José Ignacio Gracia Noriega

Libro de los medicamentos simples
 

Deberíamos empezar por definir qué se entiende por «medicamento simple» antes de pasar a describir esta joya bibliografía, el «Libro de los medicamentos simples», de Mateo Plateario, editado por Manuel Meleiro, obra de extraordinaria importancia botánica y medicinal, cuyo influjo en la historia de la farmacoterapia europea ha sido de primer orden. Medicamento simple es cualquier material, de procedencia orgánica o inorgánica, que sirve por sí solo a la medicina o que entra en la composición de un medicamento. Los campos y los bosques han sido las grandes farmacias del hombre, antes de que existieran alquimistas y farmacéuticos y todavía los animales más próximos al hombre, como los perros y los gatos, continúan sirviéndose de esa antigua y eficaz farmacia. De «gran botánico» califica Clarín el gato de doña Berta. Y si ni el rey Salomón poseía vestidos que pudieran rivalizar en esplendor con los lirios del campo, pocas plantas superan al áloe en cualidades curativas, ya que sirve «para purificar la flema y la melancolía, para confortar los nervios, y el estómago, para purgar los humores fríos, para el picor de los ojos y para aclarar la vista. Contra el dolor de cabeza y la opilación del hígado y de bazo. Provoca el flujo menstrual de las mujeres. También sirve contra la roña y la corrupción. Además, hace recobrar el buen color a aquéllos que por causa de una enfermedad lo hubiesen perdido. Para restañar la sangre de una herida y para resolverla. Asimismo, evita que se caigan los cabellos. Expulsa a los gusanos del vientre y los otros animales que entran en las orejas. Por último, sirve contra la gota y la inflamación de los oídos». No me consta que Robert Burton, el autor de «Anatomía de la melancolía», conociera este catálogo de maravillas de Plateario, pero coincide con algunas de sus recomendaciones, en lo que al tratamiento de la melancolía se refiere. No sólo es el «Libro de los medicamentos simples» tratando de botánica, sino también lapidario, y acoge igualmente grasas y volátiles, como la manteca y el hollín, y el hueso del corazón del ciervo, y el hueso de jibia. No sé si Eugenio Montale sabría, cuando escribió «Ossí di sepia», que el hueso de jibia es de complexión fría y seca, y que aclara los dientes después de ser reducido a un polvo muy fino. Como soy muy partidario de la miel, comprobemos qué dice de ella Plateario: «Es caliente en primer grado y seca en segundo grado. La miel está hecha mediante artificio por las moscas que llamamos abejas, las cuales atraen la parte más delicada de las flores y la meten dentro de ellas. Además, también atraen una parte más gruesa de las flores y con todo ello hacen la miel y la cera. Asimismo, fabrican una sustancia que se llama panal de miel. La miel casera es la que se hace en las casas o lugares que los campesinos hacen para que las abejas se alojen allí y fabriquen la miel. La miel es de color blanco y tirando un poco a rojo. Así es blanca la de las regiones frías y tirando a roja la de las cálidas. Ésta es la miel que se debe utilizar en medicina y se puede guardar durante cien años». Y sigue la pormenorizada relación de todas las dolencias y achaques que cura la benéfica miel.

La obra se divide en cinco partes, que agrupan las diferentes materias de que trata: hierbas y flores (la más extensa); árboles y gomas; metales y minerales; animales y, finalmente, otras materias, entre las que caben el almidón, el vinagre, el jabón, la hez del vino, la tela de araña, el vidrio y las frituras de harina de trigo y aceite. Se describe al petróleo como aceite de piedra que se encuentra en lugares donde hay azufre, y al azufre o ámbar negro, la piedra que tanta importancia había de tener en el Camino de Santiago, como una piedra negra cuando se frota atrae los trozos de paja. Aunque la piedra que atrae por excelencia es la piedra imán, que, según Plateario, siguiendo a Aristóteles, tiene dentro una virtud por la cual atrae el hierro. En eso no coincide Plateario con Gaspar de Morales, que también seguía a Aristóteles, y que afirma que «la causa de atraer y domeñar la fuerza del hierro no es tanto por propiedad oculta, como por la grande amistad y semejanza que con él tiene». principio incontestable, ya que lo semejante atrae a lo semejante.

El «Libro de los medicamentos simples» es una espléndida obra medieval, de genuino espíritu enciclopédico. La Edad Media fue fecunda en recopilaciones y catálogos eruditos, de los que las «Etimologías» de San Isidoro de Sevilla son ilustre ejemplo, de clara intención enciclopédica, aun antes de que circulara esa palabra. El editor Manuel Moleiro, que publicó ya el «Theatrum sanitatis» de Abu-l Hasan al-Mujtar ibn Butlan, publica ahora el «Libro de los medicamentos simples», según el códice conservado en la Biblioteca Nacional de Rusia, en San Petersburgo, con ilustraciones atribuidas a Robinet Testard. La belleza de las láminas deslumbra e ilustra una erudición rica en conocimientos naturales, que resume el saber médico de mediados del siglo XII. Estamos ante una obra maestra editorial, y ante una suma del conocimiento humano.

 
La Nueva España • 28 de diciembre de 2001
 

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