José Ignacio Gracia Noriega

García Lorca y el cancionero astur
 

Poetas muy del Sur, como Federico García Lorca y Rafael Alberti, sintieron la fascinación de las brumas del Norte, y algunas llegan a su poesía, como «a la mar fui por naranjas», que se cita en «Adelina de paseo», de Lorca; bien es cierto que se trata de un verso luminoso y hasta levantino para quien ignore que en la huerta asturiana, bajo las laderas que albergan árboles nórdicos y arbustos árticos, florecen el naranjo y el limonero. Muy al contrario, otro poeta del Sur (y, según Fernando Ortiz, el poeta más europeo de su generación), Luis Cernuda, aborrecía las nieblas de Londres y las aguas de Escocia, tierra tan parecida, según Amós de Escalante, a las de la cornisa cantábrica. Tanto Alberti como Lorca incorporaron a su obra versos populares asturianos o reescribieron cancioncillas, algunas de las cuales, en Alberti, presentan señalado matiz político. Del paso de García Lorca por Asturias como integrante del grupo «La Barraca», mucho saben Lola Lucio y Juan Benito Argüelles, y una lápida, en la plaza del Fontán de Oviedo, recuerda que allí estuvo el poeta.

Buen conocedor del folclore hispano, Lorca hace unas anotaciones muy interesantes sobre algunos aspectos parciales del asturiano en particular en su conferencia sobre las nanas infantiles, dada en la Residencia de Estudiantes el 13 de diciembre de 1928, y que Christopher Maurer publica con el título de «Añada, arrolo, nana, vou veri vou» (que es el que figura en las tarjetas de invitación para la mencionada conferencia). En ella, Lorca llega a una conclusión que resultaría desalentadora para el Estado de las autonomías (según mandato constitucional): «Podríamos hacer un mapa melódico de España ­afirma Lorca­, y «notaríamos en él una fusión ente las regiones, un cambio de sangres y jugos que veríamos alternar en las sístoles y diástoles de las estaciones del año. Veríamos claro el esqueleto de aire irrompible que une las regiones de la Península, esqueleto en vilo sobre la lluvia, con sensibilidad descubierta de molusco, para recogerse en un centro a la menor invasión de otro mundo, y volver a manar fuera de peligro la viejísima y compleja sustancia de España» . De modo que donde ahora se ve «hecho diferencial» y separatismo, Lorca veía unidad enriquecida con multitud de variantes.

Una de estas variantes es cierta peculiaridad de las nanas del norte de la península dentro de un contexto que Lorca se cuida de precisar: «No se trata de un modelo o de una canción aislada en una región, no; todas las regiones acentúan sus caracteres poéticos y su fondo de tristeza en esta clase de cantos, desde Asturias y Galicia hasta Andalucía y Murcia, pasando por el azafrán y el modo yacente de Castilla» . El poeta observa que existe una canción de cuna «suave y monótona» que prepara el niño para el sueño, y que no es frecuente en el folclore español, salvo entre los vascos, que «dan la nota europea con sus nanas de un lirismo idéntico al de las canciones nórdicas, llenas de ternura y amable sensibilidad» . En cambio, la nana española es desgarrada y triste «y sus textos de expresión más melancólica para teñir el sueño de sus niños» . Dentro de ese aire general de tristeza y melancolía de la nana española, añade Lorca que «en el Norte tienen casi todas ellas acento nocturno y es el miedo al mundo y a la vida lo que impera en sus textos» . Cita, más adelante, una nana escuchada en Trubia, que comienza: «Crióme mi padre / feliz y contentu», y continúa con las perspectivas de un futuro feliz soñado por la madre, de que habría de ser marqués, conde o caballero; mas, «por mi desgracia / yo aprendí a gocheru», y termina la nana con una exclamación terrible: «¡Si mia pobre madre / volviés abri’l güeyu!» . A lo que comenta Lorca: «De este tipo existen varias nanas en el norte y el oeste de España, que es donde la nana toma acentos duros y miserables» .

Inevitablemente se detiene en la nana de la mujer adúltera, de la que muy certeramente dice que «no es la nana de una región determinada, sino que corre por el norte y el centro de la Península», ya que hay ejemplos de ella en Asturias, Salamanca, Burgos y León. Otras nanas son de un lirismo fúnebre y melancólico, como la santanderina: «Por aquella vereda / no pasa nadie», que en Asturias se canta de este modo: «En toda la quintana / ya no hay quien baile, / que murió la parrala / mejor del valle» .

Otros aspectos de la nana estudia Lorca, como que el tono asturiano y galaico de muchas canciones granadinas obedece a la repoblación norteña de la Alpujarra. Señalemos para terminar que la nana que figura como número 2 en el Cancionero de Torner es, por excepción, serena y luminosa.

 
La Nueva España • 25 de Octubre de 2002
 

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