y silenciando la toma de Granada y la publicación de la «Gramática» de Nebrija, no fuera ser que se ofendieran el moro y los seguidores de la gramática de Pompeu Fabra. Además, a los socialistas se les perdonan muchas más cosas, en el plano de lo «cultural», que a los del «centro derecha».

De que el 98 produjo incomodidad y recelo es muestra el hecho de que el profesor Gómez Tabanera intentó organizar un boletín monográfico del RIDEA, que fue activamente bombardeado por los «conspicuos miembros» del ameno instituto. ¿Adónde quería ir Tabanera con un asunto tan moderno e irrelevante, restándole páginas al boletín para publicar «científicos» ladrillos sobre piedras, cartularios, abadologios, recuento de gallinas y el reinado de don Bermudo?

Muy en otra línea, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas ha reunido una serie de trabajos con el título de «El debate sobre la generación del 98», dentro de su colección de Papeles y Memorias. Precedidos por una introducción de Juan Velarde, los «Papeles» contienen diversos trabajos: «Anatomía de una generación», de Carmelo Lisón; «La doble crisis, ideológica e intelectual, del 98», de Pedro Cerezo; «El pensamiento del 98, cien años después», de José Luis Pinillos; «Las economistas del 98», de Velarde; «Lo viejo y lo muerto del 98», de Gonzalo de la Mora, y «Debate sobre la generación del 98», de Dalmacio Negro Pavón, y en las «Memorias» se incluyen textos de Joaquín Costa y José María Serrano. La publicación es sugestiva e importante. Algunos asturianos tuvieron participación destacada en aquellos acontecimientos ahora centenarios: Nozaleda en Filipinas, Fernández Juncos en Puerto Rico, Villaamil en Cuba, representando respectivamente los estamentos eclesiástico, intelectual y militar (y entre los militares hubo muchos más: Suárez Valdés, Canella, etcétera). Pero en la conmemoración del centenario del 98 la presencia asturiana estuvo más desvaída, y se hubiera notado poco, de no ser por Juan Velarde, quien, además de impulsar esta publicación, organizó un seminario en La Granda. El 98 no se reduce a una generación de escritores. Como los grandes ríos, no nace en un solo lugar (o por un único motivo), su curso es variadísimo, y su desembocadura inmensa. No: no se ha escrito sobre el 98 todo lo que se tenía que escribir. Ni mucho menos. Este «debate» nos lo demuestra.

 
La Nueva España • 15 de junio de 2000
 

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