José Ignacio Gracia Noriega

Clarín y la Universidad de Oviedo
 

Ya he señalado en otras ocasiones que Clarín no gozó del reconocimiento de la crítica y del público hasta bien entrada la década del cincuenta del pasado siglo, con las ediciones de «La Regenta» de Cabezas y de Martínez Cachero y muy especialmente, a efectos populares, con la edición de bolsillo de Alianza, que obtuvo un éxito grande y tal vez inesperado. Anteriormente son escasos los críticos que se ocupan de él –Cejador, Andrés González Blanco– y algunos, como el P. Blanco García, en su «Historia de la literatura española contemporánea», lo hacen para denigrarle. El máximo valedor de Clarín, mientras hubo de cruzar el largo desierto, fue Azorín, aunque le reprochara su excesiva condescendencia como crítico con escritores consagrados, como Campoamor y Núñez de Arce. También se detecta su rápido olvido en algún artículo como el titulado «La palmeta de Clarín», que Pedro Sainz Rodríguez menciona como publicado «a los seis u ocho años de su muerte». Azorín, en el prólogo a «Superchería» (1918), considera comprensible el olvido de Clarín (achacable más a la «mafia» literaria de la época que a los canónigos de Oviedo) debido a su singularidad: «Clarín es una cosa distinta, aparte, de los novelistas, críticos, periodistas que vivían cuando él vivía. Estudiando el tono menor de la novela, el cuento y la crítica en su tiempo, se ve claramente –como en el caso de Stendhal– que Clarín no podía ser en aquellos días gustado ni comprendido plenamente. Hoy, al cabo de veinte o treinta años, con ser otras la tendencia y la orientación de las nuevas generaciones, acaso no estemos más que en el comienzo de la comprensión de Clarín». Este juicio, con ser cierto, peca de optimista en exceso: no se puede comparar sensatamente a Clarín con Stendhal, y, lamentablemente para el escritor asturiano, en 1918 todavía no se estaba «en el comienzo de la comprensión de Clarín». Todavía habían de pasar muchos años, casi medio siglo, para que Clarín saliera del ostracismo a que estaba relegado por adelantarse a su época. Sin embargo, en medio del olvido y el silencio que se establecen en torno a Clarín, hay una excepción, la de la Universidad de Oviedo, que nunca se resignó a desentenderse de quien formó parte de su claustro, y aunque en la hoja de méritos y servicios de Leopoldo García Alas y Ureña se resiste la institución a reconocer su obra literaria –«De otras materias tiene muchos trabajos publicados, entre ellos quince libros de crítica literaria y filosófica, y un discurso sobre la enseñanza moderna, no especificando más las producciones de esta índole por no ser de la Facultad de Derecho»–, lo cierto es que no le regateó su recuerdo y homenaje. El mismo año de su muerte, Adolfo Álvarez-Buylla y González Alegre, decano de la Facultad de Derecho, abre el curso académico 1901-1902 con el preceptivo discurso dedicado a Clarín, señalando que «la Universidad debe tener panegíricos para sus doctores malogrados». Y aunque se centra en la labor académica y pedagógica de Alas, sin referencias a su obra literaria, el reconocimiento es efusivo. Álvarez-Buylla, con palabra elocuente, evoca tanto al catedrático, al sociólogo, al moralista, como al amigo y compañero, «un amigo del alma, un compañero de la niñez, de la juventud, de la edad provecta, un coincidente en sentimientos, pensamientos y voluntades, un cooperador a la obra moralizadora de nuestra patria, un sabio, un corazón de oro, un pedagogo ilustre». También aquel año, el 1 de julio de 1901, la «Revista Popular» de Oviedo publica un número necrológico especial dedicado a Clarín, con colaboraciones de Adolfo Posada, Rafael Altamira, Francisco Acebal, Álvarez-Buylla y Benito Pérez Galdós. Posteriormente, dos compañeros de claustro vuelven a ocuparse de Clarín: Rafael Altamira, con una «Necrológica» publicada en «Anales de la Universidad de Oviedo», t.1, 1902, y Adolfo Posada, con un artículo sobre «Escritos inéditos de Clarín», aparecido en «La Lectura», 1906.

En 1921, Pedro Sainz Rodríguez, recién incorporado al claustro de la Universidad ovetense, dice el discurso de apertura del curso académico 1921-22, sobre Clarín; se trata del primer estudio sistemático sobre el autor de «La Regenta». Por primera vez, Sainz Rodríguez aborda la obra de Clarín de un modo global; y si destaca sus aspectos conservadores, que los había, no debe escandalizarnos, ya que en el festival clariniano de 1984, orquestado por Masip, sólo se tuvo en cuenta al Clarín «progre». Este discurso, y el de Adolfo Álvarez-Buylla, fueron publicados por la Universidad de Oviedo en 1986, con el título de «Dos discursos académicos sobre Leopoldo Alas», y prólogo del profesor Santiago Melón. A todo esto debemos añadir el número monográfico de la revista «Archivum», enero-abril 1952, que por sí solo merecería otro artículo.

 
La Nueva España • 26 de octubre de 2001
 

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