José Ignacio Gracia Noriega

Desde la ventana de Masip
 

Antonio Masip publica su segundo libro: «Desde mi ventana...» (Ediciones Nobel, Oviedo, 2001). Ventana a Oviedo, como nos muestra la portada, que reproduce un hermoso cuadro de Carlos Sierra sobre la plaza de Porlier. Podemos, por tanto, considerar a este libro como complemento y concreción del anterior de Masip, «Oviedo al fondo» (1989), en el que el Oviedo de la portada se ve en la lejanía del plano general. Sin embargo, y a pesar del aparente localismo del segundo libro (localismo anunciado por la portada ya citada), Masip expresa desde las primeras líneas su cosmopolitismo y su universalidad: «Es verano y estamos en 2001», escribe, «desde mi ventana contemplo la ría del Eo, en el límite occidental de Asturias. Desde mi ventana me acerco, con la ayuda de la cibernética, al lugar donde se levantaron las Torres Gemelas». Así se hace: desde la plaza Porlier a las riberas del Eo y del Eo a Nueva York, es decir, desde lo local a lo universal. El lector podría llegar a esta conclusión por sí mismo, mas, por si acaso no lo hace, Masip le acogota en la frase siguiente, como si le abrazara en plena calle Uría, susurrándole en plan confidencial: «Podría extenderme –es un ejemplo– por los más de 50 países del ancho mundo que conozco o por los miles de horas que he dedicado a la política o por muchos otros asuntos que omito, más trascendentes, en los 55 años que la vida me ha permitido vivir con leve intensidad». Y, por si tanto fuera poco, añade su «espontánea libertad, de convicto liberal, la que me ha llevado de un lugar a otro»: de los Amigos del Sahara al ingenuo radicalismo de Unidad Regionalista y, finalmente, al puerto abrigado de un socialismo suspicaz y descafeinado, en el que no acaba de encajar; también, claro es, a los servicios higiénicos privados del príncipe Carlos de Inglaterra y a la Quinta Avenida de Nueva York. Debiera tener más cuidado, no obstante, Masip con su léxico: yo no dudo de que sea un verdadero liberal, pero el partido en el que milita no lo es. Existe mucha confusión con el liberalismo y yo conozco a un teórico del liberalismo que últimamente anda al rabo de un alcalde socialista. Vivir para ver.

Gran tipo Masip, por encima de todo, actor principal y secundario de una accidentada carrera política y también escritor. En esta ocasión, ha tenido el acierto de presentarse como escritor, autor de «Oviedo al fondo» (que recogía una interesante serie de artículos publicados durante más de un año en el dominical de LA NUEVA ESPAÑA), de trabajos sobre la guerra civil en Asturias, sobre el Sahara occidental, sobre la transición democrática, sobre el pintor Luis Fernández, sobre los escritores Leopoldo Alas, «Clarín», y sobre el francés Céline... Me extraña que no cite otros folletos y trabajos igualmente notables, sobre el ovetensismo de Indalecio Prieto y sobre el Consejo Supremo de Asturias y León, pero lo cierto es que ahí están. «Desde mi ventana...» no lleva prólogo, pero es incuestionable que le sigue pareciendo tal vez inmejorable el que le puso Emilio Alarcos a «Oviedo al fondo» y donde dice de él que es «ante todo un hombre cordial, exuberante y bien educado», con «humor hacia adentro», de tipo británico, y «de infinita curiosidad y variadas inquietudes, no limitadas al ámbito donde ha nacido, sino extendidas al universo mundo, cuya capital es evidentemente Oviedo». Añadiendo Alarcos que «lo de bien educado es lo que más se agradece en estos tiempos de "mugor" y zafiedad». Podríamos añadir a estas virtudes su concepto de la amistad. Por desgracia, en lo de la amistad es demasiado generoso y más de una vez confunde al correligionario con el amigo, lo que es como confundir la velocidad con el tocino o el trasero con las témporas. Masip alardea de amigos que no le merecen, pero, ahí, él sabrá. Yo creo que nuestra buena amistad permanece invariable al cabo de más de cuarenta años, como lo demuestra el hecho de que en «Oviedo al fondo» me cita tres veces y en «Desde mi ventana...», otras tres.

«Desde mi ventana...» es un libro variado, inabarcable y puede que inclasificable, a veces divertido, a veces nostálgico, a veces tierno, a veces insensato, a veces narcisista, a veces desinteresado y generoso, a veces autobiográfico, a veces documento histórico... Con libros como éste se está creando un género literario sobre Oviedo. No voy a andarme con falsas modestias si cito mis «Vísperas de nuevo tiempo». También los vistazos desde su atalaya de Laso y desde el Naranco de Cándido Riesgo. Ramón F. Rañada tenía el proyecto de escribir un libro sobre la transición, que espero que no haya abandonado, y Lola Lucio añade más información sobre el último cuarto de siglo de Oviedo en el libro que está escribiendo sobre «Tribuna Ciudadana»; por cierto, las páginas que dedica a la relación entre Masip y el escritor chileno Luis Sepúlveda desmienten lo que dice Masip. «Desde mi ventana...» es un libro próximo y entrañable, porque buena parte de él pertenece a nuestros recuerdos. Señalo, no obstante, dos cosas que parecen habérsele escapado al autor: la involuntaria comicidad del pretendido encuentro con Salman Rushdie en la Quinta Avenida (páginas 166-167) y el involuntario clasismo de las páginas 221-222.

 
La Nueva España • 14 de diciembre de 2001
 

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