José Ignacio Gracia Noriega

García Delgado, académico
 

Ingresa en la Academia de Ciencias Morales y Políticas el economista José Luis García Delgado, madrileño de nación, asturiano por su mucha vinculación a esta tierra y santanderino durante los veranos, pues es el rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Han pasado los días, aunque parece que fue ayer, cuando García Delgado se daba a conocer en «Triunfo» bajo el seudónimo de Arturo López Muñoz, y todo el mundo decía que era una joven promesa de la Universidad española. Por aquellos tiempos, o poco más tarde, llegó a la Universidad de Oviedo, como catedrático de la Facultad de Económicas. Y era un catedrático joven, apuesto y verdaderamente guapo. Vemos fotografías de cuando éramos jóvenes y parece que estamos viendo a otro. Curiosamente, García Delgado sigue igual que hace treinta años. No sé cómo se las arreglan estos individuos que comen ­JLGD es un «gourmand» fino y muy entendido­ y no engordan. Además, ya no lleva gafas, de modo que puede decirse que no pasan los años por él, aunque no pueda decirse que es un «joven economista» (pero sí que es un «economista joven de espíritu»), sino un señor rector y un señor académico.

Yo no sé si para elegir académico a alguien influye la política. Imagino que sí. Pero estoy convencido de que pocas personas hay en España con la finura política de José Luis García Delgado y con tantos merecimientos. De hecho, despolitizó la UIMP durante su gestión, de modo que lo que ahora importa en esa Universidad es la gestión, son las actividades, no quien gobierne y deje de gobernar en Madrid o en Santander. García Delgado fue rector con el Gobierno anterior y lo continúa siendo con éste: eso demuestra su valía y que está por encima de cuestiones de detalle. En la Universidad de Oviedo fue decano de la Facultad de Económicas y creó escuela. Él puso los cimientos de la actual Facultad. Es gestor, es profesor y es maestro. No siempre es lo mismo ser profesor y maestro. Yo creo que el maestro está un escalón por encima del profesor. García Delgado fue maestro de varias generaciones de economistas asturianos, que se reconocen sus discípulos, como el propio José Luis se reconoce discípulo de Juan Velarde, y éste lo era de Valentín Andrés Álvarez. Y cito a los que cito para no salirnos de Asturias, tierra que dio grandes economistas, como señala Teodoro López-Cuesta en «El pensamiento económico de Jovellanos». Mucho antes de que Jovellanos naciera, de Asturias fueron contadores y tesoreros de los Reyes de Castilla, como Juan Pariente o Alonso de Quintanilla, pero Jovellanos fue de los primeros en observar, según cita López-Cuesta, que «Asturias es un país rico, porque es de las provincias de España donde la tierra, respectivamente, produce más. En vano otras provincias se creen más ricas porque tienen más dinero, pues éste no es más que su signo o representación del valor de las cosas y consistiendo la riqueza en las cosas y no en el dinero, se dirá país más rico no el que tiene más dinero, sino más cosas». Y sigue, por parte de Jovellanos, un elogio de Asturias, digno del P. Carvallo y de Bruno Fernández Cepeda.

Pero no sólo es Asturias tierra de economistas, a los que vino a reforzar García Delgado hace un cuarto de siglo. También es la Academia de Ciencias Morales y Políticas, creada el 30 de septiembre de 1857, un poco obra de asturianos.

Su primer presidente fue Pedro José Pidal y entre sus miembros fundadores figuraba Alejandro Mon, por designación oficial. Ahora, García Delgado es investido académico de número, y a su discurso de ingreso, sobre «La modernización económica en la España de Alfonso XIII», contesta otro académico, Juan Velarde Fuertes. Con lo que se cambian los papeles con relación a aquel acto académico celebrado en 1981 con motivo de haber sido investidos como doctores honoris causa por la Universidad de Oviedo Dámaso Alonso, Francisco Grande Covián, Julio Rodríguez Villanueva, Rodrigo Uría y Juan Velarde. Entonces García Delgado actuó como padrino de Juan Velarde, y Juan Velarde, agradeciéndole sus palabras, citó un verso, «un endecasílabo perfecto», de don Luis de Góngora: «alma del tiempo, espada del olvido». Aquel día estaba presente en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo ni más ni menos que Dámaso Alonso, el «traductor» de Góngora.

«Alma del tiempo», sí. Con el paso del tiempo, García Delgado se va a sentar en un lugar que le corresponde. Sin que se excluyan otros. Porque García Delgado, lo mismo que su reconocido maestro Juan Velarde, son dos economistas que escriben muy bien, y, además, no siempre escriben sobre economía. García Delgado ha escrito páginas muy bien escritas sobre gastronomía y sobre cine, sobre el cine de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, especialmente. Su prosa es fluida, clara, elegante, en ocasiones poética: recordemos las páginas que escribió sobre Juan Vázquez, reproducidas en este periódico. Ya he insinuado que Velarde o él o los dos deberían estar también en la Academia de la Lengua: a la que no llegó Valentín Andrés Álvarez, escritor excelente.

José Luis García Delgado afirmó en el volumen colectivo, coordinado por él, «Franquismo. El juicio de la historia», que «la modernización económica y social de España no tiene su arranque en el franquismo, como tampoco su logro se puede confundir con el fuerte crecimiento de los años cincuenta, sesenta y primeros setenta». Calculo que su discurso de ingreso irá por ahí. Con claridad y buen estilo literario, que no excluye la amenidad, el economista también explica el presente acudiendo al pasado. La historia no es ciencia muerta y la economía no es ciencia exacta. Desde que Tucídides se dio cuenta de que determinados factores, y no los dioses del Olimpo, movían la historia, la colaboración del historiador y del economista se hace cada vez más necesaria, y llega a ser inexcusable. Desde su sillón académico, José Luis García Delgado es un economista con sentido histórico, que mira hacia atrás y aprende, y encuentra.

 
La Nueva España • 2 de mayo de 2002
 

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