José Ignacio Gracia Noriega

La emigración a Australia
 

La profesora María Xosé Rodríguez Galdo, de la Universidad de Santiago de Compostela, y autora, entre otros trabajos importantes, de «Galicia, país de emigración», editado por la Fundación Archivo de Indianos de Colombres, en su colección «Cruzar el charco», es una concienzuda estudiosa del fenómeno emigratorio gallego hacia otros mares, hacia otros continentes, y tan parecido este fenómeno a las emigraciones transatlánticas asturianas. «Se ha dicho ser una tierra de adioses Galicia», escribió Ramón Otero Pedrayo. Lo mismo podría decirse de Asturias, de la montaña santanderina, de las Vascongadas. Las tierras de emigración tienden a las despedidas, aunque nadie jamás en el mundo fue capaz de despedirse mejor que Errol Flynn de Olivia de Havilland, cuando él salía a combatir a los sioux y ella quedaba tras los visillos, melancólica y romántica. Algunos emigrantes, como los «tamargos» o tejeros de la zona occidental del concejo de Llanes, iban adaptando la despedida poco a poco, gradualmente: primero salían a hacer teja a Castilla, para regresar a sus casas por San Miguel, con el otoño en puertas. De este modo, se preparaban para la emigración más larga y arriesgada a México. Aquí, ante el vapor transatlántico, la despedida era más seria, quién sabe si definitiva. Pero muchos tejeros se fueron y volvieron convertidos en indianos, y algunos en indianos ricos, «como en los cuentos», que escribió Ortega y Gasset. Así, mi buen amigo Amable Concha, que todavía recuerda las etapas de la emigración del tamargo en las tejerías de Castilla y que, sin haber salido de la juventud, embarcó a México, de donde regresó con fortuna.

Pero la emigración a las Américas españolas, con ser tan azarosa, no es mucho si la comparamos con la emigración a Australia, en el otro lado del mundo, donde los antípodas, ni más ni menos. Mas siendo las comarcas norteñas de España tierra de emigrantes y Australia tierra de emigración, era inevitable que algunos españoles (bastantes más de los que suponemos) acabaran recalando en Australia. De parte de ellos se ocupa la profesora Rodríguez Galdo, en colaboración con Abel Losada Álvarez, en su publicación más reciente: «Galicia-Australia. Viejos amigos», editada por el Centro de Estudios de Población y Análisis de las Migraciones (CEPAM), Santiago de Compostela, 2001. Este trabajo, breve y claro, abarca los diferentes aspectos de las relaciones migratorias galaico-australianas «durante un período próximo ya a los quinientos años». Los asturianos, al menos en lo que a Australia se refiere, no podemos decir tanto, una vez aclarado que Pedro Fernández de Quirós no era asturiano. No obstante, prometo un próximo artículo sobre la reimpresión facsimilar de la «Historia del descubrimiento de las regiones australes», de Justo Zaragoza.

Comienzan su trabajo Rodríguez Galdo y Losada Álvarez presentando a Galicia como «un país de viejos emigrantes». Ya en el siglo VIII se documenta la salida de gallegos hacia otros territorios peninsulares. «Del medioevo, pues, arranca el primer club de la emigración gallega, que por el destino de sus efectivos humanos recibirá el nombre de intrapeninsular. Comprende cuando menos hasta bien avanzado el siglo XIX, e incluso pervive en el siglo XX, aunque registrando variaciones y desfases intraterritoriales. Tres son los destinos predominantes de los emigrantes gallegos en este primer ciclo: Castilla, Andalucía y Portugal, por orden de importancia y prelación cronológica. Y dos las variantes que presenta: una de carácter estacional o golondrina, y otra de duración más demorada, sin llegar habitualmente a convertirse en definitiva». En un segundo ciclo, desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, la meta de la emigración se sitúa en América. En un tercer ciclo, hacia mediados del siglo XX, la emigración se dirige a las Europas prodigiosas del «plan Marshall» y a las zonas más industrializadas de España (Madrid, Cataluña y Vascongadas, principalmente). Hasta aquí ninguna diferencia con los ciclos migratorios del asturiano. Pero dentro del segundo ciclo, el gallego se encaminará también hacia el Pacífico y Australia, debido a la creación en La Coruña de la Casa de Contratación de Especiería, en 1522. Durante la expedición de Jofre de Loaysa, que llevaba como piloto a Elcano, se separa de ella la nave «San Lesmes», tripulada por gallegos, que llega hasta lo que hoy es Nueva Zelanda. Esta relación del gallego con las tierras australes no se interrumpirá, destacando la gran figura de Rosendo Salvado (1814-1900), obispo de Porto Victoria y colonizador.

La relación de asturianos con Australia es muy posterior: data de los años cincuenta del siglo XX y ha sido minoritaria. Las autoridades australianas alentaban por entonces, por razones obvias, el establecimiento de europeos. Entre ellos, el gran Joaquín Lloris, más tarde alcalde de Cabranes, quien, para señalar su agradecimiento hacia Australia, bautizó con el nombre de William a su hijo mayor, nacido allí.

 
La Nueva España • 17 de octubre de 2001
 

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