José Ignacio Gracia Noriega

Antroxu en Panes
 

Dos localidades asturianas y asturianísimas, Panes y San Tirso de Abres, se adentran más allá del límite de los ríos Cares-Deva y Eo en las provincias con las que hacen frontera, Santander y Lugo. Por esa condición fronteriza, los de Panes, capital de la Peñamellera Baja, se sienten tan asturianos como los de Oviedo cuando menos.

Tan asturianos son en Panes que en el restaurante Covadonga (uno de los mejores de la comarca oriental de Asturias) se celebran las mismas fiestas gastronómicas que en Oviedo, destacando el «desarme» y el Antroxu. Frente al restaurante está la iglesia, en cuya torre ondean permanentemente las banderas de España, Chile y México. Muchos de Panes marcharon a Chile, donde se dedican preferentemente al negocio de la ferretería. Y Panes, que se extiende a lo largo de la carretera que conduce a Liébana a través del imponente desfiladero de La Hermida, que Benito Pérez Galdós comparaba con un tremendo esófago de piedra, es una villa de agradable aspecto, y sobre todo, acogedora y cordial. Aquí se puede comer excelente carne en Roberto, muy buen jamón en El Comportu, o recordar las buenas cosas del pasado, cuando el tiempo discurría más plácidamente, en el bar-tienda, con suelo y mostrador de madera, y que lo mismo vende buen vino, que escobas, que sardinas salonas. La fama de la buena hostelería de Panes no es de ahora; ya en 1886 José Saro y Rojas señalaba que «en ese pueblo hay varias casas de huéspedes, en las que se recibe esmerado trato», además de comercios bien surtidos de harinas, granos y otros artículos de consumo, y mercados semanales... Panes es una de las capitales del salmón en Asturias, la más oriental. Señala el chiste que el colmo de la mala suerte de un pobre sería morirse entre Potes y Panes. No sólo porque se llame Panes la capital municipal de Peñamellera Baja evoca abundancia. De aquí son un queso delicioso, que figura entre los cinco primeros de Asturias, junto con los de Gamonedo, Cabrales, Beyos y «Afuega’l pitu», y aquí saltan del río a la mesa magníficos salmones. «Panes, deliciosa y pequeña ciudad, acicalada y moderna, donde puedes pedir, lector, si eres aficionado a la materia, varias marcas de whisky del de verdad ­escribe Víctor de la Serna­, está muy acostumbrada a recibir príncipes y magnates de todo el mundo, y en los «carnets» de los La Rochefoucauld, de muchos Orleans, de muchos Morgan y de muchos Rotschild, está apuntado un memento al vinillo de la Nava y a la sopa de menudillos de Palacios. El salmón y el oso, la trucha y el urogallo, le han dado a Panes muy buenas relaciones, que Panes ha sabido asegurar con un excelente estilo de recibir».

Porque Panes no sólo es ribereña sino también montesa: los cazadores de Panes figuran entre los más afamados de la comarca oriental. Toño nos sirve, a Juan Duyos y a mí (luego se añadirán a la sobremesa varios vecinos) el menú de Antroxu en el nuevo y amplio comedor: primero, el pote, después los callos, y finalmente, una selección de postres: los frixuelos, los buñuelos de viento, los picatostes y el arroz con leche. Yo no creo que exista en Asturias un menú específico del Antroxu. Por estos días, previos a la derrota de don Carnal y al reinado durante cuarenta días de la adusta Cuaresma, se comen carnes, preferentemente de cerdo, que serán proscritas durante las siete semanas que siguen, y el postre más característico son los buñuelos de viento rellenos de crema. El pote que en la Covadonga figura como «pote de Antroxu» es el pote asturiano clásico, que yo siempre he considerado superior a la fabada. Como se trata de un «plato de cuchara», ha de ser caldoso, pese a que en algunos establecimientos, si lo apellidan «de Antroxu», lo sirven seco.

El pote de la Covadonga es magnífico, e incita a repetir. Nada digamos de los callos, a los que no conviene añadirles picante para no apartarlos de su sabor legítimo. Los postres son dignos complementos de una comida que, por ser la despedida de la abundancia durante mes y medio, se cuenta entre las más señaladas del año.

Aunque en Panes se come bien y se vive bien, dos gravísimos problemas afectan a la totalidad de la población. Los ríos Cares y Deva bajan contaminados desde prácticamente su nacimiento; Miguel Ángel Campo, de Siejo, me ha enseñado fotografías espeluznantes del curso alto y medio de ambos.

El otro problema es el de la enseñanza. Las Peñamelleras exigen, porque la necesitan, la enseñanza secundaria en Panes. Esta Asturias del otro lado del río no puede quedar aislada.

Como me dice Lebeña, de IU, sin la ESO, Panes incluso se despuebla, porque bastantes profesionales que trabajan en Panes prefieren vivir en lugares donde sus hijos puedan estudiar con mayor comodidad.

 
La Nueva España • 22 de febrero de 2002
 

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