José Ignacio Gracia Noriega

Indro Montanelli
 

Indro Montanelli fue uno de los grandes periodistas del siglo XX. Acaso haya sido el último gigante de una gran raza que se engrandece en el siglo XIX y que alcanza su esplendor e inicia su ocaso en el siglo XX. Lamentamos tener que escribir esto, pero en el siglo XXI ya no habrá periodistas como Montanelli. A aquella raza pertenecía Stanley saliendo en busca del doctor Idvingstone, o Ernest Hemingway escribiendo crónicas de guerra y caza (al autor de «Adiós a las armas» le hubiera encantado ese título de Casariego, tan «políticamente incorrecto»: «Romances modernos de toros, guerra y caza»), o su compatriota Curzio Malaparte, cínico y vividor, autor de algunos libros sobre las guerras que presenció de implacable y fascinante belleza… Porque Montanelli era, además de un gran periodista, un gran escritor, aunque debemos caer en la cuenta de que no se puede ser un gran periodista si no es un buen escritor. Y era también un hombre de acción, que asistió a la guerra civil española e informó desde diferentes frentes de la II Guerra Mundial. Nacido en Florencia, en 1909, le tocó ser testigo de todo el siglo XX, sin duda el más feroz y atroz que conoció la humanidad, al menos hasta que el XXI le supere con sus «mundos felices» y sus mil novecientos ochenta y cuatro. Toscano como Malaparte, por motivos de edad, no pudo batirse en la Gran Guerra, que fue, sin duda alguna, una gran escuela (Henri de Montherlant se compadecía de aquellas generaciones que no hubieran conocido una guerra). Después de haber estudiado Leyes y Ciencias Políticas de Florencia y en París, y de completar esos estudios con los de Historia en Alemania, se dedicó al periodismo. Hombre independiente ante todo, su oposición al fascismo le llevó al exilio. No fue un antifascista melodramático, como Malaparte (por lo que pasó una temporada en la cárcel, de la que obtuvo buenos réditos a la caída de Mussolini), pero tampoco ejerció como figura de aquel régimen ni participó en la marcha sobre Roma, como el mencionado autor de «Kaputt». Muy por el contrario, Montanelli se comportó como un hombre cabal y de principios, que supo decir no al fascismo, abandonar su periódico de toda la vida, el «Corriere della Sera», cuando éste cambió de línea ideológica, y, ya anciano, renunciar a la dirección de «Il Giornale Nuevo» de Milán, cuando fue atrapado por Berlusconi. Esta independencia le permitió hacer también algunas declaraciones poco complacientes con la santurronería socialdemócrata. Pensaba que el patrón del periódico es el lector: lo que no es mala manera de enfocar el periodismo. Todavía erguido y ayudándose de un bastón, Montanelli pasó unas jornadas «bajo las nieblas de Asturias» en 1996, cuando recibió uno de los premios «Príncipe de Asturias». No obstante, la imagen más representativa de Montanelli es encaminándose, con la gabardina al hombro y la máquina de escribir portátil en la otra mano, hacia la escalerilla de un avión.

La obra literaria e histórica de Indro Montanelli es muy considerable. Como era un excelente periodista, pudo escribir libros históricos informativos y amenos, como «Historia de los griegos», «Historia de Roma» y «Dante y su tiempo», que fueron éxitos editoriales en España. El libro sobre Dante, que se cierra con un capítulo irónico y crítico sobre la «dantología», esto es, el secuestro de Dante en los ámbitos académicos, es brillante y lúcido. Montanelli, al igual que el poeta, era florentino y había conocido el exilio. Dante, por lo demás, es, junto con Shakespeare, el poeta más adecuado para escribir sobre él: las características de la obra de uno y otro evitan que se digan banalidades sobre ellas. Aunque, sin duda, la obra de Montanelli por la que será recordado es «El general de la Rovere», una narración breve, sobre la que Roberto Rosselini hizo una película bellísima interpretada por un Vittorio de Sica espléndido. Héroe o pícaro, el pícaro Bertone, que había entrado en la cárcel para delatar, se identifica con el general De la Rovere, y acaba convertido en héroe. Se trata de una de las historias más emocionantes de la resistencia italiana, de un texto imperecedero, porque habla de dignidad y de ilusión, y de cómo el hombre se reafirma anulando con un gesto heroico un pasado crápula. El impresentable Bertone, al asumir la dignidad del general Fortebraccio de la Rovere, dignifica una situación desesperada, y con ello, a todos los demás detenidos. Montanelli era un pesimista; pero también sabía que el hombre, hecho de luz y sombras, puede sobreponerse y prevalecer.

 
La Nueva España • 1º de agosto de 2001
 

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