José Ignacio Gracia Noriega

Escritos recuperados de Luciano Castañón
 

Debió dejar un buen cajón de escritos dispersos e inéditos Luciano Castañón, del mismo modo que otros dejan acciones o fincas, porque era hombre muy trabajador, y a diferencia de la mayoría de los eruditos asturianistas, que se obstinan en especializarse en tal piedra roída, en tal cartulario irrelevante o en la sotabarba del rey Bermudo, Luciano Castañón se atrevía con muchos temas y, sobre todo, se atrevía a publicar, cuando le era posible.

La abundancia y variedad de los trabajos de Castañón abarcan la crítica de arte («Carreño Miranda», «Lombardía»), la bibliografía («Bibliografía general de Asturias»), diversas facetas del asturianismo («Refranero asturiano», «Diccionario popular de Asturias», «Mitología asturiana», «Supersticiones y creencias de Asturias», «Diccionario geográfico popular de Asturias», «Datos y detalles de Sobrefoz. Ponga», «Notas sobre la pesca de la ballena en relación con Asturias», etcétera), y, dentro del asturianismo, su contribución al gijonesismo («Diccionario de Gijón»), sin contar, por lo demás, su producción plenamente literaria: las novelas «Los días como pájaros», «Vivimos de noche» y «Los huidos», y la pieza teatral «El detenido», que obtuvo el premio «Guipúzcoa» en 1964. En 1987, la Caja de Ahorros de Asturias publicó el volumen «Homenaje a Luciano Castañón», que incluye algunos artículos sobre el escritor que acababa de fallecer, el 5 de enero de 1987, debidos, entre otros, a Evaristo Arce, Jesús Villa Pastur, Oscar Muñiz y Julio José Rodríguez Sánchez, y escritos sobre arte del propio Castañón (sobre Carreño Miranda, sobre Jovellanos y Goya, sobre Evaristo Valle, sobre Piñole, sobre José Ramón Zaragoza, sobre el Carnaval), más una bibliografía de sus escritos.

Ahora aparece una nueva recopilación de textos de Luciano Castañón, «Escritos de Gijón» (VTP Editorial, Gijón, 2001), con la colaboración del Ayuntamiento de Gijón, y que hace el número 10 de la Biblioteca de Gijón. El gijonesismo o gijonismo es algo muy serio, y a él han contribuido Jovellanos, Julio Somoza, Adeflor, Fabriciano González, Pachín de Melás, «Ludi», Joaquín Alonso Bonet, Patricio Adúriz, Francisco Carantoña, Julián Ayesta, Francisco Acebal, Rendueles Llanos, Enrique García Rendueles, María Elvira Muñiz, Ernesto Salanova, José Luis Martínez, y, aunque de Oviedo, Juan Cueto Alas. No podía faltar a esta nómina Luciano Castañón, nacido en el barrio gijonés de La Arena en 1926 (aunque es posible que se me haya olvidado algún ilustre teórico del gijonismo, por lo que, curándome en salud, pido disculpas). Luciano Castañón, que llegó a firmar algunos artículos con el seudónimo de «Luciano de Gijonata», evidente remedo de Luciano de Samósata, posee muchas características del escritor gijonés; pero del pacífico y conciliador del gijonesismo con el asturianismo de buena ley, no del exaltado y energúmeno, a la manera de Julio Somoza: características que debiera definir y describir Víctor Alperi desde su posición privilegiada de vecino de Gijón, aunque natural de Mieres. El gijonesismo de Luciano Castañón no es excluyente ni agresivo, y jamás pierde de vista el contexto asturiano. Estos «Escritos gijoneses (1979-1986)» revelan su pasión asturianista, enfocada desde el anteojo de Gijón, y la variedad de su curiosidad erudita, ya que lo mismo se ocupa de la malatería de Ruedes que del gremio de mareantes de Gijón, de la Junta de Comercio de Gijón que del vocabulario gijonés y de los apodos y sobrenombres propios de personajes populares, de Rosario Acuña que de Jovellanos y Goya y de Piñole (por cierto, que estos dos artículos, la fotografía de la portada, en la que aparecen Castañón y Piñole en Ponga, ya habían sido publicados en el «Homenaje a Luciano Castañón» que mencionamos). En el artículo sobre el Gremio de Mareantes añade noticias de interés a la actividad ballenera en Asturias, que fue intensa y de gran importancia económica durante la Edad Media y siglos posteriores. Rendueles Llanos anota a la última ballena vista desde Gijón en la primera mitad del siglo XIX. Y no dejan de ser pintorescos los motes o apodos. ¿Cómo serían quienes merecieron los sobrenombres de Idolatrado, Corso Valiente, Conde Aranda, Marqués de 7 a 9, Escaparitu o la Faraona? No me cabe duda de que hubiera merecido la pena conocerlos. Quedan esos sobrenombres de una época en la que en Gijón, lo mismo que en Oviedo, todos se conocían.

 
La Nueva España • 4 de septiembre de 2001
 

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