José Ignacio Gracia Noriega

Clarín y la Universidad
 

Leopoldo García Alas y Ureña, nacido en Zamora el 25 de abril de 1852, fue nombrado, mediante oposición, catedrático numerario de Elementos de Economía Política y Estadística de la Universidad de Zaragoza, tomando posesión de esa cátedra el 17 de julio de 1882 y cesando en ella justamente un año más tarde para pasar a desempeñar la cátedra de Prolegómenos, Historia y Elementos de Derecho Romano de la Universidad de Oviedo, de la que toma posesión el 20 de julio de 1883. A partir de entonces, la carrera docente de Clarín, el nombre de guerra literario de García Alas, se desarrolla en el ámbito de la Universidad ovetense, siendo confirmado como catedrático de Instituciones de Derecho Romano en 1884 y ocupando la cátedra de Elementos de Derecho Natural en 1888, cesando en el cargo por defunción el 11 de junio de 1901 y dejando tras sí un total de servicios de dieciocho años, diez meses y veinticinco días. En su hoja de méritos y servicios se especifican las tres ocasiones en que actuó como juez de oposiciones (una, la cátedra de Derecho Político y Administrativo de la Universidad de Oviedo; otra, a escuelas de maestras en el distrito de Oviedo, y la tercera, a notarías vacantes en Madrid), y sus publicaciones de carácter profesional: «El Derecho y la moralidad», un tomo de más de doscientas páginas; el prólogo a la versión española de «La lucha por el Derecho», de Ihering; un programa analítico de Economía Política y Estadística, con una introducción acerca del método, y una conferencia sobre Alcalá Galiano, dada en el Ateneo de Madrid y publicada por la Universidad de Oviedo; añadiéndose que «de otras materias tiene muchos trabajos publicados, entre ellos quince libros de crítica literaria y filosófica, y un discurso sobre la enseñanza moderna; no especificando más las publicaciones de esta índole por no ser de la Facultad de Derecho». Respecto a su labor como profesor, escribe Santiago Melón en sus «Estudios sobre la Universidad de Oviedo»: «Como profesor aportó al movimiento de Oviedo un soplo de espiritualidad. Estaba por encima de los grupos, porque lo bueno y lo bello no son patrimonio de nadie. Dejó a la Universidad un legado de elegancia y liberalismo».

La Universidad de Oviedo, por su parte, supo corresponder con Clarín. El discurso de apertura del curso académico de 1901-1902, pronunciado por Adolfo Álvarez-Buylla y González Alegre, estaba dedicado a Clarín, muerto pocos meses antes, «cuando su ingenio privilegiado alcanzaba la madurez que debiera ser espléndida, a juzgar por una preparación tan sólida...». Después de su fallecimiento, Clarín fue rápidamente olvidado. ¿Por motivos políticos, como muchos pretenden? Más bien lo fue por motivos de otro tipo. Clarín era conocido, estimado y temido como crítico; pero como novelista ocupaba un lugar secundario. «La Regenta», en su día, no tuvo éxito y a la muerte de Clarín se empezaban a imponer otras modas literarias. De toda la Generación del 98 el único que defendió siempre a Clarín fue Azorín. Todavía en 1927 Narciso Alonso Cortés despacha a Clarín con tres líneas y media, señalándose como autor de «buenas novelas naturalistas, pero más famoso por sus artículos de crítica, que si alguna vez eran apasionados, encerraban en las más muy claras y desnudas verdades». Durante la segunda República nadie se ocupó de Clarín y eso que se trataba de un régimen progresista. Lo que no está tan claro es que Clarín hubiera sido tan progresista como algunos desearían y la espiritualidad de su última etapa o su concepto elitista de la democracia (expresado, por ejemplo, en el famoso artículo sobre «Ariel», de José Enrique Rodó) no congenian demasiado con los principios inamovibles que sustentan al «progre» hispano prototipo. Lo que sí es cierto es que Clarín hubiera podido decir, como Stendhal, que sería leído ochenta años después. Y, en efecto, la publicación de «La Regenta» en los años sesenta del siglo XX constituyó un éxito tan inesperado como formidable.

Si a Clarín se le olvida y arrincona en el mundo literario español, no hace lo mismo la Universidad de Oviedo. Recién incorporado a esta Universidad, Pedro Sainz Rodríguez pronuncia el discurso de apertura del curso académico de 1921-1922 sobre «La obra de Clarín». Se trata del primer trabajo de conjunto e importante sobre la obra de Clarín. Aunque produzca rubor tener que aclarar estas cosas, Sainz Rodríguez era un muy distinguido personaje de derechas, que llegaría a ser ministro de Educación con el primer Gobierno de Franco. Posteriormente, ya después de la guerra, la revista «Archivum», de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo, publica un número monográfico en 1952 dedicado a Clarín, con artículos de Ramón Pérez de Ayala, Joaquín de Entrambasaguas, Melchor Fernández Almagro, Narciso Alonso Cortes, Francisco García Pavón, Santiago Melón Ruiz de Gordejuela, J. M. Martínez Cachero, M. Baquero Goyanes, M. García Blanco, Ricardo Gullón, Guillermo de Torre y Emilio Alarcos Llorach, que contribuye con sus «Notas a "La Regenta"», ahora reeditadas. Este número es pieza importante en la recuperación de Clarín. Después vendrían las ediciones de «La Regenta» de Cabezas y Cachero y, al fin, el gran éxito popular de los años sesenta.

 
La Nueva España • 27 de diciembre de 2001
 

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