José Ignacio Gracia Noriega

De toros: «Guerrita»
 

Un año más, la peña taurina Julián Cañedo organiza sus jornadas taurinas anuales (este año, las novenas), de alta categoría taurófila y cultural. Porque los toros son inseparables de la cultura; de no haber corridas de toros cuántos libros no se habría escrito, cuántos cuadros no se habrían pintado, cuánta música no se habría compuesto, señaló, oportunamente, Andrés Amorós. Este año lidiaron, no en el ruedo, sino en un salón del hotel Regente, de Oviedo, Gustavo Bueno, Federico Sánchez Aguilar, Pilar González del Valle, marquesa de Vega de Anzo; la ganadera de reses bravas Carolina Fraile, y la encantadora radiofonista Alba Rueda, además de los matadores de toros Manuel Caballero y Rafael Camino, y de los ganaderos José Hernández Taberniella y Manuel San Román. Un lujo. La afición de los promotores de la peña, Julio García-Braga, Bernardo Escandón, José Luis Perelétegui, Vicente Fernández, es sólida, entusiasta, indesmayable. A ellos les toca atravesar el desierto taurino asturiano, junto con otras peñas, como Cocheras, de Gijón, en el que son los escasos oasis.

En los coloquios se plantea de manera inevitable la eterna cuestión: ¿no hay afición en Asturias porque no hay toros, o no hay toros porque no hay afición? La pescadilla que se muerde la cola. Como observa Perelétegui, por no haber no aparecen ni antitaurinos, sino muy de vez en cuando; y es preciso observar que el antitaurino de hoy no se parece al de antaño, que era tan visceral como el propio aficionado, sino que ahora es un raro personaje que mezcla el ecologismo, la militancia progresista y algunos tópicos propios de amante de los animales un poco desquiciado. De todos modos, los antitaurinos animan la fiesta, y le dan argumentos y hasta bríos a la afición. Pero si no hay toros, no puede haber ni antitaurinos. Como dice Gómez Fouz refiriéndose al boxeo: ¿cómo puede haber grandes figuras si apenas hay combates, que es donde se forjan las grandes figuras?

Tampoco se habla de los toros en los medios de comunicación, aunque existen excepciones muy dignas de ser señaladas, como la gran labor de Alba Rueda desde Radio Vetusta. En Oviedo, la Peña Taurina publica «Azul y Oro», un boletín modesto, pero bien hecho y muy digno. Ahora bien: es cierto que a los toros no se les presta la atención que merecen, aunque ello no significa que estén «vetados». Lo que ocurre es que, si no hay toros en Oviedo, ¿qué van a decir los periódicos de ellos?

Lo que hace falta en Asturias para que la afición renazca es que haya aficionados. Pero no aficionados que estén esperando a que el Alcalde distribuya entradas, sino aficionados que pasen por taquilla. De este modo se podría mantener la fiesta sin que malviva como últimamente, un poco en plan de orden mendicante. ¿Que no hay afición en Asturias, según suponen muchas personas, incluso aficionados? Pero la afición se crea, no surge por generación espontánea; y se crea, sobre todo, asistiendo a buenas corridas. Yo recuerdo que mi amigo Eduardo Méndez Riestra era indiferente a los toros hasta que vio torear a Julio Aparicio en Madrid, en una tarde de inspiración.

Y pese a todo lo que se diga, y pese a todos los problemas, que en las regiones del Norte se incrementan por motivos obvios, no se le puede negar a Asturias una solera taurina, al menos en un aspecto estrictamente histórico.

La «Crónica General» de Alfonso X el Sabio consigna que en el año 815, con motivo de unas Cortes convocadas en Oviedo por Alfonso II el Casto, «lidiaban cada día toros e bofordaban a facían muy grandes alegrías». Setecientos años más tarde, el 21 de septiembre de 1517, el futuro Carlos V asiste a una corrida de toros en Villaviciosa, a los dos días de haber pisado tierra española. Esto demuestra que los vecinos de diversas villas norteñas (Villaviciosa, Ribadesella, Llanes y San Vicente de la Barquera) estaban en condiciones de improvisar una corrida (en Villaviciosa, sólo en el cortísimo plazo de dos días: cosa imposible de lograr hoy). Pocos días más tarde, el cronista de don Carlos, Laurent Vital, relata con mucho detalle la corrida que presenció en Llanes. Es, en rigor, la primera «revista» taurina escrita por un extranjero.

Entre las curiosidades taurinas referidas a Asturias encontramos que, según afirma Fernando Carrera en «Apuntes sobre las Malaterías en el concejo de Llanes», ni más ni menos que Rafael Guerra, «Guerrita», descendía de la aldea de La Malatería, en el valle de Ardisana. Su abuelo, Rafael Guerra y García, había salido de dicho valle a comienzos del siglo XIX, y como tantos asturianos marchó a Andalucía, estableciéndose en Córdoba. Con él iba su primo Manuel Guerra, que se quedó en Madrid, donde llegó a ser un ilustre médico, antepasado, si no me equivoco, del escritor Fernando Vela, suegro del torero Alfredo Corrochano. Sobre poco más o menos, una especie de «dinastía».

 
La Nueva España • 1 de marzo de 2002
 

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